Los nuevos Darwin [Artículos]

Por Matt Ridley | 01 de Febrero de 2009 | Etiquetas: , ,

El padre de la evolución estaría maravillado de ver la ciencia que su teoría ha inspirado.

Llenando un vacío en el mapa de la evolución, el paleontólogo Neil Shubin boceta el cráneo, de 375 millones de años, del <em>Tiktaalik roseae</em>, desenterrado en 2004. El Tiktaalik, un pez con rasgos de animal terrestre, ayuda a seguir el viaje de la vida desde el mar hacia la tierra. Foto de Lynn Johnson.

Llenando un vacío en el mapa de la evolución, el paleontólogo Neil Shubin boceta el cráneo, de 375 millones de años, del Tiktaalik roseae, desenterrado en 2004. El Tiktaalik, un pez con rasgos de animal terrestre, ayuda a seguir el viaje de la vida desde el mar hacia la tierra. Foto de Lynn Johnson.

Justo dos semanas antes de su muerte, Charles Darwin escribió un breve ensayo sobre una almeja córnea que se encontró adherida a la pata de un escarabajo de agua en un estanque de la parte central de Inglaterra. Fue su última publicación. El hombre que le mandó el escarabajo era un joven zapatero y naturalista amateur de nombre Walter Drawbridge Crick. Con el tiempo, el zapatero se casó y tuvo un hijo llamado Harry, quien a su vez tuvo un hijo con el nombre de Francis.

En 1953, Francis Crick, junto con un joven estadounidense llamado James Watson, haría un decubrimiento que conduciría de manera inexorable a la triunfal reivindicación de casi todo lo que Darwin dedujo acerca de la evolución.

Esta reivindicación no provino de los fósiles, de especímenes de criaturas vivientes o de la disección de sus órganos, sino de un libro. Lo que Watson y Crick descubrieron fue que cada organismo lleva dentro de sus células un código para su propia creación, un texto escrito en un lenguaje común a toda vida: el sencillo código de cuatro letras del ADN. “Todos los seres orgánicos que han vivido sobre la Tierra descienden de alguna forma primordial”, escribió Darwin. Francamente, adivinaba. Para entender la historia de la evolución –tanto su narrativa como su mecanismo– los Darwin modernos no tienen que adivinar: consultan las escrituras de la genética.

Piense, por ejemplo, en los famosos pinzones –fringílidos– de las Galápagos. Darwin notó que sus picos tenían diversas formas: algunos eran anchos y profundos, otros alargados, y unos más, pequeños y cortos. Asumió (un poco tarde) que a pesar de estas diferencias, todos los pinzones de las Galápagos eran primos cercanos. “Viendo esta gradación y diversidad de estructura en un grupo pequeño e íntimamente relacionado de pájaros –escribió en The Voyage of the Beagle–, uno puede muy bien imaginar que de un pequeño número original de pájaros en este archipélago, una especie se ha reproducido y modificado para fines diversos”.

Esto, también, eran suposiciones inspiradas. Pero al analizar la cercana similitud de sus códigos genéticos, actualmente los científicos pueden confirmar que los fringílidos de las Galápagos efectivamente descienden de una misma especie ancestral (un ave cuyo pariente vivo más cercano es el espiguero pardo).

El ADN no sólo confirma la realidad de la evolución, sino que también es muestra, en el nivel más básico, de cómo esta reconfigura las cosas vivientes. Recientemente, Arhat Abzhanov, de la Universidad de Harvard, y Cliff Tabin, de la Escuela Médica de Harvard, identificaron los genes responsables de algunas de esas formas en los picos. Los genes son secuencias de letras de ADN que, al ser activadas por la célula, forman una proteína específica. Abzhanov y Tabin encontraron que cuando el gen de una proteína llamada BMP4 se activa (los científicos usan la palabra “expresa”) en la quijada de un embrión de fringílido en crecimiento, hace que el pico sea más profundo y ancho. Este gen se expresa de manera más contundente en el pinzón de Darwin grande (Geospiza magnirostris), que utiliza su robusto pico para abrir semillas y nueces grandes. En otros fringílidos, un gen expresa una proteína llamada calmodulina, que forma un pico largo y delgado. Este gen es más activo en el pinzón de Darwin de los cactus grande (G. conirostris), que usa su pico alargado para buscar semillas en la fruta de los cactus.

En otro grupo de islas, frente a la costa del Golfo de Florida, los ratones playeros tienen pieles más claras que los que habitan tierra adentro. Esto los camufla mejor sobre la arena. Hopi Hoekstra, también de Harvard, y sus colegas rastrearon la diferencia de color hasta el cambio de una sola letra en un gen particular, que disminuye la producción de pigmento en el pelaje. La mutación ha ocurrido desde que se formaron islas de playa, hace menos de 6 000 años.

La idea más grandiosa de Darwin fue que la selección natural es responsable en gran medida de la variedad de rasgos que se ven entre especies relacionadas. Ahora, en el pico del fringílido y en el pelaje del ratón podemos ver realmente cómo interviene la selección natural, moldeando y modificando el ADN de los genes y su expresión para que el organismo se adapte a sus circunstancias particulares.

Darwin, quien supuso que la evolución avanzó lentamente a una velocidad glacial, sólo observable en los registros fósiles, estaría igual de complacido por otro descubrimiento. En los mismos fringílidos de las Galápagos, los Darwin modernos pueden ver cómo se lleva a cabo la evolución en tiempo real. En 1973, Peter y Rosemary Grant, esta vez de la Universidad de Princeton, comenzaron a hacer observaciones anuales de las poblaciones de fringílidos en la pequeña isla de Daphne Major, en las Galápagos. No tardaron en descubrir que, de hecho, los fringílidos evolucionan de un año al otro, conforme las condiciones de la isla cambian, de la humedad a la sequedad y viceversa. Un fringílido con un pico más pequeño no es una nueva especie, pero Peter Grant cree que sólo hacen falta unos cuantos incidentes para que se establezca una nueva especie, que no elegirá reproducirse con la de sus padres.

La variación que se ha visto en los fringílidos de las Galápagos es un ejemplo clásico de “radiación adaptativa”, en la que cada especie evoluciona de un ancestro común para explotar un tipo específico de alimento. Otra famosa radiación tuvo lugar en un grupo diferente de islas: de agua, no de tierra. Los lagos y ríos del Gran Valle del Rift, en África, contienen unas 2 000 especies de peces cíclidos que evolucionaron de unos cuantos ancestros. Por ejemplo, el Lago Victoria, el más grande de ellos, estaba completamente seco hace sólo 15 000 años. Sus 500 especies distintas de cíclidos evolucionaron desde entonces a partir de un puñado de especies de origen incierto. Como los fringílidos, las especies de peces cíclidos se han adaptado a dietas en diferentes hábitats, como zonas rocosas o arenosas en los lechos del lago. Algunas especies comen algas y tienen muchos dientes para rascar y jalar materia vegetal, mientras que otros se alimentan de caracoles y tienen quijadas fuertes y gruesas, capaces de romper conchas. ¿Y qué gen es responsable de que esas mandíbulas sean más anchas? El de la proteína BMP4, el mismo que hace que el pico del pinzón de las Galápagos sea más ancho y profundo. ¿Qué mejor evidencia para la creencia de Darwin de que todas las especies tienen algo en común que haber hallado que el mismo gen realiza la misma función en los pájaros y los peces en continentes separados?

En El origen de las especies, Darwin discretamente evitó hablar de cómo su teoría se extendería para abarcar a los seres humanos. Una década después hizo frente a esa cuestión en . Estaría encantado de saber que cierto gen, llamado FOXP2, es crucial para el desarrollo normal del habla en las personas y también del canto en las aves. En 2001, Simon Fisher y sus colegas de la Universidad de Oxford descubrieron que una mutación en este gen provoca defectos de lenguaje en las personas. Más tarde demostró que el gen es necesario en los ratones para aprender secuencias de movimiento rápido; sin él, el cerebro no hace las conexiones que normalmente registrarían el aprendizaje. En los seres humanos, se supone que el FOXP2 es crucial para aprender los sofisticados y rápidos movimientos de labios y lengua con los que expresamos nuestros pensamientos.

Constance Scharff, de la Universidad Libre de Berlín, descubrió después que este mismo gen es más activo en una parte del cerebro de un pinzón cebra joven, justo cuando el pájaro está aprendiendo a cantar. Con despiadada ingenuidad, su grupo infectó los cerebros de los fringílidos con un virus especial, que lleva una copia espejo de parte del gen FOXP2, la cual reprimió la expresión natural del gen. El resultado fue que los pájaros no sólo cantaban de manera más desigual sino que además imitaban erróneamente el canto de los adultos.

Los darwin de hoy pueden observar con detalle cómo las presiones, como la competencia y los cambios ambientales, son capaces de forjar nuevas especies. Pero Darwin también propuso otro conductor de la evolución: la selección sexual. En el Lago Victoria, la visión de los peces cíclidos se adapta a la luz de su entorno: en mayores profundidades, donde la luz disponible se desplaza hacia el extremo rojo del espectro, sus receptores visuales están predispuestos hacia la luz roja, mientras que más cerca de la superficie ven mejor en azul. Ole Seehausen, de la Universidad de Bern y del Instituto Federal de Ciencia y Tecnología Acuática de Suiza, encontró que los cíclidos macho han desarrollado colores llamativos para captar la mirada de las hembras: típicamente rojo cerca del fondo del lago y azul en las partes menos profundas. Las poblaciones azules y rojas parecen genéticamente divergentes, lo cual sugiere que están en proceso de convertirse en dos especies distintas.

Si la selección natural es la supervivencia del más apto (una frase acuñada por el filósofo Herbert Spencer, no por Darwin), entonces la selección sexual es la reproducción del más atractivo. Tiene el delicioso efecto de generar armas, ornamentos, cantos y colores, especialmente en los animales macho. Darwin creía que algunos de esos adornos, como las astas de los venados, les ayudaban a los machos a pelearse entre ellos por las hembras; otros, como las colas de los pavorreales, contribuyen al “encanto” (su palabra) de los machos para atraer a las hembras a aparearse. La verdad es que la belleza inútil le preocupaba, pues parecía una excepción a las acciones implacablemente prácticas de la selección natural. En abril de 1860, le escribió al botánico estadounidense Asa Gray: “Cada vez que la miro, ¡la simple vista de la pluma de la cola de un pavorreal me enferma!”

Su noción de la selección sexual fue amablemente ignorada por la mayoría de la opinión victoriana, a la que la idea de que las hembras eligieran de manera activa a sus parejas, en vez de rendirse tímidamente a los avances de los machos, la escandalizaba un poco. Incluso los biólogos abandonaron la idea durante casi un siglo, porque se obsesionaron con sostener que los rasgos evolucionaron para favorecer a las especies y no a los individuos. Pero sabemos que todo este tiempo Darwin estaba en lo correcto.

Darwin no especuló mucho acerca de por qué una hembra elegiría a un macho adornado. Ese es un asunto que aún entusiasma a los biólogos porque existen dos respuestas igualmente buenas. Una es simple moda: cuando las hembras eligen a los machos más hermosos, las demás deben hacer lo mismo o se arriesgarían a que sus crías no fueran atractivas. La otra es más sutil. A un pavorreal le resulta agotador y peligroso hacer que su cola crezca. Sólo pueden lograrlo los machos más saludables. Los pavorreales por debajo del estándar no pueden disimularlo. Y las hembras, al escoger de manera instintiva a los mejores machos, pasan así, inadvertidamente, los mejores genes a sus crías.

En uno de los vuelos de su imaginación, Darwin sostuvo que la selección sexual podría dar cuenta de las diferencias raciales en los humanos: “Hemos visto que cada raza tiene su propio estilo de belleza… La selección de las mujeres más atractivas por parte de los hombres más poderosos de cada tribu, que en promedio criarían un mayor número de hijos, después de muchas generaciones modificaría en cierto grado el carácter de la tribu”. En cuanto a esa idea en particular, el jurado aún no se pone de acuerdo, pero hay indicios de que Darwin podría tener razón, al menos en parte.

Pensemos en los ojos azules. Darwin, como muchos europeos, tenía ojos azules. A principios de 2008, Hans Eiberg y sus colegas de la Universidad de Copenhague anunciaron que habían encontrado una mutación genética común a todas las personas de ojos azules puros. La mutación es el cambio de una sola letra, de la A a la G, en el largo brazo del cromosoma 15, que sofoca la expresión de un gen llamado OCA2, involucrado en la manufactura del pigmento que oscurece los ojos. Al comparar el ADN de los daneses con el de la gente de Turquía y Jordania, Eiberg calculó que esta mutación ocurrió únicamente hace alrededor de 6 000 o 10 000 años, bastante después de la invención de la agricultura, en un individuo en particular en algún lugar por el Mar Negro. De manera que es posible que Darwin sacara ojos azules debido a una letra mal deletreada en el ADN del bebé de un granjero del Neolítico.

¿Por qué se extendió este cambio genético de manera tan exitosa? No hay evidencia de que los ojos azules ayuden a la gente a sobrevivir. Quizás el rasgo se asoció con una piel más clara, que recibe más luz solar, necesaria para la síntesis de la vitamina D. Eso sería especialmente importante conforme la gente de los climas menos soleados del norte se hizo más dependiente de los cereales, los cuales no contienen suficiente vitamina D, como fuente alimenticia. Por otra parte, la gente de ojos azules pudo haber tenido más descendientes, principalmente porque resultó que eran más atractivos para el sexo opuesto en esa región geográfica. De cualquier manera, la explicación nos lleva de regreso a las dos teorías de Darwin: la selección natural y la selección sexual.

Curiosamente, el cambio de deletreo que causa ojos azules no está en el gen del pigmento, sino en un fragmento cercano de la escritura del ADN que controla la expresión de ese gen. Esto apoya una idea que se extiende en la genética y la biología evolucionista: la evolución no sólo opera cambiando genes, también lo hace modificando la manera en la que esos genes se prenden y apagan. De acuerdo con Sean Carroll, de la Universidad de Wisconsin en Madison, “el principal combustible de la evolución de la anatomía no son los cambios en los genes, sino las transformaciones en la regulación de los genes que controlan el desarrollo”.

La noción de las modificaciones genéticas explica la humillante sorpresa de que las personas no parecen tener genes humanos únicos. A lo largo de la última década, cuando los científicos compararon el genoma humano con el de otras criaturas, ha salido a la luz que no sólo recibimos el mismo número de genes que un ratón –menos de 21 000– sino que en la mayoría de los casos heredamos exactamente los mismos. Así como no se necesitan palabras diferentes para escribir libros diferentes, para hacer nuevas especies no hacen falta nuevos genes: sólo se requiere cambiar el orden y el patrón en que se utilizan.

Quizás más científicos debieron haberse dado cuenta de esto antes. Después de todo, los cuerpos no se ensamblan, como las máquinas en las fábricas; crecen y se desarrollan, por lo que la evolución siempre tendrá que ver con cambiar el proceso de crecimiento más que con identificar el producto final de este. En otras palabras, una jirafa no tiene genes especiales para un cuello largo, sino que sus genes de crecimiento del cuello son los mismos que los de un ratón; tal vez sólo estuvieron encendidos más tiempo para que la jirafa acabara con un cuello más largo.

Así como Darwin aprendió tanto de los armadillos fósiles como de las avestruces y los fringílidos aún vivos (véase “Las primeras pistas de Darwin”), sus descendientes científicos combinan el conocimiento profundo de los genes con el de los fósiles para entender la historia de la vida. En 2004, Neil Shubin, de la Universidad de Chicago, y sus colegas hallaron un fósil de 375 millones de años en la parte alta del Ártico canadiense: una criatura que encaja a la perfección en la brecha que hay entre los peces y los animales terrestres. La llamaron Tiktaalik, que significa “pez grande de agua fresca” en la lengua local inuktitut. Aunque claramente se trataba de un pez con escamas y aletas, Tiktaalik tenía una cabeza plana como las de los anfibios, con un cuello bien definido y huesos en el interior de las aletas que corresponden a los huesos superiores e inferiores del brazo y hasta de las muñecas de los animales terrestres.

Sin embargo, lo que Tiktaalik les reveló a Shubin y sus colegas en el laboratorio resulta igual de intrigante. Los genes del fósil se pierden en el tiempo. Pero, inspirados por el descubrimiento, los investigadores estudiaron a un ejemplar similar vivo: un primitivo pez óseo conocido como pez espátula, y descubrieron que el patrón de la expresión genética que forma los huesos en sus aletas es muy parecido al que articula los miembros en el embrión de un pájaro, un mamífero o cualquier otro animal terrestre. La única diferencia consiste en que en un pez se activa durante un periodo más corto. El descubrimiento invalida una vieja idea de que para la adquisición de extremidades se requiere un evento evolutivo radical.

“Resulta que la maquinaria genética necesaria para formar extremidades ya estaba presente en las aletas”, dice Shubin.

Aunque la genética moderna reivindica a Darwin en muchas formas, también señala su error más grande. Las propias ideas de Darwin sobre el mecanismo hereditario eran un caos, y estaban equivocadas. Él pensó que un organismo mezclaba una combinación de los rasgos de sus padres, y más tarde en su vida comenzó a creer que este también heredaba rasgos adquiridos durante su existencia. Nunca entendió, como lo hizo el humilde monje moravo Gregor Mendel, que un organismo no es para nada una mezcla de sus padres sino el resultado conjunto de montones y montones de rasgos de individuos que pasaron a su madre y su padre de sus propios padres, y antes de sus abuelos.

El ensayo de Mendel que describe la naturaleza particular de la herencia fue publicado en un desconocido diario de Moravia en 1866, justo siete años después de El origen de las especies. Lo envió esperanzado a ciertos científicos prominentes de la época, pero fue ignorado. El destino del monje fue morir años antes de que la importancia de su descubrimiento fuera apreciada. Pero su legado, como el de Darwin, nunca ha estado más vivo.

9 comentarios

  1. Escrito por Josefina:

    Estimados editores,
    El artículo es muy interesante aunque se desprende de de él, una ligera visión dirigida y fimalista de la evolución. Un error bastante frecuente que tiene largos orígenes en la Teoría de Lammarck que aún sigue muy instalada en el común de la gente. Entiendo que este error no es una mala interpretación de la Teoría de Darwin sino más bien sólo una expresión poco felíz que conduce a una errónea interpretación. Saludos cordiales,
    Josefina Aris
    Bióloga (Especializándome en Paleontología y Evolución)
    Salta, Argetina

  2. Escrito por que es ser HUMANO:

    la diferencia entre los animales y los seres humanos son; nosotros pensemos mas en crear bombas atomicas, armas nucleares daño a nosotros mismos como seres mas desarrollados y disque concientes tan solo el hecho de matar es inaudito para nuestra especie que verguenza pero como nosotros no vemos las gurras ni sufrimos por dinero como nuestros ante pasados eran peores pues bueno (que nos importa y aun asi creemos en dios cuando estamos enfermos o cuando no queremos que nos pase nada malo pero que a quien le importa si el dia final llega pues nos vamos pa el infierno dicen que es un fuego que quema hasta el alma espirito el caso es que vamos a sufrir…

  3. Escrito por Carlos Lozano Flores:

    Me parecen adecuadas las observaciones que se hacen es este artículo, siempre resaltando las características en común que se tienen entre los paleontólogos y la gente que se dedica a la biología del desarrollo, esta comunión tan cercana se llama recientemente EVO-DEVO, y es una clara alusión a ambas ramas de la Biología.

    Les mando un saludo cordial.

    Carlos Lozano Flores
    Estudiante de Doctorado.
    Biología del Desarrollo.
    D.F. México.

  4. Escrito por g.moraga:

    El articulo es muy interesante, pero no podemos olvidar que los pinzones siguen siendo pinzones y que los peces ciclidos siguen siendo peces,ninguno a dado origen a reptiles o mamiferos por lo que estamos en presencia de diversas adaptaciones al medio ambiente pero no a evolucion.

  5. Escrito por Dr Jefer Ivan Moreno M.D. M.Sc:

    A mi me parece que como en el escrito de Darwin ( el origen de las especies), este escrito es muy Lamarkista, la evolución no tiene dirección, las mutaciones que dan cambio del color al pelaje en esos ratones ocurren todos los días, la playa simplemente es un factor de selección de los(mutantes) ratones que encajen en ella ya que los depredadores no pueden verlos; que después se reproduciran y fijaran el fenotipò producido por la mutación (color de pelaje)lo que esta operando desde el tiempo del cambio en el ambiente donde no se notan los ratones (6000 años) .
    Por otro lado,es cierto que los factores ambientales pueden dañar el DNA y que la reparación de estos daños pueden producir mutaciones que cambian tanto las regiones codificadoras de los genes como las regiones reguladoras, cambiando la calidad y la cantidad de proteina producida por un gen. Pero el ambiente no sabe lo que hace, la casualidad y la oportunidad, el binomio mutación seleccción; hacen que nos parezca que tiene sentido y vector.

    Señores la evolución no es una metamorfosis, no es como la EVOLUCION POKEMON, la evulución se escribe como la historia con muertes selectivas y encaje.

    La interpretación de Matt Ridley es como una aspiración de que exista “Mannimal” un ser que a voluntad (Lamarkismo) cambie sus genes para encajar, eso es muy positivista pero no existe
    Recuerden muchachos MUTACION / SELECCION

  6. Escrito por AnakinSkywalker:

    Si Darwin hubiera nacido en estos años … mm cierren los ojos y empecemos a soñar..
    …Ahi tienen que Darwin le decia a Dios… “Señor, si hubiera nacido en el 2000 con ingenieria genetica puedo crear cualquier especie que yo quiera
    http://www.genecodes.com/?referrer=Google_MX-C_DNA_soft&gclid=CIGb5IKG-ZgCFRadnAodRl8jnQ
    o puedo mejorar las especies existentes http://foroendefensadelmaiz.galeon.com/productos365401.html o predecir como seran tus proximas especies http://www.geocities.com/krousky/Espanol/Articu171.htm
    Con solo doce años podria hackear un satelite de la Nasa http://www.eluniversal.com.mx/internacional/60603.html en lugar de subirme al Beagle a tomar notas en un cuadernito
    Es mas señor tu mejor especie es imperfecta!!! http://www.youtube.com/watch?v=k4SLSlSmW74
    te apuesto a que puedo mejorarla…
    Entonces Dios le da vida y Darwin corre por un poco de barro, un secuenciador de genes, una copia del genoma humano (de la serie, “hagalo usted mismo”)
    Despues de media hora es interrumpido por unos rayos y truenos, el cielo se llena de nuebes y se escucha una voz de ultratumba que le dice “tal vez puedas mejorarla, pero antes, consiguete tu propia tierra”…

  7. Escrito por alejo:

    la inteligencia abarca una nueva generación contemplada como la evolución! en tiempo real….

  8. Escrito por Javier C.:

    Siendo este mi primer comentario en la página quisiera agradecer a la revista por todos los artículos e información que durante tantos años an publicado, y en México se pueden ver publicadas desde 1997 y los cuales colecciono desde entonces, creo que son como otro explorador no solo que viaja a las Galápagos sino a todo el mundo y nos enseñan lo fantástico de la vida y el planeta y nos hacen entender un poco mas de la vida biológica porque no se puede querer algo si no se conoce y entonces luego cuidarla ya que hasta el momento el planeta Tierra es el único lugar que conocemos donde hay vida.
    A 150 años de la teoría de la evolución de las especies creo que sigue la polémica entre la religión y la ciencia y de la cual no estoy en contra y que nos ha revelado muchos de los secretos que guarda la vida pero aun faltan muchos mas secretos por descubrir es sorprendente la diversidad de la vida en la Tierra como lo demuestra la publicación de esta revista en febrero de 1999 “Biodiversidad” donde se expone que hay 963 mil especies de insectos, 270 mil especies de plantas, 22 mil tipos de peces, 10 mil aves, 4500 mamíferos etc. Al menos para mi es sorprendente la variedad de formas que adquiere la vida a partir de unas cuantas proteínas y como se comenta no es la variedad de proteínas si no los arreglos y cantidad la que da forma a los seres, es cierto que el hombre es muy parecido en sus genes a un ratón pero que tan parecidos somos a otros seres por ejemplo a una planta. Cuando se habla de evolución por lo regular solo se habla de forma física pero que hay de las conductas de los seres que gen dice a los animales como se deben comportar, de que se deben alimentar o si es el caso que tengan que emigrar o seguir cierta ruta, ¿Que pasaría si una especie se viera afectada en sus condiciones? la respuesta de la selección natural es que tendería a evolucionar o moriría en el intento creo que eso si lo podemos ver y comprobar sin tener como factor el tiempo por ejemplo: ¿Si la temperatura del mar subiera x grados centígrados los corales tenderían a evolucionar o morirían?, creo que la mayoría de las especies frente a un cambio tienden a morir antes que evolucionar.
    Creo que tan solo son unas de las preguntas sin sentido que abecés los humanos nos hacemos con esa capacidad que nos distingue de los animales y que nos hace ser diferentes y concientes de nuestra existencia. Mientras tanto felicito a la revista por hacernos llegar información para mayor conocimiento de nuestro mundo. Como comentario final tan solo quiero decir que no soy practicante de ninguna religión pero creo en Dios para mi el “actor intelectual”. Y creo que el destino del hombre es saber su origen y luego entonces saber a donde puede llegar y que en este caso el factor tiempo nos dará la respuesta a la pregunta mas vieja del hombre. Su origen.

  9. Escrito por alvaro olivo:

    hola saludos a todos los lectores y redactores:

    la seleccion sexual siempre a llevado de la mano a la supervivencia de las especies, ya que en nuestra mente (o instinto en los animales) siempre la apariencia y el fisico esta antes que todo para escojer “pareja”.

    a mi me llama esto mucho la atencion, ya que por ser animales “racionales” tenemos la igual cuestion de seleccion sexual, digan ustedes.
    los hombres al escojer pareja primero vemos el fisico, no importando de primera mano ¿que hay en su interior?.
    igual pasa con las mujeres, al dejarse llevar por “el mas guapo”
    bueno esa es mi opinion, podria decir mas, pero me tardaria mucho.
    ojala publique mi comentario y tratare de comentar de nueva cuenta.
    les dejo esta pregunta:
    ¿entonces la seleccion sexual, es prueba de que el fisico esta primero ante todas las cosas, no importando las estrategias de supervivencia o seleccion natual en los individuos?

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