Crimen y desenlace [Arqueología]

El príncipe heredero Alexei y la emperatriz Alexandra, circa 1913.
Foto de Peter Jurth Collection
BECA NG
El destino de la última familia real de Rusia ha sido la inspiración de mitos y misterios. Tal vez ya no lo sea más. Una excavación realizada el año pasado cerca de Ekaterimburgo quizá revele los restos de dos de los niños Romanov perdidos: Alexei y ya sea Anastasia o María. Luego de releer una nota escrita en 1934 por uno de los verdugos bolcheviques, los investigadores encontraron el sitio, aproximadamente a 60 metros del campo en el que en 1991 se hallaron nueve cadáveres identificados como los del zar Nicolás II, su familia y su servidumbre. Después insertaron una barra de metal en una superficie que mostraba perturbaciones. Lo que desenterraron (44 fragmentos de hueso, siete dientes, tres balas y un trozo de tela perteneciente quizá a la camisa que se dice vestía Alexei cuando fue ejecutado, así como carbón, uñas y fragmentos de cerámica) puede poner fin a 90 años de disputas. En 1917, el clan imperial fue llevado con todo sigilo a los Urales. Al año siguiente, por órdenes de Lenin, todos fueron baleados, apuñalados, quemados y enterrados. No obstante, la leyenda de que algunos de ellos escaparon ha pervivido; la evidencia forense previa todavía se debate. Este nuevo hallazgo, junto con las correspondientes pruebas de ADN, quizá logre que el caso finalmente se cierre.




