Activos congelados
Envíenme a Siberia
El petróleo transforma los confines de Rusia
Es casi media noche y las parejas que ocupan la pista de baile del restaurante Palace se mecen suavemente al ritmo de una lenta melodía. “Za nas, za neft –Por nosotros, por el petróleo–”, entona el cantante.
No importa a dónde nos mande la vida,
Por nosotros, por el petróleo,
Llenaremos las copas hasta el borde.
Es el Día de los Petroleros en la provincia Khanty-Mansi de Siberia occidental y la festividad anual, que honra la ardua labor de los trabajadores del petróleo o neftyaniki, se celebra a principios de septiembre, antes de la primera nevada de octubre y una vez que ha pasado lo peor de la temporada veraniega de mosquitos. Horas antes, al caer la tarde, una multitud de miles se congregó en el enorme complejo deportivo al aire libre donde habían levantado un estrado enmarcado en el oscuro verdor del bosque virgen. Soltaron globos, encendieron antorchas y una compañía teatral interpretó una canción:
Sólo conocemos una felicidad
Y es todo lo que necesitamos,
Lavarnos las caras en el petróleo nuevo
De la plataforma de perforación.
No debe sorprender que los rusos celebren el petróleo, pues viven una época de bonanza. El precio global del hidrocarburo se ha decuplicado desde 1998 y Rusia aventaja a Arabia Saudí como el principal productor mundial de crudo. El presupuesto del Kremlin ahora cuenta con abundantes fondos para escuelas nuevas, autopistas y proyectos de defensa nacional, mientras que los nuevos ricos moscovitas desembolsan millones de dólares en señoriales dachas.
El corazón de esta afluencia palpita en los pantanosos campos petrolíferos de Siberia, que producen cerca de 70 % del combustible fósil ruso: alrededor de siete millones de barriles al día. Para Khanty-Mansi, territorio casi del tamaño de Francia, la bonanza brinda una oportunidad incomparable para llevar condiciones de vida moderna (incluso deseables) a una región cuyo nombre evoca un lugar inhóspito y desolado. La capital regional, escenario de numerosas celebraciones, está siendo reconstruida con el producto de los impuestos sobre el petróleo. Las nuevas estructuras incluyen una terminal aérea (antaño, una humilde cabaña de madera con letrina), un museo de arte que exhibe pinturas de los grandes maestros rusos del siglo XIX y un par de internados suntuosamente equipados para niños genio en matemáticas y arte. La propia ciudad provincial de Surgut, que hace apenas una década no era más que una aldea, empieza a trazar nuevos suburbios y ya sufre de congestionamientos vehiculares.
Sin embargo, la oportunidad que ofrece el petróleo podría escurrirse entre los dedos de la región. A pesar del notable incremento en el precio, en años recientes la producción de crudo en Siberia occidental se ha mantenido. La extracción apenas aumentó entre 2004 y 2007, época en que los fríos y controladores gobernantes del Kremlin se apropiaron de campos muy productivos que pertenecían a los barones del petróleo, aun cuando estos habían invertido mucho para maximizar la producción y sus ganancias. Por su parte, el Kremlin pretende explotar el petróleo no sólo como fuente de riqueza natural, sino como arma política para que Rusia sea, nuevamente, una gran potencia mundial.
Los grandes yacimientos ubicados en el oeste siberiano se encuentran bajo tierras que un revolucionario marxista exiliado, mientras sufría en el gulag, describió alguna vez como los “páramos de la Tierra”. No obstante, para los visitantes, la región petrolífera resulta agradablemente silvestre y prístina. El terreno está dominado por la taiga (densos bosques de larguiruchos abedules, cedros y pinos) y el boloto, pantano de turba congelado durante la mayor parte del año con algunas zonas burbujeantes de metano. No hay montañas y las colinas son escasas, pero abundan los lagos, ríos y arroyos.
La exploración petrolera cobró fuerza en la región a mediados de los años sesenta. Al final, descubrieron que la Siberia occidental tenía más oro negro del que nadie había imaginado y en las últimas cuatro décadas han extraído más de 70 000 millones de barriles. En los primeros años “Siberia era sólo un confín”, recuerda Alexander Filipenko, gobernador de Khanty-Mansi quien, a sus 58 años, con abundante cabello canoso, ojos llorosos y una nariz curtida por los muchos inviernos vividos en la región, luce avejentado. Filipenko llegó a Khanty-Mansi a principios de la década de los setenta con órdenes de tender un puente sobre el río Ob que, a fines del siglo XIX, era una ruta para las miserables barcazas que transportaban prisioneros al lugar de su exilio final. El proyecto requirió de cuatro años de arduo trabajo en condiciones brutales y, a pesar de las dificultades, el gobernador recuerda aquellos tiempos como un anciano evocando la primera vez que posó la mirada en una hermosa joven.
Filipenko se muestra igualmente entusiasmado con su proyecto más reciente: el redesarrollo de la capital provincial, Khanty-Mansiysk, ciudad de 60 000 habitantes.
No obstante sus antecedentes partidistas, la visión de Filipenko es muy poco soviética. Los principales símbolos arquitectónicos de su ciudad incluyen un emporio mercantil coronado por un enorme domo verde con forma de chum, tienda tradicional que utilizaban los indígenas de la región, los pueblos khanty, mansi y otros más, dedicados al pastoreo de renos, a la caza y a la pesca. Semejante simbolismo habría sido impensable en la era soviética, cuando el Estado negaba el concepto de identidad cultural.
Al comenzar el desarrollo de las tierras petrolíferas de Siberia, los nativos fueron concentrados en aldeas y quedaron aislados de sus territorios de caza y pesca. Luego de la desintegración de la Unión Soviética, los nómadas obtuvieron la condición legal de “pueblo aborigen” y el derecho de recorrer nuevamente los campos petroleros. A pesar de este reconocimiento y el homenaje arquitectónico de su capital, la suerte de esas etnias apenas ha mejorado. La población es reducida, alrededor de treinta mil en total, sus lenguas están casi extintas y han sido muy afectados por los azotes de la Rusia contemporánea (sida, alcoholismo y tuberculosis).
La Rusia rural también se ha despoblado por la migración de jóvenes a Moscú y a otras ciudades. A fin de contrarrestar el fenómeno, Filipenko ha instrumentado ambiciosos programas para convertir Khanty-Mansi en un lugar atractivo para los jóvenes y afirma que su esfuerzo está dando frutos. Señala que Khanty-Mansi tiene la tercera tasa de natalidad más alta entre todas las provincias rusas y, a diferencia del país, donde la población general disminuye, la de Khanty-Mansi ha aumentado 18 % desde 1989 como consecuencia de la combinación de nacimientos e inmigración.
El petróleo representa 90 % de la economía de la capital, cosa nada sorprendente dado el incremento en los precios del crudo. No obstante, esto apunta hacia un problema común a todas las economías dependientes del petróleo: llegará el momento en que se agote el recurso y surja entonces la necesidad de hallar nuevas fuentes de prosperidad. Previendo este escenario, Filipenko ha persuadido a unos ochenta investigadores importantes de Akademgorodok –famosa población del sur de Siberia, fundada en la era soviética y dedicada a las ciencias y a la investigación– para que migren a la capital regional e integrarse a un nuevo instituto especializado en tecnologías de información que, además de proporcionar servicios de consultoría a las compañías petroleras, emprende proyectos en campos no relacionados, como la nanotecnología.
Es el inicio de una “Silicon Taiga”, asevera Alexander Sherbakov, un matemático de 60 años con bigote canoso y abundante como el de una morsa. Conforme se aproxime el fin de la época del “petróleo fácil”, augura, “habremos desarrollado nuestros propios catedráticos” mediante la creación de empleos de la era informática para las siguientes generaciones. Y, a diferencia de las inversiones en petróleo, agrega, las realizadas en las ciencias garantizan un futuro brillante y perdurable para la economía y la población de la región.
Quizá el pronóstico sea demasiado optimista pues, para empezar, el modelo a imitar es Silicon Valley, situado en la templada California. Y segundo, mientras que el Kremlin soviético simplemente ordenaba que sus científicos más eminentes emigraran a centros de investigación muy apartados, los principales investigadores de Rusia postsoviética pueden vivir y trabajar donde les plazca, y la mayoría prefiere establecerse en ciudades prósperas, como Moscú y San Petersburgo.
Si bien Liberia aún no es imán de la clase letrada Rusa, la bonanza petrolera ha atraído a muchos otros recién llegados: inmigrantes pobres de allende las fronteras nacionales.
Esos gastarbeiters, vocablo alemán que los rusos han adoptado y describe a los trabajadores huéspedes, se encuentran en cualquier lado de Khanty-Mansi. En su mayoría son musulmanes de Tayikistán, antigua república soviética de Asia Central cuya economía fue devastada por la guerra civil de mediados de los años noventa. Acuden a la región en primavera y regresan a casa antes del invierno y, aunque no encuentran trabajo todos los días, cuando lo consiguen pueden ganar alrededor de veinte dólares. Giran los fondos a sus familias y los patrones evitan pagar impuestos sobre el salario.
Aquellos hombres se niegan a conducirme al lugar donde viven. Uno explica que le avergüenza mostrármelo. “No quiero que se lleve una impresión equivocada –agrega–. No somos ladrones, sino gente civilizada que necesita trabajo”. Se supone que deben solicitar documentos que comprueben su lugar de residencia pero, señalan, no tienen un domicilio autorizado y por ello se albergan en cocheras sin calefacción que alquilan ilegalmente. Un jefe de trabajo (una especie de capo de la mafia) les consigue papeles sobornando a los funcionarios del Registro Civil, pero los documentos, que contienen una dirección falsa, dejan a los gastarbeiters a merced de la policía. Si los descubren, a menudo se ven obligados a pagar una pequeña “multa” (entiéndase “soborno”) y los que incurren varias veces en el delito pueden encarar la deportación. Hace poco, el gobierno federal ruso delegó en los patrones la responsabilidad de registrar a sus obreros y verificar sus identificaciones, pero tales medidas difícilmente contendrán la marea mientras persista el auge petrolero.
Las poblaciones petroleras de Siberia occidental también se han visto inundadas por una oleada de rusos procedentes de ciudades económicamente deprimidas al oeste de los Urales. Hace 40 años, Surgut no era más que una colección de chozas de madera en un lugar donde las temperaturas descienden a -50 ºC y la oscuridad del invierno se prolonga casi todo el día. En la actualidad, Surgut es una de las ciudades más grandes de Siberia occidental, con una población de 300 000 habitantes.
Antaño, semejante lustre y prosperidad manifiestos en Surgut eran impensables en los yermos rusos. Hace poco, la ciudad remodeló una guardería e institución preescolar con 5.2 millones de dólares derivados, principalmente, del ingreso petrolero, y ahora ostenta una piscina interior con calefacción y tina de hidromasaje.
Comprendo que han llevado al “extranjero” al mejor jardín de niños de la entidad, pero eso es todo lo que se puede fingir y así, atrapados en el caótico tráfico de Surgut, observo varios Honda, Toyota y Nissan entre los económicos Lada de manufactura rusa.
La vivienda de una típica ciudad rusa consiste de grandes (y bastante feos) edificios multifamiliares de concreto. Surgut cuenta con un desarrollo suburbano de casas unifamiliares adosadas, diseñadas para la nueva clase media alta compuesta por administradores, banqueros y empresarios.
En el caos posterior al colapso de la Unión Soviética, Surgut bien pudo desintegrarse como otras ciudades rusas, y el hecho mismo de que no fuera así es testimonio del arraigo y la estabilidad de su liderazgo político y empresarial.
“Nací en Surgut, mis hijos nacieron aquí y mis nietos también”, declara con orgullo Alexander Sidorov, alcalde de la ciudad desde hace mucho tiempo. El ancla económica de Surgut y cuarto productor más importante de Rusia es la petrolera Surgutneftegas, cuyos propietarios mayoritarios son administradores locales. A diferencia de la generalidad de los barones petroleros rusos que controlan sus imperios siberianos desde Moscú, el gerente general de Surgutneftegas, el multimillonario Vladimir Bogdanov, reside en la entidad. Aunque se ha convertido en un personaje de gran talla en Surgut, Bogdanov se inició como un humilde neftyanik.
Surgutneftegas ha aprovechado el auge económico para financiar un ambicioso programa de modernización. En el centro de administración de campos, los ingenieros informáticos han desarrollado un enorme mapa digital para supervisar y ajustar la producción de cada campo. El mapa muestra información en tiempo real recibida mediante una señal de radio codificada desde las estaciones de bombeo, los pozos activos y los oleoductos. A partir de esos datos, los administradores pueden determinar el consumo de energía eléctrica, la necesidad de reparar pozos y cualquier fuga en los oleoductos. La protección ambiental, apenas una consideración en la era soviética, se ha vuelto parte integral de la nueva ética laboral. No es que la industria del petróleo de pronto se haya encariñado con la flora y la fauna; lo que sucede es que el alto precio del crudo es un incentivo para minimizar desperdicios, como también lo son los acuerdos de licencia que contienen significativas multas para los derrames. Además, ahora que las petroleras rusas compiten en los mercados globales, también se han vuelto más perceptivas de las inquietudes internacionales por el medio ambiente.
Lubov Malyshkina, directora del departamento ambiental de Surgutneftegas, es ingeniera química con títulos de postgrado en Ciencias de protección contra la corrosión y Geoecología. También se desempeña como funcionaria electa en el parlamento regional. En la era soviética, comenta, el ministerio del petróleo de Moscú, desconocedor de las condiciones locales, enviaba sustancias químicas que de nada servían para lidiar con derrames y otros peligros. Ahora, el departamento de Malyshkina cuenta con un presupuesto de 500 millones de dólares para realizar sus compras. Me muestra una de ellas: un vehículo Truxor, de fabricación sueca, con orugas que fragmentan la turba saturada de petróleo, a fin de poder limpiar los derrames.
Un aspecto que no ha cambiado en la industria: el trabajo de los neftyanik aún es peligroso y agotador. Escaleras metálicas, resbalosas por el petróleo, conducen a una plataforma donde un taladro perfora la roca con una broca de casi 30 centímetros de diámetro, recubierta con diamante. El ruido es ensordecedor y el aire está viciado, pero los obreros afirman que es un buen lugar para trabajar en invierno porque la plataforma se llena de vapor. Los hombres cubren turnos de ocho horas durante un máximo de 30 días consecutivos durmiendo en remolques dentro del sitio; luego pueden ausentarse a lo sumo 30 días. Y, por supuesto, el alcohol está estrictamente prohibido. Pueden beber todo lo que quieran en sus días de descanso, pero deben regresar sobrios.
No obstante, el empleo es el vehículo que conduce a una prosperidad inimaginable hace pocos años. Los trabajadores menos experimentados perciben un salario mensual de 1000 dólares, y los más veteranos pueden ganar hasta 4000. Además, hay bonos para quienes exceden las cuotas diarias. Un neftyanik dedicado puede ahorrar lo suficiente para comprar un apartamento en alguno de los complejos de vivienda de Surgut, incluso una casa en el Valle de los Limosneros.
Sin duda, todo ello es muy impresionante, pero la gran interrogante para Surgutneftegas y cualquier otra compañía petrolera de Khanty-Mansi es la capacidad para responder a la infinidad de desafíos políticos, económicos y técnicos que se avecinan. Aunque la mayoría de los analistas espera que Siberia occidental persista como la fuente dominante de crudo ruso durante los próximos 20 años, por lo menos, es indiscutible que los campos petrolíferos están envejeciendo, los onerosos impuestos (todo ingreso bruto superior a 25 dólares por barril está destinado al gobierno federal) y los intereses respaldados por el Kremlin han enfriado el clima de inversión como una ventisca siberiana. Para entender la razón, sólo hay que visitar Nefteyugansk, ciudad de 114 000 habitantes junto al río Ob, como a una hora de camino de Surgut.
Un negro manantial de dificultades es lo que ha representado el auge petrolero para Nefteyugansk, entidad con la apariencia y el ambiente de un descuidado parque industrial. La plaza central está plagada de tuberías de hierro y junto al río, un barril de petróleo Shell maltratado flota junto al derruido muelle. A unos pasos de la verja del cementerio se encuentra la tumba de Vladimir Petukhov, el huésped más famoso del lugar. En 1996, la población local eligió a Petukhov para el cargo de alcalde y dos años después, mientras caminaba a su despacho una mañana de junio, fue asesinado por dos pistoleros. El grabado de la lápida de mármol negro lo retrata con un suéter de cuello alto y chaqueta de cuero.
Desde hace más de diez años, el petróleo ha sido motivo de violencia y caóticas luchas de poder en Nefteyugansk. Los conflictos comenzaron a mediados de los años noventa, cuando un banquero y nuevo rico moscovita se apoderó de una de las principales petroleras de Rusia (y único empleador de la entidad) durante una subasta de privatización. El hombre, llamado Mikhail Khodorkovsky, convirtió la unidad de Nefteyugansk en la subsidiaria central de su nueva compañía, conocida como Yukos. Sin embargo, contrarió a la ciudad demorando el pago de impuestos, lo que provocó que los obreros se quedaran sin sueldo durante meses. El alcalde Petukhov, antiguo neftyanik, encabezó manifestaciones públicas contra los dueños moscovitas quienes, declaró, “nos escupieron a la cara, la cara de los petroleros”. El homicidio del funcionario de 48 años enfureció a la población, que en su mayoría había relacionado el hecho con su actitud hacia Yukos. “Tienen las manos manchadas con su sangre”, proclamaban los estandartes antiyukos que los deudos de Petukhov colocaron en el ayuntamiento.
Nadie compareció ante la ley en cinco años y durante ese tiempo, la ciudad estuvo gobernada por un funcionario corrupto que, finalmente, fue enviado a prisión por estafar a los trabajadores a quienes había prometido casas de retiro en la templada región rusa del Mar Negro. Entre tanto, el precio del crudo se elevó incrementando el valor de las propiedades de Khodorkovsky. Y entonces la justicia intervino.
En junio de 2003, la fiscalía de Moscú arrestó al jefe de seguridad de Yukos bajo la acusación de haber organizado la ejecución de Petukhov. Cuatro meses después, detuvieron a Khodorkovsky por cargos de fraude y evasión fiscal. El fisco decomisó la subsidiaria de Nefteyugansk y la entregó a Rosneft, empresa controlada por el Kremlin. Khodorkovsky fue enjuiciado y enviado a una prisión en el sureste de Siberia, donde otro reo le dio un tajo en la cara. Mientras tanto, el jefe de seguridad fue condenado tras un juicio muy publicitado por la televisión estatal. En acontecimientos más recientes, en febrero pasado la fiscalía anunció que el copropietario de Yukos, Leonid Nevzlin, también sería juzgado por el homicidio de Petukhov.
Tal vez el asunto fue como dijo el gobierno, pero si pregunta a los habitantes de Nefteyugansk, muchos se encogerán de hombros y dirán que no saben qué creer. En todo caso, la consecuencia es que la rentable propiedad, que sigue siendo el medio de subsistencia de la población, ha pasado de las manos de un oligarca de Moscú a las del Kremlin.
Cuando regreso a visitar Nefteyugansk, hace cuatro meses que Sergey Burov ocupa la alcaldía. Fue director asistente de Rosneft y, antes de eso, uno de los principales administradores de Yukos. Él también ha vivido la violencia en carne propia: una mañana de 2005, mientras caminaba hacia su auto, recibió un balazo en el estómago. En apariencia, se trataba de otro atentado por contrato, pero la fiscalía cerró el caso sin hallar al culpable. Burov es un hombre corpulento cuyos amplios hombros tensan la tela del saco de su traje. Más que del sangriento pasado, le interesa hablar del futuro de su ciudad. Me cuenta que, en sociedad con Rosneft, su administración tiene ambiciosos planes para Nefteyugansk.
¿Estará mejorando realmente la situación de Nefteyugansk? Los residentes se muestran escépticos. “Tal vez Rosneft se sienta mejor aquí –señala Vasily Voroshilov, de 52 años y reparador de pozos–. Pero nosotros no”.
Muchos observadores extranjeros comparten dicho escepticismo y dicen que una cosa es tomar el control de una petrolera y otra, muy distinta, hacerla funcionar. Un analista comenta acerca de la toma del control del Kremlin sobre el petróleo ruso: “Es posible robar un Chevy, pero eso no significa que se sepa conducirlo”.
A pesar de la riqueza que puede producir el petróleo, muchas veces resulta una maldición tanto como una bendición para países como Rusia. A principios de la década de los noventa, antes del auge petrolero, Boris Yeltsin alentó a las provincias locales a volverse tan autónomas como fuera posible. Era la época en que Rusia alcanzaba su máximo potencial para el pluralismo político y la democracia de estilo occidental. Pero cuando el precio del crudo comenzó a elevarse hacia fines de aquella década, el Kremlin se percató de que esa fuente de riqueza podría aprovecharse para emprender el resurgimiento global de la humillada Rusia, y desde entonces, la salvación que ofrece el petróleo se ha convertido en un dogma nacional. “El petróleo es lo único que permitirá que nuestra nación se levante y sobreviva”, declara un estudiante de 16 años en la escuela para genios matemáticos de Khanty-Mansiysk.
En realidad los rusos, como pueblo creativo y educado, disponen de muchos otros medios para revivir a su país, pero el petróleo habla de poderío nacional y el patrimonio petrolero de Rusia se presta a ensalmos patrióticos de naturaleza casi mística. Durante la celebración del Día de los Petroleros, una de las canciones, homenaje a la fuerza colectiva de los neftyaniki, proclamaba: “Somos los dedos que unidos con fuerza forman el puño”.
“Más que a la fuerza militar, Rusia debe su actual condición de superpotencia a la energía”, señala Julia Nanay, una de las principales ejecutiva de PFC Energy, consultoría global situada en Washington, D.C. “El Kremlin decide qué se hace con el petróleo de Siberia occidental. Quiere tener el control de la producción y las exportaciones para maximizar la relevancia geopolítica de Rusia”.
Igual que los antiguos zares monopolizaron valiosos artículos como pieles y sal, el Kremlin quiere controlar directamente el petróleo y a los oligarcas que lo producen. Sólo sobreviven los que obedecen órdenes; los demás corren el riesgo de sufrir el destino de Khodorkovsky, o algo peor.
Uno de los sobrevivientes es Vagit Alekperov, presidente de Lukoil, la petrolera privada más grande de Rusia. Tras sus inicios como obrero de las plataformas de perforación de su nativa Bakú, Alekperov fue enviado a Siberia a fines de los años setenta para administrar a un equipo de producción. Famoso por su estricto paternalismo, encolerizó a sus hombres cuando prohibió la venta de alcohol en la aldea. Varios de ellos tomaron rifles de caza y dispararon contra su cabaña, pero Alekperov, como buen superviviente, no se encontraba allí en aquel momento. Durante los últimos días de la Unión Soviética, Alekperov fundó Lukoil con activos petroleros preferenciales de Siberia occidental y hoy en día, la compañía es una multinacional global cuyas reservas de hidrocarburo sólo son opacadas por ExxonMobil –además de operar alrededor de dos mil estaciones de gasolina en Estados Unidos. Aunque la mayor parte de las reservas de Lukoil se encuentra en Siberia occidental, Alekperov mantiene sus oficinas centrales a sólo tres kilómetros del Kremlin pues, como otros supervivientes, sabe que debe estar atento a cualquier cambio de humor político que pueda afectar el destino de su empresa, para bien o para mal.
Hombre distinguido, de piel bronceada y espeso cabello acerado, Alekperov viste trajes de corte impecable. Y pese a su reciedumbre, domina el arte de cautivar. Al preguntarle si los consumidores de petróleo de todo el planeta deben sentirse tranquilos ahora que Rusia tiene una mayor participación en el suministro mundial, se reclina en la silla, esboza una amplia sonrisa y responde con otra pregunta: “¿Le parezco un oso? –No pude evitar una carcajada–. Sólo queremos ganar dinero”, agrega.
Luego de absorber a Yukos, ¿no cree que el Kremlin quiera hacer lo mismo con Lukoil? “No me parece que el gobierno ni el presidente de Rusia tengan en la mira semejante compañía”, responde Alekperov. Opté por no mencionar que Khodorkovsky me dijo lo mismo poco antes de su arresto.
La población de Kogalym es la base de operaciones de Lukoil en Khanty-Mansi. Un arreglo floral junto al camino deletrea el nombre de la compañía no lejos de las doradas cúpulasde una catedral rusa ortodoxa y el verde minarete de una mezquita. En una casa de maternidad restaurada (lo que se conoce como un roddom), la doctora Galina Pustovit, directora del departamento de ginecología, nos muestra su nuevo equipo médico de estándar occidental. En un país donde muchas mujeres dan a luz en edificios de la era soviética, hiede a col agria y concreto húmedo, estas flamantes instalaciones califican para cuatro estrellas.
Cuando menciono que la industria petrolera rusa es famosa por su corrupción, Pustovit me mira con dureza. “Esto es petróleo –responde, apuntando con la mano hacia la sala de ginecología–. Los petroleros construyeron el hospital. Todos los objetos de la ciudad han sido creados con dinero del petróleo, incluido nuestro hermoso bulevar”. Su expresión parece decir: No nos juzgue con demasiada dureza. La vida nunca ha sido mejor en esta región.





es un reportaje muy interesante y completo los felicito por contribuir al enriquecimineto de la cultura y costmbres de paises muy distantes.
Saludos y felicidades nuevamente.
HOLA: SALUDOS LES ENVIO DESDE PANAMÁ Y LES INFORMO Q TIENEN UN FIEL LECTOR QUE ES MI ESPOSO PERO EL NO SE IMAGINA Q YO LES HE ENVIADO SU CORREO EL NO ESTÁ PERMANENTE EN INTERNET PERO CREO Q SI ES DE USTEDES SERÁ LA SORPRESA MÁS GRANDE PARA SU VIDA ES UN ADICTO A SUS REVISTAS MENSUALES Y LAS COLECCIONA.
CHAO DESDE PANAMÁ YOREIDA
TORIOR11@HOTMAIL.COM
HOLA,HE SIDO FIEL SEGUIDOR DE TODOS SUS ARTICULOS DURANTE AÑOS,HE COLECCIONADO SUS REVITAS Y SIEMPRE HE CREEIDO QUE SON DE PRIMERA NECESIDAD PARA ESTUDIANTE Y TODAS LAS PERSONAS AMANTES DEL CONOCINIENTO,MIS FELICITACIONES POR SIEMPRE,DESDE UN PEQUEÑO RINCON DE VENEZUELA
creo que es una noticia muy buena espero y nos sigan enviando mas articulos de esta magnitud
Muy Buen Articulo, quisiera que sacaran un articulo donde expliquen que el aumento de los precios del Petroleo, hoy en día depende de las reservas mundiales y no de la producción.
les mando un saludo y muchas felicitaciones por sus reportajes son muy interesantes. de culquier tema distraen y aprende uno cada dia mas.desde la ciudad de pachuca mexico
Es muy buena la nota. Pienso que el tema que aborda brilla por su cotidianeidad. Tanto la administracion deficiente como el peligro de desabastecimiento y la falta de respuesta a la inminencia del problema, son adecuadas. No hay en internet mucho sobre este cado del alcalde asesinado. Estoy tratando de conseguir la sentencia del tribunal de siberia por una investigacion. si me pueden ayudar muchas grcias.
Me sorprende tanta información que brindan… Es increíble lo que está ocurriendo en Rusia, realmente ya tengo más claro el panorama de la realidad petrolífera que existe en dicho país.
espero que algun dia se acabe el petroleo ya que como ha causado tantos beneficios no olvidemos los tremendos perjuicios que este ha provocado…..
que camara usa steve mccurry nikon o canon? y que modelo es urgente!! o alguien que sepa.
mi mail es bayardo_coronado@live.com.mx
muy interesante notisia lamentable que el petroleo no es para siempre!
Es increible el bien que genera algo cuando se sabe usar y administrar como es debido pero hay que tener cuidado con lo que se consigue facilimente, pongo como ejemplo mi pais Venezuela donde el petroleo, llamado tambien el oro negro nos ha reinado en epocas de bonanzas como los rusos, pero cuando se descuidan las otras areas de producción como lo es la agricultura que es una base de progreso para todo pais las cosas van mal, el oro negro en mi pais a generado corrupción y un pais dentro de otro pais, ya que apesar de las politicas socialistas de este gobierno sigue siendo mas de lo mismo en donde se deterira la calidad de vida de un pais que tanta riqueza solo explota una y las demas no les importa