El precio del oro [Artículos]
En dólares y sufrimiento, el precio del oro jamás ha sido más elevado.
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La fascinación por el oro domina esta calle de Chennai en septiembre debido a la temporada de matrimonios. La India es el principal consumidor del codiciado metal, que sus ciudadanos adquieren tanto como inversión como con fines de ornato.
Foto de Randy Olson
Como muchos de sus antepasados incas, Juan Apaza está poseído por el oro. Mascando un puñado de hojas de coca para paliar el hambre y la fatiga, el peruano de 44 años se dispone a descender por un gélido túnel andino abierto a 5 100 metros de altura donde trabaja sin salario en una mina excavada bajo el glaciar que domina La Rinconada, la población de mayor altitud en el mundo. Durante 30 días se expone a los riesgos que han cobrado las vidas de muchos colegas: explosivos, gases tóxicos, túneles colapsados, todo para extraer un metal que el mundo codicia. Apaza hace esto para que, llegado un día especial de cada mes, disponga de cuatro horas o poco más para arrastrar y cargar toda la roca que sus hombros cansados puedan resistir. Un saco de piedras que puede contener una pequeña fortuna o, como ocurre las más de las veces, apenas unos cuantos gramos de oro: el día del cachorreo, que hace las veces de salario en el antiguo sistema de lotería que prevalece en las alturas de los Andes.
Apaza aún espera un golpe de suerte. “Tal vez hoy me encuentre el grande”, comenta con una amplia sonrisa que deja relucir un único diente de oro. Para mejorar sus probabilidades, el minero ya le “pagó a la Tierra”: en la entrada de la mina depositó una botella de pisco, el licor local; puso unas cuantas hojas de coca bajo una piedra y, varios meses antes, un chamán sacrificó un gallo en la cumbre sagrada. Ahora, yendo hacia el túnel, murmura una oración en su nativo quechua a la deidad que protege la montaña y al oro que yace dentro.
“Es nuestra Bella Durmiente –dice Apaza señalando con la cabeza la sinuosa curva de un campo nevado en las alturas–. Sin su bendición, nunca encontraríamos oro. Ni siquiera saldríamos vivos de aquí”.
No es exactamente El Dorado. Pero, por más de 500 años, los brillantes surcos atrapados bajo el hielo glacial, a cinco kilómetros sobre el nivel del mar, han atraído a incontables personas a este lugar de Perú. Primero los incas, quienes veían al siempre lustroso metal como “sudor del Sol”; después los españoles, cuya ambición de oro y plata precipitó la conquista del Nuevo Mundo. Pero no es sino hasta ahora, cuando el precio del oro se dispara (en los últimos ocho años ha aumentado 235 %), que 30 000 personas han invadido La Rinconada, transformando un solitario campamento de exploradores en una aldea improvisada en el techo del mundo, en una de las fronteras de un fenómeno por demás moderno: la fiebre de oro del siglo XXI.
Ningún otro elemento ha seducido y atormentado tanto la imaginación humana como el destello del metal identificado con el símbolo químico Au. Desde hace miles de años, el deseo de poseer oro ha llevado a la gente a los extremos, precipitando guerras y conquistas, fortificando imperios y monedas, devastando montañas y bosques. El oro no es indispensable para la existencia humana y, de hecho, tiene muy pocas aplicaciones prácticas. Aun así, sus principales virtudes –una densidad y maleabilidad inusuales, además de un brillo permanente– lo han convertido en uno de los valores más codiciados del mundo, símbolo trascendental de belleza, riqueza e inmortalidad. A lo largo de la historia, casi todas las sociedades han investido al oro de un poder casi mítico: desde los faraones, que insistían en ser enterrados en lo que llamaban “carne de los dioses”, pasando por los gambusinos, cuya enloquecida fiebre forjó el oeste de Estados Unidos, hasta los financieros, que, siguiendo el consejo de sir Isaac Newton, convirtieron el metal en el cimiento de la economía global.
Este enfermizo apego del hombre no debió haber sobrevivido en el mundo moderno. Pocas culturas aún creen que el oro confiere vida eterna y todos los países del orbe han prescindido de su estándar, que John Maynard Keynes despreciara como “una reliquia de la barbarie”. Pero su lustre no sólo perdura sino que, impulsado por la incertidumbre global, se hace cada día más fuerte. Su precio, que oscilaba alrededor de 271 dólares la onza el 10 de septiembre de 2001, se disparó a 1 023 dólares en marzo de 2008 y es posible que vuelva a superar este tope. Además de la extravagancia, el oro ha retomado su función como “puerto seguro” durante tiempos difíciles.
Mientras los inversionistas recurren en tropel a los nuevos fondos respaldados en oro, la joyería, sector que en 2007 generó un récord mundial de ventas de 53 300 millones de dólares, todavía representa dos terceras partes de la demanda. Movidos por esta cifra, los activistas estadounidenses han emprendido una campaña denominada No Dirty Gold (“No al oro sucio”), cuya intención es persuadir a los joyeros más prominentes de abstenerse de comerciar con el metal obtenido en minas que causan graves daños sociales y ambientales. Pero estas inquietudes no les interesan a las principales naciones consumidoras, es decir, la India, cuya obsesión por el oro tiene profundo arraigo cultural, y China, que en 2007 sobrepasó el consumo estadounidense situándose como el segundo comprador de joyas más importante en el mundo.
A pesar de todo el atractivo del oro, las víctimas humanas y ambientales jamás habían sido tantas. Parte del problema, y de la fascinación, estriba en que hay muy poquito. En toda la historia, sólo se han extraído 161 000 toneladas de oro (apenas suficiente para llenar dos piscinas de tamaño olímpico) y más de la mitad fue extraída en las últimas cinco décadas. Los depósitos más ricos del planeta se agotan rápidamente y cada vez es más difícil hallar nuevas vetas. Casi todo el oro que falta por explotar yace enterrado en minúsculas cantidades en aislados y frágiles rincones del planeta. Es una invitación a la destrucción. Pero no faltan los mineros, grandes y pequeños, dispuestos a aceptar.
En un lado de la balanza se encuentran los ejércitos de inmigrantes pobres que convergen en minas a pequeña escala, como La Rinconada. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO, siglas en inglés), en todo el mundo hay entre 10 y 15 millones de mineros “artesanales” que operan desde Mongolia hasta Brasil. Usan métodos rudimentarios que poco han cambiado con el paso de los siglos, producen aproximadamente 25 % del oro del mundo y dan sustento a un total de 100 millones de personas. Para esos mineros, es una actividad vital, pero también es mortal.
Los efectos nocivos del mercurio son igualmente peligrosos para los mineros de pequeña escala, quienes lo utilizan para separar el oro de la roca, diseminando veneno en forma de gases y líquidos. UNIDO calcula que un tercio del mercurio dispersado en el ambiente por los humanos procede de la minería artesanal del oro. Esto hace que lugares como La Rinconada sean una especie de Shangri-La a la inversa: la búsqueda de un metal vinculado con la inmortalidad sólo contribuye a acelerar la mortalidad del minero.
Del otro lado de la balanza se encuentran las descomunales minas a cielo abierto explotadas por las compañías más grandes del mundo, que con sus ejércitos de máquinas colosales producen tres cuartas partes del oro mundial. Aunque ciertamente crean empleos y llevan tecnologías y desarrollo a lugares muy apartados, estas operaciones generan más desperdicio por onza que las de cualquier otro metal, y la explicación estriba en sus pasmosas desproporciones. Las llagas en la Tierra son tan descomunales que pueden verse desde el espacio y, no obstante, las partículas extraídas son tan minúsculas que, muchas veces, 200 de ellas cabrían en la cabeza de un alfiler. Incluso en minas ejemplares, como Batu Hijau, operada por Newmont Mining Corporation, al oriente de Indonesia, donde la empresa ha invertido 600 millones de dólares para mitigar el impacto ambiental, es imposible evitar el cálculo brutal de la extracción de oro. Aquí, obtener apenas una onza de oro (cantidad suficiente para producir un anillo de matrimonio) obliga a extraer más de 250 toneladas de roca y mineral.
Durante su infancia, en la remota isla de Sumbawa, en Indonesia, Nur Piah escuchó anécdotas de vastas cantidades de oro enterradas en las montañas de las selvas tropicales. Dejaron de ser leyendas cuando los geólogos de la minera estadounidense Newmont Mining Corporation hallaron una extraña roca verde cerca de un volcán inactivo, a 12 kilómetros de su casa. El musgoso color anunciaba la presencia de cobre, ocasional compañero del oro, por lo que muy pronto Newmont comenzó a excavar la mina hoy conocida como Batu Hijau, nombre indonesio que significa “piedra verde”.
Por entonces, Nur Piah, de 24 años, respondió a un anuncio de Newmont que solicitaba “operadoras”, creyendo que su trato cordial le permitiría conseguir empleo como telefonista. Cuando esta hija de un clérigo musulmán llegó para la capacitación, su jefe le mostró una oficina por demás inesperada: la cabina de un Caterpillar 793, uno de los camiones mineros más grandes del mundo. Con 6 metros de altura y 13 de largo, el vehículo era mucho más grande que su propia casa; tan solo las ruedas tenían el doble de su estatura. “El camión me horrorizó –recuerda Nur Piah, quien poco después recibió otra sorpresa al ver el primer corte practicado en la mina–. ¡Le habían arrancado la piel a la Tierra! Pensé: ‘La fuerza que haya hecho eso debe ser muy poderosa’”.
Diez años después, Nur Piah es parte de esa fuerza. Su camión forma parte de una flota de 111 vehículos que cada año transporta alrededor de 100 millones de toneladas de roca extraídas del suelo. ¿Y qué fue del volcán de 550 metros de altura que dominó el paisaje de este lugar durante un millón de años? No queda ni rastro. El espacio que antaño ocupara se ha convertido en un pozo de 1500 metros de ancho que alcanza 105 metros bajo el nivel del mar. Dentro de los próximos 20 años, cuando se agoten las reservas de Batu Hijau, la fosa habrá alcanzado una profundidad de 450 metros bajo el nivel del mar.
Con todo, hay algo que aún intriga a Nur Piah: luego de una década en Batu Hijau, jamás ha visto un grano del oro que ayuda a extraer de la mina. Los ingenieros que monitorean el proceso rastrean su presencia en los compuestos de cobre a los que se adhiere. Y como envían el oro a fundidoras extranjeras en concentrados de cobre, nadie en Sumbawa ha visto nunca el tesoro oculto que transformó la isla.
Presionadas por los crecientes precios del oro y el agotamiento de los depósitos de Estados Unidos, Sudáfrica y Australia, las compañías mineras más grandes del orbe buscan oro en los confines más recónditos de la Tierra, pero pocas han tenido una expansión global más agresiva que Newmont, el gigante de Denver que en la actualidad opera minas a cielo abierto en cinco continentes, desde los altiplanos de Ghana hasta las cumbres de Perú. Seducida por los beneficios de operar en los países en desarrollo (menores costos, rendimientos más altos y menos reglamentos), Newmont ha generado decenas de miles de empleos en regiones pobres, pero también ha sido blanco de acusaciones que abarcan desde la destrucción ecológica hasta la reubicación forzada de los lugareños.
En su mayoría, la población de Sumbawa está formada por agricultores y pescadores que habitan chozas de madera construidas sobre pilotes y que permanecen prácticamente aislados del mundo moderno. Sin embargo, dentro de los confines de Batu Hijau, Newmont ha creado un suburbio de estilo estadounidense en el corazón de la selva, donde viven 2 000 de sus 8 000 empleados. Sobre las calles perfectamente pavimentadas hay un banco, una escuela internacional e incluso un centro de transmisión que produce el canal televisivo interno de Newmont. Las familias viajan en SUV para disfrutar de una noche de pizza gratis en el restaurante del campo de golf.
Los elevados precios y avances tecnológicos permiten que las empresas extraigan partículas microscópicas de oro de manera rentable; en Batu Hijau, Newmont utiliza una metodología de flotación muy minuciosa y no tóxica para separar de la roca la amalgama de oro y cobre, a diferencia de los sistemas que aplica en otras de sus minas, como la potencialmente tóxica “lixiviación por montones” con cianuro. De cualquier manera, no hay técnica que haga desaparecer mágicamente el desperdicio masivo generado por la minería. En menos de 16 horas se acumulan más toneladas de desperdicio que todas las toneladas de oro extraídas a lo largo de la historia humana. Los restos tienen dos presentaciones: rocas de desecho, que se amontonan en montañas aplanadas dispersas en lo que solía ser una prístina selva tropical, y residuos minerales, producto del procesamiento químico, que Newmont arroja al fondo del mar.
Newmont sólo utiliza el método de “dispersión submarina de residuos minerales” en su mina de Indonesia, ya que en la mayor parte de los países desarrollados está prohibido debido al daño que los metales pesados causan al ambiente marino.
Tal vez las profundidades del mar no tengan muchos defensores, pero las selvas tropicales sí. Quizás por ello, más que por los desechos submarinos, las montañas de roca desperdiciada en Batu Hijau continúan alimentando los conflictos al interior del gobierno indonesio. El departamento ambiental de Newmont, integrado por 87 elementos, hace hincapié en sus esfuerzos por recuperar las montañas de roca de desperdicio, cubriéndolas con tres metros de tierra y dejando que la selva se adueñe de ellas. Pero, por supuesto, nada podrá devolver su estado original a la selva, por lo que Newmont enfrenta otra dificultad: tras una década de operaciones, empieza a quedarse sin espacio para los desechos de Batu Hijau. Hace tres años, la empresa solicitó la renovación de un permiso para despejar otras 32 hectáreas de selva que Yakarta ha denegado hasta el momento, pues los ambientalistas señalan la inminente extinción de la cacatúa de cresta amarilla de Sumbawa. Dadas las limitaciones de espacio, los camiones de carga de Batu Hijau comienzan a provocar congestionamientos de tráfico, lo cual repercute en la eficiencia de la mina. De no recibir terrenos selváticos adicionales, los representantes de Newmont amenazan con el despido de varios centenares de obreros indonesios.
Desde 1998, con la caída del dictador Suharto, los gobiernos locales y provinciales han adquirido mayor poder y empiezan a hacerse respetar. Colaborando con los intereses empresariales indonesios, intentan tener una participación en la operación minera y decidir sobre la forma como se distribuye el ingreso. “En tiempos de Suharto, cuando fueron redactados estos contratos, no teníamos control alguno de nuestros destinos –informa el representante del Consejo del Pueblo local, Manimbang Kahariyai–. Necesitamos proteger nuestro futuro. ¿Qué quedará de nuestro ambiente cuando hayan agotado la mina?”.
Sentada en su nueva casa de la aldea de Jereweh, Nur Piah está más preocupada por su presente que por el futuro. “Muchas personas dependen de mí”, dice. Su marido gana algo de dinero vendiendo leña, pero el salario de Nur Piah (cerca de 650 dólares mensuales) costeó la construcción de la vivienda de concreto con dos pisos y, a modo de homenaje, ha colgado una gran pintura de un Caterpillar 793 en una de las paredes. Pero la labor de Nur Piah no está exenta de dificultades. Dice que maniobrar el enorme camión durante un turno de 12 horas es particularmente estresante cuando las torrenciales lluvias vuelven resbalosos los caminos escalonados de la mina, pero en este momento, al final de un largo día, sonríe con satisfacción con su hija de seis años dormida en el regazo.
Uno a uno desfilan los estuches de terciopelo que contienen adornos de oro: las joyas familiares de Nagavi, una joven hindú de 23 años que siempre supo que los luciría el día de su boda. Hija mayor del propietario de una plantación de café en el estado meridional de Karnataka, Nagavi creció deslumbrada por las ceremonias nupciales que proclaman la fusión de dos familias hindúes pudientes. Sin embargo, no es sino hasta la mañana de su matrimonio, concertado con el hijo de otro cafetalero, cuando logra apreciar la poderosa belleza de la tradición dorada en todo su esplendor.
Cuando finalmente está lista para la ceremonia, esta egresada universitaria, aficionada a los jeans y las playeras, se ha transformado en una princesa hindú resplandeciente de oro. El tocado, de exquisita factura, es tan pesado (dos y medio kilogramos de oro) que le hace inclinar la cabeza hacia atrás, aunque tres collares de oro y una docena de brazaletes sirven de contrapeso. Bajo el destello de los hilos de oro entretejidos en la trama del sari de 5.5 metros de largo, Nagavi abandona lentamente su hogar familiar y se esfuerza por mantener el equilibrio mientras lanza un puñado de arroz, en un tradicional ademán de despedida.
Los dorados tesoros que luce la novia (junto con las joyas y saris cargados en el maletero del SUV que la conducirá al salón de ceremonias) no son una dote convencional. A diferencia de lo que sucede en otras regiones más pobres del país, en el círculo de cafetaleros de la población de Chikmagalur se considera de mal gusto que la familia del novio haga exigencias explícitas. “Esta es mi ‘contribución’ a la riqueza de la familia”, dice Nagavi, contemplando sus millones de dólares en alhajas de oro. Como en cualquier boda hindú, el metal amarillo también sirve como muestra del valor que ella aporta a la unión. “Con las hijas, hay que empezar a acumular oro desde el día en que nacen –dice el padre de la novia, C. P. Ravi Shankar–. Es importante casarlas bien”.
Ningún país rivaliza con la India en cuanto a su obsesión cultural por el oro. Aunque en esta nación de 1 000 millones de habitantes el ingreso per cápita es de 2 700 dólares, desde hace varias décadas este país ha sido, por mucho, el líder mundial en la demanda de oro. En 2007, los hindúes consumieron 773.6 toneladas del metal, cifra equivalente a casi 20 % del mercado de oro global y más del doble de la adquirida por cualquiera de sus rivales inmediatos, China (363.3 toneladas) y Estados Unidos (278.1 toneladas). La India produce muy poco oro, pero sus habitantes han acumulado cerca de 18 000 toneladas del metal amarillo, más de 40 veces la reserva del banco central del país.
La fijación hindú no surge simplemente de un amor por la extravagancia o la creciente prosperidad de una clase media emergente. Para musulmanes, hindúes, sijs y católicos por igual, el oro cumple una función fundamental en casi cada aspecto de sus vidas, sobre todo durante las nupcias. Cada año hay cerca de 10 millones de matrimonios en la India y, excepto por unos cuantos, el metal amarillo es esencial tanto para el espectáculo como para la tradicional negociación entre familias y generaciones. “Está escrito en nuestro ADN –dice K. A. Babu, gerente de la joyería Alapatt, en la ciudad suroccidental de Cochin–. Oro es igual a buena fortuna”.
Dicha ecuación se manifiesta de manera más tangible durante el festival primaveral de Akshaya Tritiya que, según el calendario hindú, es el día más propicio para comprar oro. La cantidad de joyería en oro que se compra ese día (49 toneladas en 2008) sobrepasa de tal manera el volumen mundial adquirido en cualquier fecha que a menudo dispara su precio.
Sin embargo, el epicentro del consumo de oro durante el resto del año es Kerala, estado relativamente próspero en el extremo sur de la India que, con apenas 3 % de la población del país, controla entre 7 y 8 % del mercado de oro nacional. Es una distinción extraña para tratarse de una entidad administrada por uno de los únicos gobiernos marxistas electos democráticamente. El oro tiene largas raíces históricas en Kerala, puerto clave del comercio de especias que trabó contacto con el metal dorado en la antigüedad, desde la época en que los romanos ofrecían monedas a cambio de pimienta, cardamomo y canela hasta las subsiguientes oleadas de colonizadores portugueses, holandeses e ingleses. No obstante, los historiadores locales señalan que las revueltas regionales contra el sistema hindú de castas (según el cual, las inferiores sólo podían adornarse con pierdas pulimentadas y huesos) y la posterior conversión masiva al catolicismo y el islam, hicieron que el oro se convirtiera en algo más que comercio: un poderoso símbolo de independencia y ascenso social.
A pesar de su larga historia, Kerala jamás padeció un hambre de oro tan voraz como la de hoy en día. El camino desde el aeropuerto está lleno de vallas publicitarias que muestran mujeres adornadas con joyería nupcial. En la India, los principales vendedores de oro al menudeo son originarios de Kerala y 13 vastos salones de exhibición abarrotan un segmento de tres kilómetros de largo en la Avenida Mahatma Gandhi, la arteria principal de Cochin (¿qué habría dicho al respecto el célebre asceta?). Entre los consumidores más jóvenes y las clases altas, es probable que el oro empiece a ceder terreno frente a materiales algo más sutiles –y costosos– como el platino y los diamantes. Pero el apego al oro perdura, incluso cuando Kerala disfruta de mayores riquezas (gracias a la gran cantidad de obreros establecidos en el Golfo Pérsico) y educación (tiene una tasa de alfabetización de 91 %). Aunque prohibidas oficialmente, las dotes dominan toda negociación matrimonial hindú y, en Kerala, la mayor parte de dicha dote se compone de oro.
“Crecemos rodeados de oro”, comenta Renjith Leen, editor de The Week, una revista de noticias nacionales con sede en Cochin. Cuando una criatura nace en Kerala, la abuela moja una moneda de oro con miel y deja caer una gota del líquido en la lengua del pequeño para darle buena suerte. En todos los acontecimientos importantes de sus primeros seis meses de vida, desde el bautismo hasta la primera ingestión de alimento sólido, el bebé recibe joyas de oro como obsequio: pendientes, collares, cadenillas para la cintura; más adelante, cuando cumple tres años, un miembro culto de la familia usa una moneda de oro para trazar palabras en su lengua y dotarlo del don de la elocuencia.
Ninguna de estas ceremonias refleja por sí misma el estrechísimo vínculo del oro con la economía hindú. “El oro es el sustento de nuestro sistema financiero –dice Babu, gerente de una joyería–. Es la mejor forma de protección para muchos y nada permite conseguir efectivo con más rapidez”. El acopio de oro como seguro familiar es una antigua tradición hindú, lo mismo que empeñar joyas para obtener préstamos urgentes (y recuperarlas cuanto antes). Incluso la banca comercial ofrece este servicio, luego de que un intento por acabar con la costumbre precipitara revueltas y suicidios de clientes endeudados, obligando al gobierno a emitir la orden de mantener la práctica.
Sin embargo, muchos agricultores de Kerala prefieren el acceso rápido y fácil que brindan los “financieros privados”, como George Varghese, quien trabaja en su casa, unas tres horas al sur de Cochin. Casi calvo y con más de 70 años, Varghese administra cerca de medio millón de dólares mensuales en oro empeñado (o más durante las temporadas de cosecha y matrimonios). Es un negocio casi perfecto, pues aun con tasas de interés de hasta 1 % diario sobre préstamos a corto plazo, muy pocas personas incumplen el pago. Ningún hindú está dispuesto a quedarse sin su oro. “Incluso cuando la onza se cotizaba en 1 000 dólares, nadie vendió sus alhajas o monedas de oro –dice Varghese–. Es el tesoro familiar y los hindúes aspiran a seguir acrecentándolo”.
Pero, conforme el precio del metal aumenta, las familias más pobres tienen cada vez mayores dificultades para reunir el oro necesario para una dote. Aunque esta cumple eminentemente la función social de equiparar la riqueza familiar de los contrayentes, el creciente precio del oro ha estimulado el aspecto más siniestro del intercambio. Por ejemplo, en el vecino estado de Tamil Nadu, la competencia por adquirir oro ha derivado en incidentes de violencia doméstica precipitados por la dote (generalmente cuando la familia del novio ha golpeado a la esposa por aportar muy poco oro) y abortos selectivos (entre familias desesperadas por evitar la carga financiera que implica una hija).
En ocasiones, la presión es demasiada para los pobres, incluso en Kerala. Rajam Chidambaram, viuda de 59 años que vive en un barrio en las afueras de Cochin, encontró recientemente a un joven dispuesto a casarse con su única hija, de 27 años. Sin embargo, la familia del novio exigía una dote muy superior a sus posibilidades: 25 soberanos o 200 gramos de oro (que hace ocho años tenían un valor de 1 650 dólares y actualmente de 5 200). Como empleada de limpieza, Chidambaram sólo tiene los dos aretes que usa: el collar de oro que alguna vez poseyó lo usó para pagar las cuentas de hospital de su difunto esposo. “Tuve que aceptar la exigencia del novio –dice, enjugándose las lágrimas–. Si me niego, mi hija se quedará en casa para siempre”.
Al final, los financieros locales le otorgaron un préstamo para la dote y, aunque Chidambaram bien pudo haber sobrellevado la vergüenza de tener una hija soltera, ahora lleva a cuestas la carga de una deuda que tal vez deba pagar el resto de su vida.
Rosemery Sánchez Condori tiene apenas nueve años, pero el dorso de las manos se le ha endurecido como cuero curtido. Es lo que pasa cuando una niña invierte largas horas golpeando rocas bajo el sol andino. Desde que el padre de Rosemery se enfermó en las minas de La Rinconada, hace ocho años, su madre ha trabajado once horas diarias recogiendo piedras cerca de las minas y fracturándolas en trozos más pequeños para buscar restos de oro que hayan pasado inadvertidos. En días de clase, Rosemery ocasionalmente ayuda a su madre en la montaña, y aunque esto podría considerarse explotación infantil, semejante labor representa el máximo logro para la hija de una familia que vive al día. “El año pasado encontré dos gramos de oro –dice Rosemery con entusiasmo–. Alcanzó para comprar mis libros y el uniforme de la escuela”.
En las minas de pequeña escala del mundo, la búsqueda de oro es un asunto familiar. Se estima que de los 15 millones de mineros artesanales del planeta, 30 % son mujeres y niños. En la montaña que domina La Rinconada, los hombres desaparecen en las minas mientras sus esposas se sientan junto a rimeros de piedras desechadas y, a ritmo sincopado, arremeten contra la roca con mazos de dos kilogramos. Como no hay quien cuide a sus hijos y necesitan ingresos adicionales, estas mujeres con largas faldas y el tradicional bombín a veces llevan a sus hijos a las montañas. La incertidumbre del sistema de lotería de las minas, y los engaños de muchos de los hombres del lugar, es lo que atrae a las mujeres hasta allá. Por lo menos así tienen la certeza de que los 6 u 8 gramos de oro que consigan ese mes (con valor de unos 200 dólares) serán aprovechados por la familia y no irán a parar a los sórdidos bares y burdeles que abarrotan la zona roja del pueblo.
Objeto de deseo y destrucción, sólo el oro podría haber conjurado un espacio de contradicciones tan sorprendentes como La Rinconada. Aunque aislado e inhóspito –a 5 100 metros hasta el oxígeno es escaso–, su población aumenta a un ritmo desaforado. Al aproximarse al asentamiento desde el altiplano, lo primero que atisba el visitante son los tejados bajo un magnífico glaciar que cubre la montaña como un velo de novia. Entonces viene el hedor. No sólo es la basura volcada en la ladera, sino los desechos humanos e industriales que saturan las calles del pueblo. A pesar de su crecimiento (en 6 años, la cantidad de minas que horadan el glaciar se ha disparado de 50 a cerca de 250), La Rinconada carece de servicios básicos: no hay drenaje, saneamiento, control de contaminantes o servicio postal, ni siquiera estación de policía. La más cercana, que cuenta con un puñado de oficiales, se encuentra a una hora cuesta abajo por la montaña. De suerte que la población se encuentra, literalmente, fuera del alcance de la ley.
La frenética expansión de La Rinconada es producto de una peculiar convergencia: por una parte, el incremento en el precio del oro y por otra, el arribo de la electricidad en 2002. Ahora los mineros utilizan taladros neumáticos además de martillos y cinceles y los trituradores de roca tradicionales, operados con las piernas, han sido sustituidos por pequeñas fresadoras eléctricas. La electricidad no ha contribuido a que la minería sea una actividad más limpia; por el contrario, el mercurio y otras sustancias tóxicas corren por el ambiente con más liberalidad que nunca, aunque casi todos concuerdan en que La Rinconada jamás ha producido tanto oro. Los cálculos oscilan entre 2 y 10 toneladas anuales, con un valor de entre 60 y 300 millones de dólares. Sin embargo, nadie conoce las cifras a ciencia cierta porque, estrictamente hablando, mucho del oro de este lugar no existe.
El ministerio peruano de energía y minas rastrea minuciosamente el oro que produce el país y con razón: se trata de la principal exportación nacional, que convierte al país en el quinto productor mundial de oro con un total de 187.5 toneladas (ocho veces más que en 1992). Ahora bien, dado que el ministerio no tiene una oficina de representación en La Rinconada, el oro que los mineros extraen no es debidamente contabilizado porque, en buena medida, los operadores suelen registrar cifras de producción inferiores para evitar impuestos. “¡Estamos en bancarrota! –se burla uno–. Eso les decimos”.
Una porción del mineral no procesado también desaparece. En una tienda del pueblo, un minero de 19 años de nombre Leo reconoce abiertamente que los 1.9 gramos que cambia por efectivo provienen de las rocas que se robó de una bodega donde su padre trabaja como guardia. “Lo hacemos cuatro o cinco veces por semana y nos dividimos las ganancias –dice Leo–. Nadie se da cuenta de que faltan esas piedras”.
Encima de todo, muchos mineros de La Rinconada ni siquiera existen oficialmente: no hay nóminas –sólo aquellos sacos de rocas–, y algunos operadores de minas tampoco se toman la molestia de anotar los nombres de sus obreros. Por supuesto, los patrones se enriquecen con este sistema de tienda de raya. El administrador de una de las minas más grandes de La Rinconada asegura que su operación produce 50 kilos cada tres meses, más de 5 millones de dólares anuales. En contraste, con el cachorreo mensual, los obreros logran extraer un promedio de 10 gramos de oro, equivalentes a 3 000 dólares anuales. A pesar de la disparidad, los mineros no se han rebelado contra el sistema; de hecho, pareciera que prefieren la remota posibilidad de un golpe de suerte una vez al mes en las minas a la tediosa certidumbre de un salario bajo y la pobreza crónica del campo. “Es una lotería cruel –dice Juan Apaza, el minero con un diente de oro que trabaja en el glaciar–. Pero al menos nos da esperanza”.
Para los mineros y sus familias, sólo sobrevivir en aquel peligroso y desolado lugar quizás sea la más inmisericorde de las loterías. La esperanza de vida en La Rinconada es de apenas 50 años, 21 menos que el promedio nacional. Los accidentes mortales en las minas son comunes y a menudo provocados por explosivos improvisados manipulados por mineros inexpertos o borrachos. Y si la explosión no los mata, los vapores de monóxido de carbono pueden hacerlo. Perú tiene leyes estrictas sobre seguridad en las minas, pero la supervisión en La Rinconada es muy escasa. “De las 200 compañías que operan aquí, sólo cinco obligan a utilizar el equipo de seguridad completo”, comenta Andrés Paniura Quispe, ingeniero de seguridad que trabaja en una de las contadas empresas que mantienen dichos estándares, pero que a la vez les exige a los obreros adquirir sus propios equipos.
Los mineros responden al acoso de la muerte con reflexivo fatalismo. Lo dice el adagio popular: “A labor me voy, no sé si volveré”. De hecho, morir en la mina se considera de buena suerte para los que siguen con vida. La centenaria práctica andina del sacrificio humano aún se tiene como la máxima ofrenda para la deidad de la montaña, dado que, según las creencias locales, el proceso químico por el cual la montaña absorbe el cerebro humano ocasiona que el mineral de oro se acerque más a la superficie, facilitando su extracción.
Pero los dioses seguramente no están felices con el envenenamiento ambiental de La Rinconada. Las aguas negras y la basura en las abarrotadas calles son molestias insignificantes comparadas con las toneladas de mercurio liberadas en el proceso para separar el oro de la roca. UNIDO calcula que una operación minera de pequeña escala libera en el ambiente entre dos y cinco gramos de mercurio por cada gramo de oro recuperado: una pasmosa estadística, considerando que el envenenamiento por mercurio puede provocar graves daños en el sistema nervioso y en todos los órganos importantes. Según los ambientalistas peruanos, el mercurio de La Rinconada y la vecina mina de Ananea está contaminando ríos y lagos e incluso puede detectarse ya en la costa del Titicaca, a 250 kilómetros de distancia.
Quienes viven en los alrededores de La Rinconada sufren el impacto de la destrucción. Esteban Sánchez Mamani, padre de Rosemery, ha trabajado aquí durante 20 años, pero ahora pocas veces entra en las minas a causa de una enfermedad crónica que ha consumido su energía y elevado su presión arterial. Aunque Sánchez desconoce la naturaleza de su mal (la única visita que hizo al médico fue poco concluyente), sospecha que se originó en el ambiente contaminado. “Sé que las minas me robaron la juventud –comenta el hombre de 40 años, quien representa mucha más edad debido a su encorvada espalda–, pero esta es la única vida que conocemos”.
El destino de la familia depende ahora del mineral que Carmen, su esposa, pueda rescatar de la montaña. Sentado en el suelo de su choza hecha de piedra, Sánchez pasa la mayor parte del día rompiendo rocas en pedazos más pequeños y depositando fragmentos con destellos dorados en una taza de color azul. Rosemery hace los deberes escolares sobre un saco de arroz, interrumpiéndolos ocasionalmente para interrogar a los visitantes sobre la vida fuera de La Rinconada: “¿Los de su país mascan hojas de coca? ¿Tienen alpacas?”. A pesar de ser apenas una niña de primer grado, ha decidido que será contadora y vivirá en Estados Unidos. “Quiero irme lejos de aquí”, dice.
Rosemery acompaña a su padre a llevar dos sacos de mineral (la carga semanal) hasta la diminuta fresadora que está cerca de la casa. Aunque el recorrido forma parte de una interminable rutina, Sánchez se aferra a la ilusión de haber ganado el premio mayor. Espera que, por lo menos, haya suficiente oro para que sus dos hijos permanezcan en la escuela. “Quiero que estudien para que se vayan de aquí”, dice el minero enfermo, quien ni siquiera terminó el primer año de secundaria.
Padre e hija observan mientras el fresador practica su antiguo oficio. Sin protección en las manos, el hombre vierte mercurio líquido en una batea de madera para separar el oro de la roca y luego vacía los desechos, cubiertos de mercurio, en un arroyo que corre bajo el cobertizo. Nueve metros arroyo abajo, una jovencita llena una botella de plástico con el agua contaminada. Pero en el interior del taller, todas las miradas están puestas en la pepita plateada del tamaño de una canica que ha producido el fresador: el recubrimiento de mercurio oculta una cantidad de oro desconocida.
Con la pepita en el bolsillo, Sánchez camina trabajosamente cuesta arriba, hasta llegar a la tienda donde se compra y vende oro. El comerciante, uno de los cientos que hay en este poblado, procede a quemar el mercurio con un soplete despidiendo el tóxico gas por un tubo de escape que lo dispersa en el aire frío y enrarecido. Mientras el mercader hace su trabajo, Sánchez camina impacientemente por la habitación, estrujando el desgastado sombrero que lleva en las manos.
Luego de 10 minutos, la llama revela un diminuto núcleo de oro y Sánchez arruga el entrecejo. Pesa sólo 1.1 gramos. El comerciante toma unos cuantos billetes y, encogiéndose de hombros, entrega a Sánchez una cantidad que, tras deducir los honorarios del fresador, representa menos de 20 dólares para la familia. “Mejor suerte para la próxima”, dice el comerciante.
Quizás sea el mes entrante, o el siguiente. Considerando que se gana el sustento en las alturas de un glaciar, Sánchez está consciente de que todo depende de la suerte.



Muy bueno el artículo!
Todo a lo largo de la cordillera de los Andes, especialmente en Latinoamérica, se está luchando para que no se instale la megaminería metalífera. Los que luchan son los pobladores, organizaciones no gubernamentales, pero no los gobiernos, lamentablemente.
Mendoza (Argentina), donde vivo, es un ejemplo de ésto. Sabemos que esta lucha nos llevará toda la vida y posiblemente la de futuras generaciones, porque los intereses económicos son muy fuertes, pero por ahora es la única manera de conservar y proteger nuestro lugar.
Ojalá esta nota sirva para que cada vez más gente tome conciencia de lo perjudicial que es la extracción de un mineral que solo sirve para fines suntuosos!
Los minerales al igual que muchas otras materias primas pueden ser explotadas para beneficio de las muchisimas necesidades de la humanidad. Una mineria responsable no tiene porque estar en conflicto con el medio ambiente y el desarrollo sustentable.Las organizaciones no gubernamentales casi en su gran mayoria viven del conflicto entre pueblos y empresas mineras.
La contaminacion principalmente se da en las ciudades y pueblos, a travez de los diferentes desechos que se generan.
En todo caso ¿ habria que vivir como en la prehistoria si no queremos desarrollar tecnologias?
Me a interesado bastante por que la verdad que yo no sabia lo del oro y su explotación y no sabia que podria malograr la naturalezay que en la india habia la mayor cantidad de oro y como contribuye a la sociedad me acabo de enterar
¡Muy buen artiulo los felicito!
No es posible que por el llamado “desarrollo” los seres humanos destruyan los bosques tropicales, los cuales tendrían que pasar cientos de años para recobrarse. Por lo tanto no hay dólares que puedan mitigar el daño ambiental que produce la minería a cielo abierto cuando requiere la total destrucción del bosque.
Grasias por publicar lo que vale el oro y suvalor cientifico ya que tiene muchas propiedades pero algo no me gusto bueno no savia que era un contaminante, almenos los metodos que se emplean para obtenerlo de otros minerales dando lugar al mercurio u otras sustancias toxicas, tambien les doy las grasias por publicar numeros de la cantidad de oro que se a obtenido y la explotacion ilegal que corren las compañias dedicadas a este mineral,de quienes diria que tambien respeten al medio ambiente.
No se ni como empesar, me siento apabuyado por la codicia del hombre, como destruimos nuestro hogar global por algo que no tiene una gran utilidad, sino que es una muestra de alarde de poder, gobiernos, empresas y personas comunes, deliran, mueren y destruyen su ambiente y el de otras personas, plantas y animales, todo por lucir estramboticamente sus “joyas”, pobres mineros que dia a día mueren y a la vez continuan con la destrucción, hasta cuando pararemos esto.
Hola:
Lei el docuemnto de la fiebre del Au, y me parece que no estan manejando bien sus datos, en lo personal no estoy de acuerdo en que la mineria es un contaminante, asi como dice en este articulo…. conozco minas que ya no estan en operacion y aun asi hay un plan de reforestacion en terreros que ya fueron trabajados anteriormente y creamenlo… crecen plantas, espor ello que no estan manejando bien las estadisticas, tal vez en otras partes del mundo asi sea pero en mexico creo que se han estado trabajando en una mineria mas sustentable…..
En lo personal soy Ing Minero de Profesion, y no por esto es que este a favor de esta, hay que ser imparciales y creo que la Mineria ha sido un factor importante en el crecimineto de los paises.
Reciban un Cordial Saludo
Escribo éstas líneas sólo con el fin de aclarar la posicion de un colega mejicano que califica a éste excelente artículo como “imparcial”. Tal como ustedes describen, el oro se explota solomente como refugio financiero y para resaltar la vanidad. El problema radica en su extracción y recuperación que a diferencia de otros metales basicos y utiles en la industria y medicina, éste obliga a enormes movimientos de tierra y a una metalurgia perversa. Gracias
Despúés de leído el artículo; llego a la conclusión de que el oro es un metal precioso que en algunos países como la India es venerado y necesario para sus habitantes, pero jamás nos hemos puesto a pensar en el daño que su extracción ocasiona a Nuestra Bella Tierra, que es un Santuario Maravilloso, ella siempre paga muy caro nuestros errores y aun así nos sigue protegiendo, cuando tomarán conciencia los seres humanos de q
Los laureles que le entregaban a los ganadores de las justas olimpicas y que les eran ceñidos en sus cienes, en algun momento de la historia fueron cambiados por medallas, ahora el oro es cotizado por todo el mundo y los laureles ya ni se usan. Que nos cambio?. En lo personal creo que la ambición, como parte de la condición humana no va a facilitar ningún cambio en la conducta de las sociedades humanas, y siempre habrá pequeños grupos y personas que de manera individual manifiesten sentimientos y expresiones ngativas al respecto, pero poco podremos hacer para evitar el deterioro ambiental. Acá en Chicomuselo, Chiapas, México, ha empezado la actividad minera sin regulacion ambiental y a pesar de las manifestaciones en contra de los lugareños, las autoridades ambientales poco hacen para hacer cumplir las leyes.
Estoy de acuerdo en que no merece la pena tanto sacrificio de la Madre Tierra para obtener el oro de la vanidad, pero conozco que existen técnicas de diagnóstico de enfermedades utilizandose la Microscopía electrónica de oro coloidal. A lo mejor el oro puede salvarnos de alguan patología con un diagnóstico oportuno, pero el costo es lo importante a tener en cuenta.
Puede ser que algún lector tenga mas información
Magnífico artículo. Saludos a todos
Xiomara
Considero que no es novedosa la perdiciòn en todos los sentidos de la vidan de la condicion humana no sólo por el oro sino por todo aquello que representa valores materiales, llegando al extremo que algo tan apreciado y tan sagrado como es la vida se sacrifica en aras de la riqueza material.
Me llama mucho la atención que en los países que se consideran pobres o en vias de desarrollo es en donde se encuentra más oro, y en donde más conflicto hay por él.
Me gustó mucho el artículo por que informa sobre un tema muy serio y que muchas personas no toman en cuenta debido al entumecimiento critico que provocan las políticas gubernamentales y de personas que simplemente tiene intereses de por medio con este tipo de negocios. Muchas gracias por abrir mentes….
Xiomara: por lo que yo sé, solo el 5 % del oro que existe se usa para algo relacionado con la medicina. El resto, 95%, es utilizado para joyas y otros objetos de lujo. Te imaginarás que si es necesario más oro para fines médicos, no se necesita extraer más, sino solo reaprovechar el otro 95%.
En Costa Rica, el Presidente Oscar Arias Sánchez (dizque “Premio Novel de la Paz”), quiere aprobar una Mina a Cielo Abierto para explotar oro. Ayúdenos a oponernos enviando protestas a los siguientes correos:
Sr. Oscar Arias Sanchez Presidente de Costa Rica,
mfernandez@casapres.go.cr
Fax # 2253-9078.
Sr. Roberto Dobles. Ministro del Ambiente
ministrominae@minae.go.cr
Fax # 2257-0697.
Hola. 1ro;Yo no uso ORO para nada no lo necesito, 2do;No se por que Mexico y otros Paises regalan su riqueza (oro,plata,etc.)dejando que empresas extranjeras se lo lleven casi REGALADO y dejando tras de si POBRESA,DESTRUCCION,CONTAMINACION y enfermedades por la exposicion al PLOMO,QUIMICOS y REACTIVOS que usan. 3ro;Por que llaman ILEGAL a la extraccion de oro de los Nativos del lugar?. x ultimo, me gustaria saber cuanto ganan los mineros en Mexico ahora x que en los 70’s y 80’s se ganaba una miseria.SALUDOS de un exminero.
Hola !!! Yo soy de Costa Rica y estoy en contra de la mineria a cielo abierto, me e informado mucho acerca de este tipo de mineria y pienso que trae demasiados problemas ambientales , mas costa rica que es un pais muy rico en flora y fauna. Aparte de ello pienso que las personas deberian de ser mas concientes de estos tipos de tratas a las tierras, ademas las personas deberian de ser menos consumistas, materialistas y banidosos, el oro no vale nada puesto en el cuello de una mujer o en un anillo … de cualquier forma .. lo que vale es uno.. Nosotros mismos causamos nuestra destruccion y es algo muy lamentable, ojala que algun dia o a partir de hoy empesemos a hacer conciencia ante algo muy triste como es la mineria o cualquier uso irracinal ant los recursos naturales
Yo vivo en Costa Rica, el nombre de mi país se deriva de las riquezas que sobresalen de la tierra, hablo de sus bosques, sus selvas, sus montañas, sus volcanes, sus paradisiacas playas, el esplendor de la naturaleza viva, su gente…
Para que buscar riquezas debajo de esta tierra bendecida, por su posición geografica, por su diversidad en flora y fauna, por su clima diversificado, por su bosque lluvioso, por sus volcanes activos, hablo de Monteverde y el volcan Arenal, iconos mundiales en turismo, los invitamos a conocer nuestro país, todo aquel que viene a Costa Rica, aprende a quererlo, cuidemos lo nuestro hoy, para sentirnos orgullosos de ello el día de mañana, viva Costa Rica, PURA VIDA, no a la mineria…
Ecuador está a las puertas de convertirse en país minero (mineria indusrial no existe acá). Muy a mi pesar noto un sesgo ambiental en el reportaje. Acá los opositores a la minería a gran escala no han hecho sino confirmar su calidad de delincuentes; las manifestaciones violentas y los discursos recurrentes han sido la tónica. Estamos ante una nueva era de producción y espero que el estado sepa aprovechar este recurso afectando en lo menos posible nuestro entorno. Las posiciones radicales de grupos ambientalistas espero que bajen de tono.
Tal como va la cosa, oro es igual a devastación espiritual. Los valores que adquiere el alma humana en un gran espacio prístino, esos silencios musicales de la naturaleza salvaje, libres del estruendo de la maquinaria de la desolación, no se los puede comprar en un bazar.
Me parece execente, que con este tipo de articulos nos den a conocer que es lo que sucede en las minerias, no estoy de acuerdo con este tipo de explotación, tanto de personas como a la naturaleza.
Saludos desde CR.
Todo ello representa lo mismo de siempre, cuando hay dinero de pormedio ya no tiene valor la vida ni los valores. Los demas lo miramos, lo sentiomos, pero, no hay mucho que hacer para remediarlo.
Las personas que tienen el poder para detenerlo, son cegadas con y calladas.
El cambio se obseva muy lejos.
Soy un firme oponente a la minería a cielo abierto, especialmente en Costa Rica, país que no depende en lo más mínimo de esta práctica económica y que lo único que nos puede dejar son perjuicios a nivel ambiental. El oro de tiquicia no está bajo la tierra , se encuentra en los bosques que nos han dado un lugar como uno de los paises con mayor biodiversidad del planeta.
Felicitaciones por la labor ardua y la seriedad de sus investigadores, que se plasma en cada artículo.Tengo 18 años y leo su revista desde los 14; siempre mefascinó.Al leer el artículo de este mes “El precio del oro” me di cuenta una vez más del daño irreparable del impacto humano en el ambiente, pero también de nuestra responsabilidad intrínseca para evitarlo.A muchas personas las domina esa idea de que la naturaleza puede autosanearse sin la intervención humana,pero no se dan cuenta de que los seres humanos hemos causado un impacto en el ambiente mayor uqe cualquier proceso natural, y eso es evidente al tener en cuenta que un volcán que dominó el paisaje indonesio por un millón de años pueda desaparecer en un abrir y cerrar de ojos mediante los artificios humanos. Es una lástima que muchas personas vivan ciegas y en desconocimiento de su responsabilidad secreta en una serie de eventos trágicos.
Salta, Argentina
…Mamá dice, el hombre necesita riqueza necesaria para vivir, lo demás es para presumir… de Forres Gump. Las necesidades elásticas creadas por el hombre son las principales causas de un mundo cada día más maltratado. Es verdad que no podemos cambiar costumbres de pueblos enteros, pero si podemos evitar hoyos de 1500 metros de diámetro, comprender el fuerte trabajo de un minero… etc. El problema no esta en la ley minera de un país, ni que se use el Au como respaldo financiero o tecnológico, el problema esta en derribar toda un montaña para que la princesita luzca un collar, anillo… etc. Es de todos darnos cuenta y enseñar que la necesidad de una vivienda es un derecho, más no la mansión con piscina en Miami. Es mejor hacer esto que andar discutiendo o buscando errores en las leyes mineras, que nada logramos al discutir.
es muy bueno lo de la naturaleza y todos los programas que realizan ustedes para la proteccion de la vida animal
gracias
En mi país Costa Rica, nuestro precidente de la Republica y premio Nobel de la paz Oscar Arias Sanchez, maniobro diversa leyes y codigos para permitir el funcionamiento de una mina a cielo abierto en la zona norte del país junto a la frontera con Nicaragua, refugio y zona de paso de la lapa verde. De momento las obras enla futura mina estan detenidas gracias al esfuerzo de un sector de la sociedad y un grupo de ambientalistas, ojala y que su apertura no suceda, ya que seria catastrofico para el ecosistema de la zona.
Exelente articulo gracias mil.
Jorge Brenes.
al leer esto me aterra pensar en el dano que heredaran las generaciones venideras por un punado de metal inerte sin valor pero que causa tanto tormento sufrimiento y guerras nalrededor del mundo lo que menos entiendo es que en los paises pobres la gente malgaste su dinero comprando oro cuando existen nececidades basicas mucho mas importantes que cubrir
Excelente artículo. Soy del Ecuador. En mi país, tanto el Gobierno de Rafael Correa como las mineras multinacionales instaladas aquí llevan adelante campañas publicitarias permanentes (por televisión y radio de alcance nacional) que aseguran que los impactos serán mínimos y la remediación total. Una de ellas, la canadiense ECSA (http://www.ecuacorriente.com/inicio.do?ini=S) ofrece convertir el cráter de la mina (aún en exploración) en un pequeño lago para actividades ecoturísticas. La concesión de ECSA se encuentra en uno de los lugares de mayor diversidad de planeta, la Cordillera del Cóndor, territorio ancestral del pueblo Shuar. Este caso se repite con las variantes de rigor en otras regiones del país. Las campañas publicitarias iniciaron una vez que la oposición y los argumentos de los campesinos y de los pueblos indígenas se hicieron más fuertes y llegaron a ser conocidos en todo el país. Por estas razones, el artículo de Brook Larmer y las fotos de Randy Olson son de suma importancia. Llegan con información objetiva y comprobada sobre la realidad de la minería y su sinsentido.
Nuestra gratitud por ello.
Hola soy de Buenos aires Argentina y quería felicitarlos x el artículo. Espero q todos tomemos conciencia de ello.
Dejemos de preocuparnos x lo material y cuidemos nuestra casa (La Tierra) y nuestros principios.
Gracias x mostrar la relidad de las cosas.
Sigan así sacando las vendas de nuestros ojos.
Oscar, soy Analista de sistemas y una persona con estudios como vos debe saber en su interior el incalculable daño que provocan las EMPRESAS con estas prácticas, solo con el fin de acrecentar sus riquesas a niveles rídiculos. Con personas como vos, me da verguenza pertenecer al género humano. El daño ambiental esta comprobado.
Grandioza la nota sobre el oro; quizás ahora conociendo el sufrimiento que aun padecen estas personas para obtenerlo y la contaminacion que se produce, dejemos de darle el valor que hoy tiene el maldito metal. No más anillos, cadenas, pendientes; no más minas.Podemos apoyar a esas poblaciones dandoles otras oportunidades; en La Rinconada - Peru sus habitantes se organizaron para vender sus productos artesanales, podemos colaborar comprando los maravillosos tejidos que realizan. Aqui va la direccion de la pagina web http://artesaniasdeltitikaka.awardspace.com si no es con nuestro apoyo es dificil que puedan salir por ahora de esta situacion, ya que los gobiernos que permiten este tipo de explotacion tienen intereses creados y no van a tomar medidas al respecto. Generando conciencia, salvaremos esta tierra y a sus habitantes. Gracias.
maravilloso reportage,podemos adquirir tantas bellezas de tejidos sin ocuparnos del oro.Felicito por la descripcion las fotografias y los datos del articulo.Gracias/
opino que el ser humano debe vivir en equilibrio con la naturaleza…….ella nos provee muchos beneficios, y por ende nosotros debemos respetarla, estas practicas en la mineria han causado daños grandes al medio ambiente, rompiendo nuevamente el balance entre el hombre y la naturaleza, es triste pensar que la codicia del ser humano es, la que lo esta llevando a su propia destruccion, porque si seguimos destruyendo nuestro planeta que presente y futuro esperamos para nosotros y nuestros hijos
Creo que todos debemos colaborar para que no se destruya un bosque entero y los animales que viven de el, solo por un mineral que aunque sea hermoso le pertenece a la tierra. Espero que la tala de arboles sea considerado por el gobierno como un delito y por lo tanto se prohiba en estos casos en que solo se beneficiaran unos pocos. Aunque la gente crea que la empresa ayudara a muchos es porque a ellos les interesa el dinero que ganaran a costa de nuestra biodiversidad. La tierra se regenerara pero esto le costara cientos de años. La empresa minera no devolvera lo que le quito al suelo porque no se puede. Solo queda decir NO A LA MINERIA!!!
Bien,pues ya q todos o casi todos estamos de acuerdo en q el oro es un metal q solo sirve en su mayoria para satisfacer nuestro ego, dejemos de comprar oro y mostremos nuestra valia de otras formas qu no sean materiales
A mí me parece que el verdadero oro que sale en el artículo son las personas como Esteban Sánchez y su mujer en Perú que dan su vida día a día para conseguir que su hija Rosemery tenga un futuro mejor que la vida que tiene ellos.
Dejemos de pensar tanto en el valor de las cosas y veamos el valor de las personas.
Un artículo excelente.
El articulo me parece poco profesional y lleno de sesgo, no se debe generalizar de forma tan negativa al sector aurífero, ya que habemos personas que si entendemos la problemática de la informalidad y no la de la”ILEGALIDAD” como pretende llamar este articulo a los pequeños mineros. Además no tuvo la delicadeza de realizar pequeños cálculos matemáticos, pues las 161000 toneladas de oro caben en más de 3 piscinas olímpicas, y con una onza de oro perfectamente se pueden fabricar 10 anillos matrimoniales, además no sé de dónde saca sus estadísticas, ya que no es solo la joyería el uso principal que se le da al oro, mas de 700 toneladas al año se utilizan en el sector electrónico, gracias a su buena conductibilidad, pero lo que más me indigno es la forma de criminalizar al minero frente a los lectores, que ante tal orfandad argumentativa terminan creyendo todo lo escrito
Cada vez soy más escéptico respecto a la efectividad de esfuerzos aislados que se realiza en distintos países por contener la debacle contra el planeta. A mi juicio, posiblemente equivocado, es inútil. Nada representa que un país como Costa Rica el gobierno pague del presupuesto público anuncios televisivos engañando a la sociedad que ha plantado 1 o 1 millón de árboles, pero qué pasa luego de “plantados”? Le encomiendan a alguien dar seguimiento y control? NO.
Para sacar conclusiones sólo basta preguntarse: Sembraría este señor algún arbolito cuando nuiño? NO. Sólo escucharle su discurso vacío contesta que NO. Es un falso. Mientras pregona al mundo frases copiadas de “paz a la naturaleza”, decreta de interés nacional la tala de bosques
hola soy de chile de una region minera y he vivido en carne propia la destruccion del medio ambiente producto de la mineria ,cuyos unicos beneficiados son los paises capitalistas (eso es progreso?)usurpan nuestras riquezas con el consentimiento de nuestras autoridades gubernamentales. Han empeorado nuestra calidad de vida “Sin independencia politica no hay independencia economica”(Presidente S. Allende)
Me leí este artículo con dolor y pasión. ¿Hasta dónde es capaz de llegar el ser humano por su ansia de poseer y de aparentar? ¿Nunca tocaremos fondo, aunque el precio a pagar sea el de cientos de vidas humanas y una Tierra aniquilada?
Muchas gracias por este paseo por la verdadera realidad del oro, que nadie nos cuenta en los medios de comunicación. Animo al equipo editorial a que siga diciéndonos lo que nadie dice…
Es un poco dificil continuar con la lectura de un articulo que inicialmente interesa mucho, cuando se encuentran frases como las siguientes:
“El oro no es indispensable para la existencia humana y, de hecho, tiene muy pocas aplicaciones prácticas.”
solo como ejemplo pongo una respuesta rapida de yahoo a 10 aplicaciones del oro (no conozco de todas, pero sirven como ejemplo)
ORO:El oro y sus muchas aleaciones se emplean bastante en joyería, fabricación de monedas y como patrón monetario en muchos países. El oro ejerce funciones críticas en ordenadores, comunicaciones, naves espaciales, motores de aviones a reacción y otros muchos productos.
Su alta conductividad eléctrica y resistencia a la oxidación ha permitido un amplio uso como capas delgadas electrodepositadas sobre la superficie de conexiones eléctricas para asegurar una conexión buena, de baja resistencia.
Como la plata, el oro puede formar fuertes amalgamas con el mercurio que a veces se emplea en empastes dentales.
El oro coloidal (nanopartículas de oro) es una solución intensamente coloreada que se está estudiando en muchos laboratorios con fines médicos y biológicos. También es la forma empleada como pintura dorada en cerámicas.
El ácido cloroaúrico se emplea en fotografía.
El isótopo de oro 198Au, con un periodo de semidesintegración de 2,7 días, se emplea en algunos tratamientos de cáncer y otras enfermedades.
Se emplea como recubrimiento de materiales biológicos permitiendo ser visto a través del microscopio electrónico de barrido (SEM).
Se emplea como recubrimiento protector en muchos satélites debido a que es un buen reflector de la luz infrarroja.
En la mayoría de las competiciones deportivas es entregada una medalla de oro al ganador, entregándose también una de plata al subcampeón y una de bronce al tercer puesto.
Se ha iniciado su uso en cremas faciales o para la piel.
otra frase que es muy imprecisa es la siguiente:
“Aquí, obtener apenas una onza de oro (cantidad suficiente para producir un anillo de matrimonio) obliga a extraer más de 250 toneladas de roca y mineral.”
en joyeria se usa la onza troyana que es diferente
1 onza = 1/16 de libra = 28.35 g
onza troyana igual a 31.1035 gramos
31.1035 gramos de oro es una muy buena cantidad para hacer una pieza de joyería, hay anillos de matrimonio de todos los pesos y tamaños y pocas veces habrá uno de una onza troyana (si no me atrevo a decir que no lo hay), es una pieza demasiado pesada, y mas cuando pesaría aun mas al realizar algún tipo de liga
desde mi punto de vista este tipo de imprecisiones en temas que uno puede conocer le da poca credibilidad al texto, pareciendo demasiado parcializado, se que la extracción de oro es muy peligrosa y dañina y hay que hacer algo, pero no tiene sentido en un texto informativo o de denuncia caer en este tipo de cosas, la realidad de este tema es suficiente para conseguir impresionar.
Soy ingeniero minero (retirado) y mi punto de vista es el siguiente:
Hace 20 años tuve bajo mi responsabilidad el desarrollo y puesta en operacion ,de un proyecto
minero-metalurgico de un yacimiento auro-argèntifero,perteneciente a una pequeña empresa minera,mexicana no extranjera,en el estado de Sinaloa,Mexico.Para la recuperacion metalurgica del oro existen los mètodos fìsicos y los
quimicos.Los metodos fisicos son los màs sencillos
e inofesivos,son metodos gravimetricos,pero son los menos eficientespues requiere una granulometrìa macroscòpica de las particulas del mineral o metal en su caso.Los mètodos quimicos son mas eficientes, complicados y altamente
contaminantes,pues se emplean suluciones de cianuro de sodio (NaCN) o cianuro de potasio(KNa)
que requieren un manejo extremadamente cuidadoso
por la toxicidad de èstas sustancias.El mercurio o azogue(Hg)metal pesado muy contaminante,se emplea a nivel artesanal.Hay que recordar que el mètodo de amalgamaciòn fuè ampliamente utilizado hasta finales del siglo XIX.
Lo cierto es ,que el beneficio econòmico para los habitantes de los distritos mineros es efìmero.
El precio del oro se cotiza en USD$ dòlares,nuestros salarios se pagan en pesos $M.N.
Hola! soy de Costa Rica y desde hace varios meses hasta el día de hoy (Set/09) estamos enfrentando una lucha contra el gobierno y la empresa Infintino de capital canadiense, que quieren abrir una MINA A CIELO ABIERTO en la zona norte del país. Compartí este articulo con los interesados en mi país y espero que nos haga reunir fuerzas suficientes para detener este atentado contra el medio ambiente. Nuestro país, conocido como un país verde, tambien enfrentamos la avaricia y la ceguera del oro. Este material tan noble y bello pareciera llevar consigo una especie de maldicion durante siglos de humanidad.