Parque Nacional de Oulanka: luz del Norte [Artículos]

Escrito por: Verlyn Klinkenborg el 01 de Junio de 2009 | 6:00 am
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Píceas  congeladas se destacan ante un fondo de luces del Norte que destellan en lo alto de uno de los parques nacionales más amados de Finlandia.
Foto de Peter Essick

La próxima vez que visite el Parque Nacional de Oulanka, en el extremo norte de Finlandia, me gustaría tener un metro de estatura. De esa manera, los hongos otoñales me llegarían a las rodillas y me encontraría caminando en medio de un bosque entre brezos, arándanos rojos, arándanos negros y líquenes que llegan hasta mi cintura. Con esa estatura, también los nidos de las hormigas carpinteras serían más altos que yo y, por supuesto, tendría que vigilar atentamente a alces y renos.

No es que no se pueda apreciar Oulanka con mi estatura normal. Los pinos silvestres jóvenes surgen en las laderas como lanzas estrechamente espaciadas, y los pinos viejos crecen más arriba de la cabeza y el rojo de su corteza aumenta con la edad. Los largos inviernos y las densas nevadas han reducido las píceas a delgadísimas columnas. En el verano y el otoño, la serena luz del norte parpadea sobre las hojas y la corteza de los abedules plateados y blancos. Este es el bosque boreal, que cubre casi toda Finlandia.

Aquí en Oulanka existe una riqueza inusitada debajo de los pies, una impresionante biodiversidad, sobre todo para un lugar que se encuentra a unos cuantos kilómetros al sur del Círculo Polar Ártico. La razón principal es la piedra caliza, una extrusión de dolomita muy joven –compuesta en su mayoría por carbonatos– que recubre los granitos y gneises más antiguos que componen la capa rocosa de la mayor parte del resto de Escandinavia. El carbonato ayuda a neutralizar lo que de otra manera serían tierras ácidas y agrega nutrientes fundamentales. “Sin la roca caliza –dice Pirkko Siikamäki, directora de la Estación de Investigación de Oulanka de la Universidad de Oulu, en el corazón del parque–, Oulanka sería exactamente igual al resto de Finlandia”.

En cambio, Oulanka es, a diferencia de casi cualquier otro paisaje de Finlandia, un lugar donde converge una cantidad sorprendente de zonas biológicas. Debido a su diversidad topográfica –colinas rocosas altas y valles ribereños bajos, lodazales, ciénegas y pastizales aluviales– es un tipo de encrucijada de especies que no suele coincidir. Es uno de los pocos lugares donde se encuentran especies europeas, árticas e incluso siberianas, mezcladas justo en los límites de sus hábitats.

Vine a Oulanka, como muchos visitantes, para atestiguar la grandeza de sus accidentes geográficos glaciares, en particular los cañones esculpidos por el río Oulanka, que fluye hacia el Este a través del parque rumbo a la frontera con Rusia, que se encuentra a unos cuantos kilómetros. Pero mientras más me interno en el popular sendero del parque, el Karhunkierros (Circuito del Oso), menos me fijo en las principales características de este paisaje: marmitas de gigante –cuencas creadas por pedazos de hielo fundidos dejados por los glaciares– o enormes grietas causadas por la erosión del río Oulanka, o incluso el dosel de ramas de pino y píceas por arriba de mi cabeza. En cambio, me pierdo en la contemplación del suelo del bosque.

La palabra “suelo” no capta lo intrincado y complejo de este terreno. La palabra es demasiado bidimensional y despectiva. Esto no es el tapete plano y seco de agujas que se encuentra a menudo en los bosques de coníferas del oeste estadounidense. Las agujas que aquí se ven en la superficie –empujadas por los hongos que brotan o atrapadas en las hojas de un arándano rojo– son como un techo de paja en una ciudad subterránea interconectada. Este es un lugar donde los años se pueden medir en topillos, especialmente el rojo y el agreste, que hacen agujeros en la masa de plantas bajas a nivel del suelo. En ciertos años el número de topillos aumenta vertiginosamente, gracias a la abundancia de alimentos y a pocos brotes de enfermedades. Un buen año de topillos –cuando abundan por todas partes– es bueno para casi todos los miembros carnívoros de la cadena alimenticia: zorros, armiños, comadrejas, búhos y otras aves de presa. Un mal año de topillos –y los años recientes han sido desalentadores– es uno malo para los depredadores en general.

En un sentido, el bosque de Oulanka no está compuesto de árboles. Estos se entrelazan en el bosque por medio de la comunidad biótica y sus raíces, por la sorprendente variedad de escarabajos, plantas, líquenes y hongos. Todas estas especies están protegidas por el dosel de ramas y, a cambio, ellas ayudan a descomponer y hacer circular los nutrientes en el suelo.

El bosque se entrelaza, sobre todo, por medio de las hormigas carpinteras. Una tarde, cerca de los aapa mires –las turberas húmedas–, en el extremo arenoso norte del parque, me senté y observé trabajar a una colonia de hormigas. Su montículo, de un metro de alto aproximadamente, parecía la gran joroba del hombro de un oso pardo con pelaje de agujas de pino. El montículo estaba plagado de pequeñas hormigas rojas que entraban y salían por varios accesos. El movimiento era tan constante y tan decidido que el montículo completo parecía enfocarse y desenfocarse ante mis ojos.

Y, sin embargo, esta era sólo la actividad superficial de esas hormigas. De hecho, sus caminos recorren todo el bosque: por debajo y por encima de la tierra, subiendo por los troncos de los árboles y llegando hasta las ramas más altas.

Las colonias de hormigas –algunas de las cuales pueden ser tan viejas como los árboles maduros de Oulanka– constituyen en sí mismas organismos a gran escala que evitan la presencia de otros insectos. Si toda la biomasa de una colonia de hormigas se concentrara en un solo individuo capaz de recorrer todo el lugar y mostrar sus verdaderas proporciones biológicas, superaría incluso al oso más grande. En resumen, las hormigas carpinteras desempeñan un papel vital en la regulación de la economía del bosque de Oulanka. Constituyen la piedra angular de sus especies.

Los parques nacionales preservan más que la vida y el paisaje dentro de ellos. También los supuestos culturales de las naciones que los crean. Al igual que los demás parques de Finlandia, Oulanka ayuda a preservar un intenso vínculo cultural con el bosque, parte del retiro anual al campo, amado profundamente por los finlandeses en el verano y el otoño.

Por todo Oulanka –en sus zonas de acampar, sus puentes colgantes y sus senderos muy bien cuidados– encontré excursionistas que cargaban bolsas de hongos comestibles que habían recogido a lo largo del camino. En un parque nacional estadounidense, como Yellowstone, sería ilegal. Pero los finlandeses conservan una costumbre llamada “el derecho de cualquier hombre” que, entre otras cosas, le permite a cualquier persona recoger bayas y hongos –pero no madera ni líquenes ni musgos– donde ella quiera, incluido Oulanka.

Los renos son quizá los habitantes más desconcertantes de Oulanka. Solos o en pequeñas manadas, se mueven a lo largo del parque pastando hongos, líquenes y plantas verdes. Los renos son de color gris claro, a menudo con pelaje blanco que les crece abajo en las patas, hacia las pezuñas, lo que les da la apariencia de llevar polainas. En este escenario se ven completamente naturales, una versión finlandesa del ciervo mulo o del venado rojo. Y, sin embargo, se trata de renos semidomesticados, fuentes de carne y pieles que portan etiquetas identificadoras en orejas y collares; sus propietarios los pastorean en el otoño y los guardan en corrales durante el invierno.

Todo el Parque Nacional de Oulanka se considera parte del área local de pastoreo de renos. Encorralarlos y alimentarlos durante el invierno ha reducido el daño que le hacen a la maleza en Oulanka. Sin embargo, entre algunos finlandeses existe la idea de que los días de los pastores de renos están contados, al menos en esta parte del país. El trabajo es simplemente demasiado difícil y los dividendos, muy pequeños.

Pese a su serenidad –los tranquilos recodos en el río, la profunda quietud de las turberas y las hileras de píceas–, Oulanka tiene algunas cicatrices de la historia moderna. Es una tierra muy, muy antigua, pero el parque es joven, ya que se estableció apenas en 1956. Los lugareños te pueden mostrar los sitios de los emplazamientos de ametralladoras río arriba y te recordarán –con sentimientos que aún parecen muy recientes– que los finlandeses combatieron amargamente a los rusos en los primeros días de la Segunda Guerra Mundial. Si te diriges en automóvil a la zona fronteriza, una puerta de metal bloquea la carretera, pero no la geología ni las comunidades biológicas que hacen tan rico a Oulanka. Estas siguen a lo largo de la frontera en lo que alguna vez fue territorio de Finlandia y ahora es un parque nacional ruso llamado Paanajärvi.

Kari Lahti, director del Parque Nacional de Oulanka, habla con su contraparte rusa en Paanajärvi casi todas las semanas. Juntos buscan el modo de que ambos parques sean uno solo, al menos desde la perspectiva del visitante. Quizá algún día sea posible subirse a una canoa, escabullirse por los bancos de arena del río Oulanka y pasar a Rusia, sin ser interrumpido nada más que por una familia de serretas grandes levantando el vuelo.

Es posible que no te quieras ir. Una vez que has visto un nido de hormigas carpinteras o el crecimiento de los hongos en otoño o el suelo blanqueado por el liquen de reno, quizá te encuentres mentalmente caminando entre ellos con un metro de estatura, en un campo donde los topillos son del tamaño de una oveja y una hectárea de Oulanka es todo un mundo.

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Verlyn Klinkenborg es autora de Timothy, or Notes of an Abject Reptile. Fotografías de Peter Essick aparecieron en “El auge del petróleo canadiense”, en la edición de marzo.

Un comentario

  1. Escrito por Victor:

    Sorprendente la manera de describir este parque, fácilmente me llevo a imaginar la belleza de su biosfera y geográfica, es hermoso preservar tan maravillosos lugares llenos de fascinantes colores y formas únicas de cada región.
    Tomando en cuenta su punto de vista, si seria mejor unificar los ahora divididos parques en una tierra libre de fronteras, es pertinente hacerlo, ya que ambas naciones contribuirían en conjunto para protección de este parque.

    Con lo que describe, es fácil deducir de donde surgen tan magnificas obras literarias y musicales, de artistas con raíces finlandesas.

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