Diario de Bioko

Escrito por: Joel Sartore el 05 de Agosto de 2008 | 8:00 am
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Joel Sartore, junto con otros tres fotógrafos de National Geographic y un equipo de estudiantes y científicos, pasó dos semanas en este pedazo de tierra documentando la rica variedad de vida salvaje de la región. Estas son algunas de las notas que Sartore tomó durante el tiempo que estuvo en Malabo, capital de Guinea Ecuatorial y centro de un proliferante tráfico de carne de animales cazados furtivamente.

Diario de Bioko
El fotógrafo Joel Sartore tomó esta imagen de un dril -y después recibió un golpe en la cara-.
Foto de Joel Sartore

MI PRIMER DÍA EN MALABO
Hoy recibí un puñetazo en la boca por parte de un mono. De hecho se trató de un dril, la especie de primates de mayor tamaño en la Isla Bioko. Huérfano a causa de la cacería, había sido encerrado en una jaula de hormigón detrás de un pequeño café. Me recliné demasiado al tomar la foto, y él me rompió la boca de un golpe. Me lo colocó en el sitio justo. El propietario del café había fallecido recientemente. En los alrededores no hay zoológicos que puedan albergar driles, y puesto que se trata de una especie en peligro de extinción, no pueden exportarse sin un complicado papeleo. Tengo la sensación de que este dril puede terminar convertido en merienda.

MI ÚLTIMO DÍA EN MALABO
Esta mañana fui al mercado de carne de caza furtiva. Como provengo de Nebraska, conozco lo que es el descuartizamiento. Esto era diferente. Aquí había canastas de cálaos, mesas cubiertas con pangolines, pitones, puercoespines de cola de pincel y otros roedores. Yo había visto trampas para animales pequeños en el bosque; esa era la cosecha. Un pequeño duíquero azul yacía ahí, atado y vivo. La mujer que lo vendía pegó un grito cuando me llevé la cámara al rostro, de modo que tomé tres fotos desde la cintura, mediante un disparador en la base de la cámara, y tosiendo en cada ocasión para ocultar el sonido del obturador. Llevaban los animales asesinados a mesas metálicas donde unos hombres con sopletes quemaban la piel o las plumas. Todo el lugar olía a pelos quemados. Soborné a los de los sopletes para que me dejaran tomar fotografías; una tarjeta telefónica de cuatro dólares me compró media hora. Una ley, aprobada en 2007, volvió ilegal el asesinato, la venta y el consumo de primates en Guinea Ecuatorial. Pero con una población desesperadamente pobre, y un simio a 200 dólares o más, ¿cómo puede aplicarse? Mientras estaba en el mercado, uno de los hombres con las antorchas se dirigió hasta donde había un mandril macho grande, más o menos del tamaño de mi hijo de cuatro años. La mano del animal muerto sostenida en las llamas se veía igual a mi mano.

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Para saber más:
Lea el artículo Bioko, un tesoro amenazado
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3 comentarios

  1. Escrito por natalia:

    muy buena esta foto,igual me da tristeza el pobre no hiso nada para que lo hechen ahi….pobre…

  2. Escrito por irene:

    jajaja no pudiste salvar al mono pero por lo menos este pudo desquitarse un poco jaajajajajaja

  3. Escrito por Abel:

    Sartore, sos un grosso

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