Elefantes marinos: Punto de arribo [Artículos]
Una época de celo ruda y pasional de los elefantes marinos de la Isla Georgia del Sur.

Engordadas y luego abandonadas por sus madres que las dejan para aparearse de nuevo, las crías destetadas se mantienen muy unidas hasta que están listas para su primera temporada en el mar.
Foto de Yva Momatiuk y John Eastcott
Es fácil subestimar al elefante marino del sur. No tiene el porte señorial del cachalote, ni la elegancia aerodinámica del tiburón blanco o el CI sobresaliente de la orca. ¿Y quién explicaría su nariz, una trompa ridícula que puede llegar a medir casi medio metro de longitud y que le ha ganado el nombre de elefante marino? A juzgar por su apariencia, sí que es una criatura extraña. Del tamaño de un automóvil y con forma de dirigible, en tierra, al elefante marino del sur (Mirounga leonina) se le puede ver por lo general desplazándose torpemente por la playa. Pero, la verdad se encuentra en las profundidades. Es cierto que no es un supermodelo, pero debajo de su apariencia grasosa, resulta ser un superhéroe cuya vida es una serie de magníficas proezas.
Para ver dónde tiene lugar la acción, recorre hacia abajo con el dedo un mapa de América del Sur hasta que llegues a Tierra del Fuego; entonces vira bruscamente hacia el Este. Unos 1 450 kilómetros después de las Islas Malvinas encontrarás la isla Georgia del Sur, una silueta de 160 kilómetros de longitud de escarpados picos cubiertos de hielo que sobresalen en el Océano Antártico, la inmensa faja acuática que rodea la Antártida. Es una región inhóspita para los humanos, accesible sólo a través de un duro viaje en barco que puede durar hasta cinco días en medio de los vendavales del Atlántico Sur. Pero para los elefantes marinos, que pasan 80 % de su tiempo cazando en estas aguas, Georgia del Sur es un lugar ideal de reunión. Cuando comience la época de celo, unos 400 000 de ellos llenarán sus costas.
La congregación empieza a mediados de septiembre, cuando llegan a las playas los primeros machos y, casi de inmediato, empiezan a pelear. Llegan a ser batallas sangrientas durante las cuales las narices resultan desgarradas, la piel desollada y los globos oculares acaban en el suelo. Se apuesta fuerte: sólo una tercera parte de estos machos ganará la oportunidad de reproducirse, un número pequeño si consideramos que todos ellos están cargados de testosterona e igualmente dispuestos a transmitir sus genes. En estas contiendas, un factor definitivo es el tamaño. Los machos llegan a pesar hasta cuatro toneladas, lo mismo que una SUV de gran tamaño, y los machos más grandes suelen dominar. Estas guerras territoriales también ponen mucho énfasis en el despliegue de esa inverosímil nariz, incluso rugen con ella, la hinchan y, en general, la pavonean.
Cada macho triunfador, o amo de la playa, controlará un harén, el cual puede variar en tamaño (desde 20 hembras los más pequeños hasta grandes cónclaves de 300 y, en casos extremos, de más de 1 000). Cuando estas llegan a principios de octubre y se establecen –primero para tener a sus crías, después para amamantarlas y luego, unas tres semanas posteriores al parto, para volver a aparearse–, parte del trabajo del amo de la playa es proteger a sus hembras de las atenciones no solicitadas de los machos merodeadores.
“Existen riesgos importantes en todo este asunto de los harenes marinos”, afirma Mike Fedak, biólogo del National Environment Research Council Sea Mammal Group, de Gran Bretaña. Cuando los científicos se mueven entre los harenes, deben tener cuidado de no quedar atrapados entre un amo de la playa y sus rivales. “Los elefantes marinos, para ser animales sin brazos ni piernas, pueden moverse con sorprendente facilidad”, agrega.
Hacia finales de noviembre, la fiesta está por concluir y los elefantes marinos adultos, que no han comido durante casi tres meses, han perdido hasta la mitad de su peso. Mientras tanto, los cachorros han aumentado cuatro kilos y medio a diario durante las tres semanas que fueron alimentados con la nutritiva leche de sus madres. Cuando una hembra se prepara para regresar al mar, se aparea y luego desteta abruptamente a su cría, abandonándola a sus propios recursos. Y entonces se marcha, preñada con la cría que parirá el año siguiente en estas mismas playas.
Pronto la seguirán los machos y las crías, y es entonces cuando este mamífero se muestra como uno de los predadores mejor adaptados del planeta. Mientras se encuentran mar adentro, los elefantes marinos machos hacen viajes de más de 12 875 kilómetros y bucean a 1 525 metros de profundidad, más allá del alcance de la mayoría de los submarinos. Por meses, cazan calamares y peces, buscando los lugares donde las corrientes depositan más nutrientes. Pueden permanecer sumergidos hasta dos horas y necesitan sólo unos cuantos minutos en la superficie para recuperarse. Todo esto debido a algunos trucos fisiológicos que incluyen desconectar partes de su metabolismo para conservar el oxígeno. Los elefantes marinos están dotados con sangre rica en oxígeno.
Dadas las dificultades existentes para estudiar a una criatura que puede encontrarse a más de kilómetro y medio bajo el hielo del mar Antártico, los científicos han empezado recientemente a ponerles transmisores satelitales a los elefantes marinos. Además de mostrar la trayectoria de los animales, proporcionan un beneficio adicional: ayudan a los oceanógrafos a comprender los efectos del cambio climático. “Justo ahora hay una preocupación real de que los patrones de circulación oceánica estén cambiando” –advierte Fedak, que describe un escenario que podría tener repercusiones masivas para el clima de la Tierra–. El Océano Antártico desempeña un papel crucial en esto y, sin embargo, es una de las zonas más pobres en cuanto a datos. Estos animales pueden llevar los aparatos a lugares de los que no sería posible tomar muestras de otra manera”. Ahora se está recopilando información sobre la temperatura del agua, la salinidad y las corrientes en algunos de las zonas menos accesibles del Océano Antártico.
Así que no importan su ridícula nariz y su cuerpo desgarbado. Bajo un paisaje azul de hielo, el elefante marino del sur no se ocupa sólo de sus asuntos; como cualquier superhéroe que se respete, está ayudando a salvar el planeta.
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Susan Casey es autora de The Devil’s Teeth, sobre el tiburón blanco. Yva Momatiuk y John Eastcott fotografiaron a los lobos de Denali para su artículo de mayo de 2004 en National Geographic.





impresionante
Claro q bello es la naturaleza y creo q muy pocas personas captamos lo que nos ofrece
a mi me encanta leer lo que describen aqui creo
q si pudiera me inscribiria a su revista
pero bueno por aqi andare…
un cordial saludo!!!
Le considero un animal hermoso, aun cuando tenga el tamaño que describe, se ve mucho mas gracioso y llamativo que la foca, su nariz nos recuerda al boxer, si hubiera un cambio en el tiempo de seguro estos increibles animales se verian afectados seriamente, a lo mejor desaparecerian como muchos tantos en el pasado.
pues ami la verdad me gustan los elefantes marinos se me hacen animales muy tiernos
y bueno la verdad a mi m eencantan los animales en si haha a si que no me quejo
bueno adios
sigan poniendo documentales asi
soy fan byee
desde mi punto de vista creo que la información que nos proporciona esta pajina es magnifica y que devemos estar informados diariamente por lo que esta por venir.- el clima de la naturaleza esta cambiando continuamente a una belocidad extremadamente rapido,aunque no nos demos cuenta,si nos pusieramos a pensar el saber nunca se termina es una reproduccion continu que no lo podemos ebitar, nos produce una cultura interna y externa que nos muestra como seres humanos.SOY FANATICA DE LA CIENCIA UNQUE NO LEO MUCHO PERO ME GUSTA INSTRUIRME EN LO NUEVO.- SIGAN ASI.
Los elefantes marinos son una muestra más de la perfecta obra de la naturaleza, ejemplificando como a través de sus batallas campales propias del apareamiento se logra seleccionar al portador de genes que tenga el mayor tamaño, prolongando así por generaciones esta característica que los ayuda a adaptarse al medio. Una Vez más, nuestro Darwin se recrea con esta bella historia.
increible muy hermoso
Vivo en Ushuaia, tierra del Fuego, y ya no llegan estas fabulosas criaturas, la legislacion pesquera, de argentina, chile y gran bretaña, no consideran a largo plazo que este recurso se agote, Y LAS GRANDES POBLACIONES migraron tras los peces. Y lo que no se Ve, no nos duele, pero cuando las especies desaparecen es tarde que los gobiernos nos expliquen los PORQUE? la sensibilidad por la naturaleza deberá ser el sentir de los pueblos, ya que tambien hay belleza en las desiciones asertadas. ¡gracias por la mirada a nuestro mundo!!!
Vivo en Venezuela y siempre veo a estos bellos animales por cable o articulos que hablan de estos excelentes animales… hasta que mandaron un correo que en Alaska están tomando la matanza de estos bellos animales como DEPORTE tengo fotos de estos sangrientos hechos, y la verdad no complace en nada ver, como nosotros los seres humanos una raza superior, puede hacerle daño a unos seres que no pueden defenderse, asi mismo como lo hacemos nosotros y hacer tanto daño a la fauna y flora…de nuestra tierra