Hatshepsut: la reina hombre de Egipto [Artículos]
¿Qué motivó a Hatshepsut a gobernar el antiguo Egipto como un hombre mientras su hijastro permanecía a la sombra? Su momia y su verdadera historia han salido a la luz.

Hatshepsut usaba una barba falsa para enfatizar su poder real.
Foto de Kenneth Garrett
El resto de su gracia humana se había desvanecido. La tela enredada alrededor de su cuello parecía un pésimo intento por estar a la moda. Su boca, con el labio superior caído sobre el inferior, era un rizo espantoso (provenía de un famoso linaje de prognatas). Las cuencas de sus ojos estaban repletas de resina negra; las fosas nasales, obstruidas inapropiadamente por ajustados rollos de trapo. El oído izquierdo se había hundido en la carne lateral de su cráneo, y su cabeza carecía casi por completo de pelo.
Me incliné sobre la vitrina abierta en el Museo Egipcio de El Cairo y miré lo que muy probablemente sea el cuerpo de la faraona Hatshepsut, la extraordinaria mujer que reinó en Egipto de 1479 a 1458 a. C., y que hoy es menos famosa por su reinado durante la era dorada de la dinastía XVIII que por haber tenido la audacia de representarse a sí misma como un hombre. No flotaba en el aire el seductor perfume de la mirra, sólo un ácido y acre olor que parecía haberse acuñado durante los muchos siglos que permaneció en una cueva de piedra caliza. Era difícil conciliar esta cosa postrada con la gran gobernante que había vivido hacía tanto tiempo y de la cual se escribió: “Contemplarla era más hermoso que nada”. El único toque humano era el brillo del hueso en las puntas de sus dedos sin uñas, donde se había replegado la carne momificada, creando la ilusión de una manicura y evocando no sólo nuestra esencia vanidosa, sino nuestras frágiles intimidades, nuestro breve y pasajero aprecio por el mundo.
El descubrimiento de la momia perdida de Hatshepsut acaparó los encabezados hace dos veranos, pero la historia completa reveló poco a poco un drama. La búsqueda de Hatshepsut mostró a qué grado las pequeñas palas y pinceles de la tradicional caja de herramientas de los arqueólogos se han complementado con escáneres TAC y termocicladores de ADN.
En 1903, el renombrado arqueólogo Howard Carter había hallado el sarcófago de Hatshepsut en la vigésima tumba descubierta en el Valle de los Reyes –la KV20–. El sarcófago, uno de los tres que Hatshepsut había preparado, estaba vacío. Los eruditos no sabían dónde se encontraba la momia o si había sobrevivido la campaña que, con el fin de erradicar todo registro de su reinado, se llevó a cabo durante el gobierno de su corregidor y último sucesor, Tutmosis III, cuando casi todas las imágenes de ella como rey fueron retiradas sistemáticamente de templos, monumentos y obeliscos.
La búsqueda que parece haber resuelto el misterio la inició en 2005 Zahi Hawass, director del Egyptian Mummy Project y secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades. Hawass y un equipo de científicos se enfocaron en una momia llamada KV60a, la cual, a pesar de haber sido descubierta más de un siglo antes, no se creyó tan importante como para retirarla del suelo de una tumba menor en el Valle de los Reyes. La KV60a había navegado por la eternidad sin el amparo de un ataúd, mucho menos con un séquito de figurillas que desempeñaran tareas reales. Tampoco tenía qué usar: ni tocado, ni joyería, ni sandalias de oro, ni cubiertas de oro para los dedos de las manos y los pies; ninguno de los tesoros que se le habían dado al faraón Tutankamon, quien no era nadie comparado con Hatshepsut.
Incluso con todos los métodos de alta tecnología empleados para descifrar uno de los casos de personas desaparecidas más notables de Egipto, de no haber sido por el descubrimiento fortuito de un diente, la KV60a quizá seguiría recostada sola en la oscuridad, con su nombre real y estatus desconocidos. Actualmente es consagrada en una de las dos salas de Momias Reales del Museo Egipcio, con placas en árabe y en inglés que la proclaman como Hatshepsut, “La Reina Hombre de Egipto”, reunida al fin con sus compañeros faraones del Nuevo Reino.
Debido al olvido que cayó sobre Hatshepsut, es difícil pensar en un faraón cuyas esperanzas de ser recordado sean más conmovedoras. Parece haberle temido más al anonimato que a la muerte. Fue una de las mayores constructoras en una de las dinastías más grandes de Egipto. Levantó y renovó templos y santuarios desde el Sinaí hasta Nubia. Los cuatro obeliscos de granito que erigió en el vasto templo del gran dios Amón en Karnak estaban entre los más magníficos. Encomendó cientos de estatuas de ella misma y dejó testimonios en piedra –verdaderos e inventados– de su linaje, sus títulos, su historia, incluso de sus pensamientos y esperanzas, que a menudo expresaba con un candor poco común. Las expresiones de preocupación que Hatshepsut inscribió en uno de sus obeliscos en Karnak aún resuenan con una inseguridad casi encantadora: “Ahora se me vuelca el corazón cuando pienso lo que la gente dirá. Aquellos que vean mis monumentos en los años por venir, y que hablarán de lo que he hecho”.
Muchas incertidumbres plagan la historia temprana del Nuevo Reino, pero queda claro que cuando nació Hatshepsut, el poder egipcio aumentaba. El que posiblemente fuera su abuelo, Amosis, fundador de la dinastía XVIII, había expulsado a los formidables invasores hicsos que ocuparon la parte norte del Valle del Nilo durante dos siglos. Cuando el hijo de Amosis, Amenhotep I, no tuvo un hijo que viviera para sucederlo, se aceptó en la realeza, por haberse casado con una princesa, a un temible general conocido como Tutmosis.
Hatshepsut era la hija mayor de Tutmosis y su Gran Esposa Real, la reina Ahmose, probablemente pariente cercana del rey Amosis. Pero Tutmosis tenía un hijo de otra reina, Tutmosis II, quien heredó la corona cuando su padre “descansó de la vida”. Ciñéndose a un método común para fortalecer el linaje real –y sin ninguno de los reparos de hoy para acostarse con su hermana– Tutmosis II y Hatshepsut se casaron. Tuvieron una hija; una esposa menor, Isis, le daría a Tutmosis el heredero masculino que Hatshepsut no pudo procrear. Tutmosis II no gobernó por mucho tiempo, y cuando fue conducido hacia la vida eterna a causa de lo que 3 500 años después los escáneres tac sugieren sería una enfermedad del corazón, su heredero, Tutmosis III, aún era un niño. Como se acostumbraba, Hatshepsut asumió el control verdadero como reina regente del joven faraón.
Así comenzó uno de los periodos más intrigantes de la historia antigua de Egipto.
Al principio, Hatshepsut actuó en nombre de su hijastro. Aunque no tardaron en aparecer signos de que su regencia sería diferente. Los primeros relieves la muestran desempeñando funciones propias del rey, como hacer ofrendas a los dioses y pedir obeliscos de las canteras de granito rojo de Asuán. Tras unos cuantos años, había asumido el papel de “rey” de Egipto, poder supremo en sus tierras. Su hijastro –quien para entonces habría sido ya capaz de asumir el trono– quedó relegado a un segundo plano. Ella procedió a gobernar durante 21 años.
“Algo motivaba a Hatshepsut a cambiar la forma en que se representaba a sí misma en los monumentos públicos, pero no sabemos qué –dice Peter Dorman, renombrado egiptólogo y presidente de la American University de Beirut–. Una de las cosas más difíciles de adivinar es su motivación”.
Es posible que su línea sanguínea tenga algo que ver. En un cenotafio de las canteras de arena de Gebel el-Silsila, su administrador y arquitecto Senenmut se refiere a ella como “la hija primogénita del rey”, distinción que acentúa su linaje como heredera principal de Tutmosis I más que como esposa real de Tutmosis II. Recordemos que Hatshepsut de verdad era de sangre azul, emparentada con el faraón Amosis, mientras que su esposo-hermano era descendiente de un rey adoptado. Los egipcios creían en la divinidad del faraón; sólo Hatshepsut, no su hijastro, tenía un vínculo biológico con la realeza divina.
Aun así, quedaba el pequeño detalle del género. El reinado debía pasarse de padre a hijo, no a hija; la creencia religiosa dictaba que el papel de rey no podía desempeñarse adecuadamente por una mujer. Saltar este obstáculo debe haber requerido mucha sagacidad por parte de la mujer rey. Cuando su esposo murió, Hatshepsut prefirió no usar el título de Esposa del Rey, sino el de Esposa del Dios Amon, nombramiento que algunos creen le allanó el camino al trono.
Hatshepsut nunca mantuvo en secreto su sexo en los textos; sus inscripciones con frecuencia empleaban terminaciones femeninas. Pero en principio, parecía estar buscando formas de sintetizar las imágenes de reina y rey, como si un arreglo visual resolviera la paradoja de un soberano mujer. En una estatua de granito rojo se muestra a Hatshepsut con el inconfundible cuerpo de una mujer pero con los símbolos del rey: el nemes –tocado a rayas de la cabeza– y la cobra uraeus. En algunos relieves de templos, Hatshepsut porta el apretado vestido tradicional hasta los tobillos, pero tiene los pies separados, la postura típica del rey.
Conforme transcurrieron los años, parece haber decidido que era más fácil eludir por completo el asunto del género. Se hizo representar exclusivamente como rey varón, con el tocado, la falda shenti y la falsa barba, sin rasgos femeninos. En los relieves del templo mortuorio de Hatshepsut, ella tejió una fábula de su asunción al poder como la realización de un plan divino y declaró que su padre, Tutmosis I, no sólo quiso que ella fuera rey sino que además pudo asistir a su coronación. En los paneles se muestra al gran dios Amón apareciéndosele a la madre de Hatshepsut, disfrazado de Tutmosis I. Este le ordena a Jnum, el dios de la creación con cabeza de carnero que modela el barro de la humanidad en su torno: “Anda, hazla mejor que a todos los dioses; dale forma por mí a esta mi hija, a la cual he engendrado”.
A diferencia de la mayoría de los contratistas, Jnum se pone a trabajar, respondiendo: “Su forma será más elevada que la de los dioses, en su gran dignidad de Rey…”.
En el torno de alfarero de Jnum, la pequeña Hatshepsut es representada inequívocamente como niño. Aún se discute exactamente quién era la audiencia prevista para semejante propaganda. Es difícil imaginar que Hatshepsut necesitara apuntalar su legitimidad con aliados poderosos, como altos sacerdotes de Amón, o miembros de la élite, como Senenmut. ¿Entonces, a quién le estaba montando esa historia? ¿A los dioses? ¿Al futuro? ¿A National Geographic?
Es posible que una respuesta se encuentre en las referencias de Hatshepsut a las avefrías, aves comunes de los pantanos del Nilo que los antiguos egipcios conocían como rekhyt. En los textos jeroglíficos, la palabra rekhyt suele traducirse como “la gente común”. Se repite con frecuencia en las inscripciones del Nuevo Reino, pero hace unos años Kenneth Griffin, ahora en la Universidad Swansea en Gales, notó que Hatshepsut hizo un uso más extenso de la frase que otros faraones de la dinastía XVIII. “Sus inscripciones parecían mostrar una asociación personal con el rekhyt inigualable en esta etapa”, dice. Hatshepsut a menudo hablaba en posesivo de “mi rekhyt” y pedía su aprobación, como si la inusual gobernante fuera populista de clóset.
Después de su muerte, alrededor de 1458 a. C., su hijastro prosiguió a asegurarse su destino como uno de los más grandes faraones de la historia egipcia. Tutmosis III, como su madrastra, fue un constructor de monumentos, pero también un guerrero sin par, el llamado Napoleón del antiguo Egipto. En 19 años condujo 17 campañas en el Levante mediterráneo, incluyendo una victoria en contra de los cananeos en Megido, en el actual territorio de Israel, que aún se enseña en las academias militares. Tuvo una multitud de esposas, una de las cuales dio a luz a su sucesor, Amenhotep II.
Durante la última etapa de su vida, cuando otros hombres se conformarían con recordar sus aventuras pasadas, Tutmosis III se embarcó en un pasatiempo. Decidió borrar metódicamente de la historia a su madrastra, el rey.
Cuando Zahi Hawass emprendió la búsqueda para hallar a Su Majestad el Rey Hatshepsut, estaba casi seguro de una cosa: no era la momia desnuda que se encontró tendida en el suelo de una tumba menor. “Cuando empecé a buscar a Hatshepsut, nunca pensé que descubriría que ella era esta momia”, dice Hawass. Para empezar, no tenía ninguna investidura real aparente; era gorda, y como escribió Hawass en un artículo publicado en la revista KMT, tenía “enormes pechos como péndulos”, de la clase que más probablemente pertenecerían a la nodriza de Hatshepsut.
Meses antes, Hawass había visitado la tumba de Hatshepsut, la KV20, en busca de pistas de su paradero. Descendió 200 metros en una de las tumbas más peligrosas del Valle de los Reyes. El túnel de frágil esquisto y caliza apestaba a excremento de murciélagos. Cuando Howard Carter lo despejó en 1903, lo describió como “uno de los trabajos más fastidiosos que he supervisado”. En la tumba, Carter halló dos sarcófagos con el nombre de Hatshepsut, algunos paneles de caliza en las paredes y un cofre canope, pero ninguna momia.
Carter hizo otro descubrimiento en una tumba cercana, la KV60, una estructura menor cuya entrada estaba tallada al principio del corredor de la KV19. En la KV60 Carter halló “dos momias de mujer muy despojadas y algunos gansos momificados”. Una momia estaba en un ataúd, la otra en el piso. Carter tomó los gansos y cerró la tumba. Tres años después, otro arqueólogo llevó a la momia del ataúd al Museo Egipcio. Más tarde, se relacionaría a la inscripción en el ataúd con la nodriza de Hatshepsut. La momia en el piso se dejó como estaba, como había estado desde que fue escondida ahí, probablemente por sacerdotes durante los reentierros de la dinastía XXI, alrededor de 1000 a. C.
Con el paso de los años, los egiptólogos le perdieron la pista a la entrada de la KV60, y la momia en el piso de la tumba efectivamente desapareció. Eso cambió en junio de 1989, cuando Donald Ryan, egiptólogo y profesor de la Pacific Lutheran University en Tacoma, Washington, fue a explorar varias tumbas pequeñas y no decoradas en el valle. Incitado por la influyente egiptóloga Elizabeth Thomas, quien sospechaba que la KV60 podría alojar la momia de Hatshepsut, Ryan la había incluido en su solicitud para el permiso de investigación. Como el primer día llegó demasiado tarde para empezar a trabajar, decidió pasear alrededor del sitio para dejar algunas herramientas. Deambuló hasta la entrada de la KV19 y, sólo porque sí, pensando que la KV60 podría estar cerca, comenzó a barrer el pasillo de la entrada con su escobetilla. Trabajó hacia atrás desde la puerta de la KV19. En media hora había encontrado una rajadura en el corredor de roca. Una escotilla de piedra reveló una serie de escalones. Una semana después, con una casetera tocando la sonata Patética de Beethoven, él y un inspector local de antigüedades entraron a la tumba “perdida”.
“Fue espeluznante –recuerda–. Nunca antes había encontrado una momia. El inspector y yo entramos con mucho cuidado. Había una mujer tendida en el suelo. ¡Oh, por Dios!”.
La momia estaba acostada en una tumba que había sido saqueada por ladrones en la antigüedad. Su brazo izquierdo estaba doblado sobre el pecho, en una posición de enterramiento que algunos consideran común para las reinas egipcias de la dinastía XVIII. Ryan se puso a catalogar lo que encontró. “Hallamos la pieza facial destrozada de un ataúd y trozos de oro que habían sido raspados –recuerda–. No sabíamos qué tanto había movido Howard Carter, así que lo documentamos como si se tratara de un sitio intacto”. En una cámara lateral, Ryan encontró una enorme pila de vendajes, una pierna de vaca momificada y montones de “provisiones momificadas”, paquetes de comida dispuestos para el largo viaje por la eternidad del difunto.
Entre más estudiaba Ryan la momia, más pensaba que podría tratarse de alguien importante. “Estaba muy bien momificada –dice–. Y tenía una postura real. Pensé, ‘¿Por qué? ¡Es una reina!’. ¿Podría tratarse de Hatshepsut?
De cualquier forma, no parecía bien dejarla, quienquiera que fuera, tendida desnuda sobre el suelo en medio de un desorden de harapos. Antes de cerrar la tumba, Ryan y un colega ordenaron un poco la cámara de enterramiento. Mandaron construir un sencillo ataúd en una carpintería local. Depositaron a la dama desconocida en su nuevo lecho y cerraron la tapa. El prolongado periodo de anonimato de Hatshepsut estaba próximo a terminar.
Por mucho tiempo, los historiadores le han adjudicado a Hatshepsut el papel de la madrastra malvada del joven Tutmosis III. La evidencia de su supuesta crueldad es la forma en la que su hijastro se la retribuyó póstumamente atacando sus monumentos y borrando su nombre de los monumentos públicos. De hecho, Tutmosis III devastó la iconografía del rey Hatshepsut con el mismo rigor con el que aporreó a los cananeos en Megido. En Karnak su imagen y su cartucho, o el símbolo de su nombre, se quitaron a cincelazos de los muros de los santuarios; los textos en sus obeliscos se cubrieron con piedra (lo que, sin quererlo, los conservó en perfectas condiciones).
En Deir el-Bahari, sitio de su logro arquitectónico más espectacular, sus estatuas fueron destrozadas y arrojadas a un pozo frente a su templo mortuorio. Conocido como Djeser Djeseru, sagrado entre los sagrados, en la ribera oeste del Nilo frente al moderno Luxor, el templo está frente a un conjunto de acantilados color león que enmarca sus piedras rojizas como hace un nemes con el rostro del faraón. Con sus tres pisos, sus pórticos, sus espaciosas terrazas unidas por rampas, su ahora desaparecida calzada cubierta de esfinges, las albercas de papiro en forma de T y árboles de mirra que dan sombra, Djeser Djeseru se encuentra entre los templos más gloriosos jamás construidos. Fue diseñado quizá para ser el centro del culto a Hatshepsut.
Sus imágenes como reina quedaron intactas, pero donde se proclamaba como rey, los trabajadores de su hijastro usaron sus cinceles en un acto vandálico cuidadoso y preciso. “La destrucción no fue una decisión emocional, sino política”, dice Zbigniew Szafraski, director de la misión arqueológica polaca en Egipto que ha estado trabajando en el templo mortuorio de Hatshepsut desde 1961.
Para cuando los excavadores despejaron de escombros el templo casi totalmente enterrado, a finales de la última década del siglo XIX, el misterio de Hatshepsut se había refinado: ¿qué clase de gobernante era ella? La respuesta les pareció evidente a varios egiptólogos que se apresuraron a adoptar la idea de que Tutmosis III había atacado la memoria de Hatshepsut en venganza por su descarada usurpación del poder real. William C. Hayes, curador de arte egipcio en el Museo de Arte Metropolitano y uno de los directores de las excavaciones de Deir el-Bahari en los años veinte y treinta, escribió en 1953: “No pasó mucho tiempo… antes de que esta vanidosa, ambiciosa e inescrupulosa mujer se mostrara tal como era en realidad”.
Cuando en los años sesenta los arqueólogos descubrieron evidencia que indicaba que el destierro del rey Hatshepsut había comenzado al menos 20 años después de su muerte, la telenovela del exaltado hijastro vengándose de su inescrupulosa madrastra se vino abajo. Se concibió un escenario más lógico en torno a la posibilidad de que Tutmosis III necesitara reforzar la legitimidad de la sucesión de su hijo Amenhotep II frente a los reclamos de otros miembros rivales en la familia. Y Hatshepsut, alguna vez desacreditada por su despiadada ambición, ahora es admirada por su habilidad política.
Casi dos décadas después de que Donald Ryan redescubriera la ubicación de la KV60, Zahi Hawass les pidió a los curadores del Museo Egipcio que reunieran todas las momias femeninas no identificadas que pudieran haber pertenecido a la familia real de la dinastía XVIII, incluyendo los dos cuerpos –uno delgado, otro obeso– que se habían encontrado en la KV60. La momia delgada fue retirada de su almacenamiento en el ático del museo; la obesa, la KV60a, que había permanecido en la tumba donde fue hallada, se trasladó desde el Valle de los Reyes. En un periodo de cuatro meses, a finales de 2006 y principios de 2007, las momias pasaron por un escáner TAC que les permitió a los arqueólogos examinarlas a detalle y calcular su edad y causa de muerte.
El resultado del escaneo tac de las cuatro momias candidatas no fue concluyente. Entonces Hawass tuvo otra idea. Se había encontrado una caja de madera grabada con el cartucho de Hatshepsut en una gran reserva de momias reales en Deir el-Bahari en 1881; se creía que contenía su hígado. Cuando se pasó la caja por el escáner, los investigadores se sorprendieron al encontrar un diente. El dentista del equipo lo identificó como un molar secundario al que le faltaba parte de la raíz. Cuando Ashraf Selim, profesor de radiología en la Universidad de El Cairo, reexaminó las imágenes de las mandíbulas de las momias, vio que la mandíbula superior derecha de la momia obesa de la KV60a tenía una raíz sin diente. “Medí la raíz en la momia y en el diente y encontramos que coincidían”, dice Selim.
Para estar seguros, los científicos sólo han probado con seguridad que el diente de una caja pertenece a una momia. La identificación está basada en la suposición de que el contenido de la caja está marcado correctamente y contiene lo que alguna vez fueron las partes vitales de la famosa faraona. Pero la caja inscrita con el cartucho de Hatshepsut no es el tipo de recipiente en el que suelen hallarse los órganos momificados. Está hecho de madera, no de piedra, y pudo haberse usado para guardar joyería, aceites o pequeños objetos de valor.
“Algunos dirían que no hemos encontrado pruebas absolutas –dice Selim–. Y estaría de acuerdo”.
Pero, pregunta Hawass, ¿cuáles son las probabilidades de que una caja identificada con Hatshepsut y hallada en una reserva de momias reales contenga un diente que encaja a la perfección con el hueco en la sonrisa de una momia que se encontró junto a la amada nodriza de la gran faraona egipcia? Y es una maravilla que el diente estuviera ahí para vincular el cartucho de Hatshepsut con una momia. “Si el embalsamador no lo hubiera tomado y puesto junto al hígado, no habría manera de que supiéramos qué le pasó a Hatshepsut”, dice Hawass.
Los escáneres TAC ya han cambiado la historia, disipando las teorías de que Hatshepsut pudo haber sido asesinada por su hijastro. Probablemente murió a causa de una infección por un absceso en el diente, complicada por un cáncer de hueso avanzado y posible diabetes. Hawass especula que los altos sacerdotes de Amón pudieron haber movido su cuerpo a la tumba de su nodriza para protegerla de los saqueadores; muchas personas de la realeza del Nuevo Reino estaban escondidas en tumbas secretas por seguridad. En cuanto a las pruebas de ADN, la primera ronda comenzó en abril de 2007 y aún no ha probado nada definitivo.
“Con los especímenes antiguos nunca se tiene una coincidencia de 100 %, porque las secuencias genéticas no están completas –comenta Angélique Corthals, profesora de biomedicina y estudios forenses en la Stony Brook University de Nueva York y una de los tres consultores que trabajan con los egipcios–. Revisamos el adn mitocondrial de la momia que sospechábamos sería de Hatshepsut y el de la de su abuela Ahmose Nefertari. Existen probabilidades entre 30 y 35 % de que las dos muestras no estén relacionadas, pero debo hacer énfasis en el hecho de que sólo se trata de pruebas preliminares”. Pronto, una nueva ronda podría arrojar un veredicto más claro.
La primavera pasada, el fotógrafo Kenneth Garrett le pidió a Wafaa el-Saddik, directora del Museo Egipcio en El Cairo, fotografiar para este artículo una esfinge de piedra caliza de Hatshepsut de las ruinas de su templo, la caja de madera que contenía el diente, un busto de la faraona con la apariencia de Osiris, dios del inframundo. El-Saddik llegó al último artículo de la lista: el cuerpo momificado de Hatshepsut. “¿Quieres que retiremos el vidrio?”, preguntó incrédula, como si la momia, abandonada por tanto tiempo, ahora poseyera algo indescriptiblemente preciado. El fotógrafo asintió. La directora se estremeció. “¡Estamos hablando de la historia del mundo!”, exclamó.
Al final, se decretó que uno de los paneles de vidrio podría removerse de la caja en que estaba en la Sala de Momias Reales sin poner en peligro la historia del mundo. Mientras se instalaban las luces para fotografiar lo que quedaba de la gran faraona, me pregunté por qué era tan importante autentificar su cadáver. Por un lado, ¿qué podría animar mejor la sorprendente historia del antiguo Egipto que esa mujer que logró preservarse desafiando las fuerzas de la naturaleza y el deterioro? Ahora estaba aquí, entre nosotros, como un embajador de la antigüedad.
Por otro, ¿qué queríamos de ella? Antes que nada, ¿acaso no había algo opresivamente morboso en la curiosidad que atrajo a millones de fisgones a las salas de las Momias Reales e hizo un fetiche de la difunta real? Entre más veía a Hatshepsut, más deseaba huir de sus inconmensurables ojos y de la sofocante adherencia de su carne sin vida. La mayoría de nosotros vivimos de acuerdo con el credo del avefría, que es la antítesis de la fe de los faraones: cenizas con cenizas, polvo con polvo. Se me ocurrió que Hatshepsut está mucho más viva en sus textos, pues incluso, después de tantos miles de años, aún se puede sentir el latido de su corazón.
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Chip Brown ha escrito dos libros además de artículos para más de 30 revistas de Estados Unidos. Las fotografías de Kenneth Garrett de los faraones nubios aparecieron en la edición de febrero de 2008.






[...] Hatshepsut: la reina hombre de Egiptongenespanol.com/2009/04/01/hatshepsut-la-reina-hombre-de-egi… por jmanuelemus hace pocos segundos [...]
Me parecio fascinante el articulo. Las descripciones y la historia egipcia….màs aùn ya que en octubre del 2008 estuve en el templo monumental de tres terrazas de Hatshepsut . Què recuerdos inolvidables….Yo estuve ahì.
La verdad es que a mi me encanta la historia egipcia y se que suena un poco extraño para una chava como yo de 15 pero, es tan facinante su historia, su religion, sus faraones, como estos querian ser recordados, y algunos hasta querian ganar el titulo de dioses; esto es facinante, y este articulo, tiene tan buen detalle, que casi pude ver a la momoa de hatshepsut (en mi inaginacion, claro).
bueno, espero que sigan poniendo articulos de egipto en la revista, yo las compraria todas si fuera asi =)
esta buenisimo,,,una investigacion facinante,y pensar que ya antes de cristo la mujer queria tener, por decir de alguna manera una oportunidad para poder gobernar tan grande cibilizacion como fue egipto y por lo demas lo logro,,,fascinante el articulo ojala prnto sigan con tan buena investigaciones..
Primero que nada quiero agradecer a National Geographic, que en su edición del mes de febrero publicara mi comentario sobre “El último de los Neandertales”, fue una grata sorpresa comenzar a leer y darme cuenta de pronto que eran mis propias palabras y que al final aparecia mi nombre, de nuevo muchas gracias. En cuanto al artículo sobre Hatshepsut, parece increible la discriminación de la que fue victima en su tiempo, al punto de que su hijastro decidiera borrar cualquier referencia a ella, parecia que esta hubiese cometido algún delito. Pero el tiempo hizo justicia y lo que los cinceles y martillos quisieron borrar, el tesón de los investigadores rescató del olvido su momia a fin de darle un digno trato acorde a su investidura, Faraona de Egipto.
El articulo de Hatshepsut, es muy educativo da a conocer que la mujer desde tiempos pasados queria tener un lugar en la sociedad y que desde ese tiempo era descriminada, que mal que el hijastro destrullo casi todo lo que ella habia construido pero lei que habian quedado unas palabras escritas que el penso que habia borrado enquesea sus pensamientos quedaran para la historia como debe de ser como la Faraona de Egipto
Me encanto este articulo… Soy nueva leyendo la revista pero ya llevo varios meses comprandola… Y este es uno de los mas interesantes que he leido, luego de leerlo me interese mas por su historia y asi he descubierto cosas super interesantes.. Poco a poco NG se ha convertido en mi revista favorita.. Todo desde la informacion y los articulos hasta las fotos son un gran trabajo y me fascinan..
Saludos desde Venezuela
He quedado impresionada con este articulo , la verdad fabuloso . no tengo mas palabras para felicitar a National Geographic mis mas sinceras felicitaciones. ¡como combina¡ lo antiguo, lo moderno , o cientifico con las hipotesis , dicho en palabras sencillaas y a la ves cientificas . con todo lo que a mi me gusta escribir………y leer y calificar adios clarita
En lo personal pienso que esta faraón aun tomando en cuenta que se adjudico el titulo de faraón sin ser claramente ella la que debía de tomar dicho papel, fue una gran protagonista de los tantos reinados en Egipto y lo malo es que por su naturaleza, al morir ella, fue su hijastro quien trato de borrar toda huella de su historia, dejándola a la deriva como un muerto mas de esa época.
Excelente artículo, felicitaciones a National Geographic toda la historia egipcia es fascinante. Juanita.
Es increible pensar en la grandeza de esta reina faraon que reino en la plenitud de una dinastia y logro mantener el poder y perdurar en el tiempo a pesar de los intentos por desaparecer su legado, me encanta las descripciones del articulo me hacen imaginar cada detalle en mi mente con gran exactitud….
Facinante!!!! un muy buen articulo, es muy interesante todo lo que tiene que ver con el antiguo egipto….los felicito
Muy buen artículo. A mi hija de 8 años le facinan los artículos sobre las faraonas. Ojalá publiquen también sobre Nefertari, Nefertiti o Cleopatra VII
guah yo muero por el antiguo egipto cuanto más información exista mejor !!!
Es uno de los múltiples casos de ambición personal que hay en la historia de la humanidad, no se trata de una gloriosa causa feminista así que no debemos exaltarnos tanto para sacar conclusiones erradas, simplemente es la historia de alguien que existió hace muchos años. Por otra parte muy interesante el artículo, aún cuando tal vez se queda corto, pero eso se entiende, la investigación no ha terminado y aún faltan muchas conclusiones.
super bueno este artículo, me fascino… ver como todos pueden llegar a tener el mismo poder… excelente artículo
esto es lo que vale la pena leer me encanta cuantas cosas interesantes pueden dar a coser me encanta gracias por tanta informacion valiosa
Muy interesante el artículo.Más aún cuando se sabe
poco de esta faraona-hombre, que dejó a Egipto un llegado cultural importante, que inútilmente quiso
opacar su hijastro.También pienso que jugaron factores políticos , que, como en todos los tiempos,priman los intereses personales por sobre
el interés común a un pueblo o país…..
me fascino el articulo no me gusta mucho la egiptologia pero este tema me gusta mas q otros como pudo las diferencias en egipto dar la muerte a unas de las mujeres ams importantes de la historia egipcia y como fue olvidad y borrada de la historia.
Es impresionante la historia de esta emprendedora mujer, su distinciòn, su fe en si misma, sus ganas de dejar su nombre en la humanidad la hicieron hacer grandes obras para su civilizaciòn. Lo egipcios que fueron una civilizaciòn avanzada, con una historia nutrida, facinante,encantadora es uno de los temas que màs disfruto cuando lo tienen en una de sus ediciones. Ademàs esto es evidencia de que las mujeres hemos intentado ocupar roles importantes dentro en nuestra sociedad desde hace siglos. Esto me enorgullece enormemente ya que es muestra palpable de lo que podemos hacer las mujeres en nuestro mundo.
Es asombroso el hecho de como una mujer puede llegar a ser reína y hacerlo de una manera tan soberana como ella, así como la descripción de su descubrimiento la cual me ha resultado muy amena y misteriosa, como una novela de Mery Higgins Clark. Ahora tengo una pregunta, solo tengo 15 años, aunque soy un gran admirador del doctor Hawas y admiro su trabajo pero el misterio del antiguo egipto, todo en sí ya que tanto sus orígens como sus monumentos megalíticos tienen un gran valor sobrenatural… ¿Quién o qué fue lo que impulsó a crecer una civilización tan árida como es Egipto?.
La respuesta es que la pirámides datan del año 10000 a.c, orientadas con orión, tinen semejanzas con las marcas del desierto de Nazca en perú, las cuales estan simétricamente relacionadas con la zona del cielo Xibalba, las misteriosas formas como las de loros o ballenas no son más que reproduciones de las constelaciones de Donkey y Cetus, por ello creo que una civilizción mucho más avanzada que la Amerindia precolombina y la Egipcia reinó durante un largo periodo en el Atlántico, no insinúo una teoría tan fantástica como la de los extraterrestres pero sí algo más enigmático… Atlantis.
esto es una suposición propia que he ido resolviendo con el paso del tiempo, he mirado imágenes del cielo, constelaciones, conozco orión como la palma de mí mano y sé que esta es la verdad, lo repito de nuevo es una teoría propia, no de ningun obstinado arqueólogo o historiador, sino mía de Jorge Cordero Casquero
Me encanto el articulo, las descripciones fueron tan claras que ayudaron a imaginarme en cada una de las situacines. Solo resta por decir que la preocupación que Hatshepsut inscribió en uno de sus obeliscos : “Ahora se me vuelca el corazón cuando pienso lo que la gente dirá. Aquellos que vean mis monumentos en los años por venir, y que hablarán de lo que he hecho”.
Hoy esta claro que es una de las reynas mas grandes que egipto logro tener.
Ahunque querian desterrarla, no pudieron.
la verdad que esto de las teorias del atlantis es algo muy enigmatico y por lo tanto me llama la atencion he leido sobre esto y tengo entendido que fue una de las primeras civilizaciones aunque tambien parte de ella problabement puede estar sumergida no sabe que realment fue si una isla , continente, region la verdad en mi consideracion fue una civilizacion inmensa y en mi mente siempre estan las ruinas semihundidas de nan madol y claro las piramides egipcias es una civilizacion muy interesant igual que la oriental sus origenes son impresionantes y muchas veces mitologicos pero claro en ese entonces la mayoria de las cosas eran transmitidas por medio de tradicion aunque gracias a las excavacione y aquellas personas que dedican su vida en investigar podemos tener aclaraciones claras que transmitiremos a traves de la historia gracias por est articulo y aquellos antropologos y arqueologos
Por fin pude leerlo!
Soy malo con nombres, seguro que no me aprendí alguno (avefría me quedó muy grabado haha); pero me encanta leer este tpo de artículos y capatar la idea.
Excelente!