El virus del pánico [Del editor]
Escribo estas líneas el 1 de mayo de 2009, confinado en mi departamento en la Ciudad de México, mientras veo por la ventana desfilar a decenas de mexicanos sumidos todavía en la desesperación, con las bocas tapadas con máscaras quirúrgicas que se retiran hastiados en ocasiones por la canícula de mayo. Recuerdo la primera vez que visité Nueva York en la década de los ochenta. Muchos lo consideraban un viaje temerario a un “lugar inmoral” donde radicaba un “virus neoyorquino”, entre otros adjetivos adjudicados a una simple aunque irreductible cadena de proteínas: el VIH. Aun años después del brote de un patógeno, es difícil convencer a las personas que los virus no tienen ni nacionalidad ni nombre, que no gustan específicamente de hombres, mujeres, chinos, griegos, neoyorquinos ni mexicanos. No, los virus gustan de todos los seres humanos por igual. “En una epidemia no hay culpables, sólo hay víctimas”, dice José Saramago en su ilustre Ensayo sobre la ceguera.
Ahora me encuentro en lo que parece la “zona cero” de una nueva pandemia, cuyos verdaderos alcances son difíciles de vislumbrar, aunque parece contenida y en declive por el momento. Desde luego todos esperamos que esta tendencia prevalezca.
En mis breves excursiones al mundo exterior durante estos días de contingencia sanitaria, he oído comentarios y visto actos de higiene rayanos en la locura. ¿Para qué existirán frases célebres sobre la historia, si de cualquier manera estamos condenados a repetirla? En el siglo XIV, la peste negra cobró 25 millones de vidas, entonces un cuarto de la población mundial. “Basta mirar a un enfermo para contraerla”, afirmaba Boccaccio en su libertino e iconoclasta Decamerón. En algunos lugares de Europa se culpó de este azote a los chinos, a los pobres, a los mendigos y, como suele suceder, a los judíos, de quienes se sospechaba envenenaban el agua de los pozos con toda crueldad durante las noches. La sífilis tuvo muchos seudónimos ahora risibles: enfermedad polaca, morbo francés, peste napolitana. En siglos más recientes hemos sido azotados por la “gripe española” de 1918, la “gripe asiática” de 1957, la “gripe de Hong Kong” de 1968, la “gripe rusa” de 1977 y la “gripe aviar”, entre otras.
El origen de un nuevo patógeno sin duda es información relevante para los científicos serios que los estudian, siempre y cuando sea efectivamente rastreado, lo cual representa una frustrante tarea detectivesca que, en buena parte de las ocasiones, suele terminar en nada muy concluyente. Con todo, resulta curioso que varios de los conatos de pandemias que hemos sufrido en las últimas décadas hayan provenido de mutaciones virales fraguadas a partir del contacto entre seres humanos y otras especies, como monos, aves, caballos… y por supuesto cerdos. Por ello decidí incluir en esta edición un artículo de David Quammen sobre enfermedades zoonóticas, palabra aparentemente altisonante que no se refiere más que a infecciones que se transmiten sólo de animales a humanos.
En estos días de encierro forzado, traté de seguir la información sobre esta nueva pandemia a través no sólo de periódicos en línea, sino mediante varias redes sociales como Twitter, donde, según mis cálculos, los posts fluían a una razón promedio de 20 por minuto. Esa noche me fue imposible conciliar el sueño. Siempre he creído que lo único peor que la falta de información es el exceso de ella. Así fue como me enteré de toda clase de “hipótesis”, que iban desde conspiraciones nacionales e internacionales y fugas de laboratorios biotecnológicos ubicados en búnkers cercanos al magma, hasta intervenciones escatológicas y/o extraterrestres. Hipótesis que estaré encantado de creer en cuanto alguien se encargue de recolectar pruebas fehacientes y suficientes.
Al momento del difícil cierre de esta edición se ignoran muchas cosas sobre el nuevo virus, y no creo equivocarme al pensar que pasarán muchas ediciones más sin que queden claros todos sus mecanismos de acción. ¿Qué hacer entonces? Informarse constantemente pero sin saturarse; actuar con precaución pero sin paranoia; seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias locales y de la Organización Mundial de la Salud. Y, particularmente en el caso de México y otros países latinoamericanos con “libertades farmacológicas”, no automedicarse bajo ninguna circunstancia, so pena de abrir una verdadera caja de Pandora con un virus resistente a los antivirales que hasta ahora han probado gran eficacia contra la enfermedad.
Y, desde luego, tendremos que seguir disfrutando de la vida, o empezar de una bendita vez a hacerlo.
Escribo este editorial todavía confinado en mi departamento en la Ciudad de México, mientras la epidemia muestra indicios de un decremento esperanzador. Y a pesar de las probabilidades del repunte de la influenza humana en invierno, confío en que no caigamos enfermos con el “virus del pánico”, que no tiene ni proteínas, ni ácidos nucléicos, ni nada, pero que es en ocasiones más peligroso que cualquier otro.
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Omar López Vergara es Editor para América Latina de la revista National Geographic en español.





Me parece muy interesante tu editorial, solo que a un mes de la crisis sanitaria ya no es conveniente seguir tratando el tema de manera alarmante sobre todo en internet que tiene bastante proyección a nivel mundial y la página de NG que tiene miles de usuarios de diferentes países.
La industria turística, a la que me dedico, ha sido gravemente afectada, he estado viajando por México y de verdad los destinos turísticos han caido a niveles del 5% de ocupación y el empleo ni se diga, claro que se han tomado medidas para recuperar esta fragil industría; pero los medios o las opiniones públicas como en tu caso, no ayudan mucho. No te critico por el contenido de tu artículo, solo que el tiempo de crisis ya pasó. También trabajo en un medio de comunicación (pero en pro de incentivar viajar y lo hago desde hace 8 años)lo unico que deseo como muchos otros mexicanos, es que la economía y el empleo se reactive. gracias por tu atención.
Es triste ver como este virus se ha transformado en un foco de alarma mundial en donde todos se ocupan de invertir en medicamentos o en tomar las medidas precautorias para no contagiarse, ver como los gobiernos restringen sus fronteras para que el virus no los dañe, sin embargo cada uno de los países del mundo cuenta con sus propios virus, delincuencia que mata a unos cuantos al año, analfabetismo gente muere sin saber escribir su nombre, alcoholismo, drogadicción, etc. Quisiera pensar que todos los que están lucrando con esta PANDEMIA van hacer algo por todas las otros virus ó enfermedades que atacan el mundo ya sean sociales, culturales.
Es necesario crear una alarma mundial para participar de ella para que algunos s hagan multimillonarios.
Hey ya hoy a 6 de junio puedo decirte lo que creo, los grandes gobiernos (lease USA) en aras de distraer la atención de la crisis económica mundial generada por ellos y en compañia de los laboratorios generan caos y pánico en la población en general que esta primero desinformada y luego es bombardeada con mas información de la que pueden procesar.
Eso es lo que creo, todos los días por simples gripas o enfermedades respiratorias aguadas se mueren miles de personas, cada día mueren millones de niños de hambre y eso no nos mueve un ápice, entonces tristemente creo que a los Mexicanos lindos y al resto de nuestro planeta nos metieron los dedos en la boca.
gracias.
me parecio muy asertado su comentario porque si hubo mucho panico y realmente el mayor daño fue el panico que causo mucho estres en las personas
Para tener acceso al fondo para emergencia es necesario tener una. La “gripa de cochino” (el virus A1H1) no es nesesariamente mortal, los casos mortales no superan los de una temporada regular de influenza, y sin embargo se declaró la contingencia sanitaria, con ello se pudo tener acceso a los recursos del FMI, endeudando al país casi tres veces más. No me parece que haya sido útil para distraer la atención de la crisis económica. Me parece que se trata de una operación concertada entre los gobiernos de México y el de EU, para sacar ventaja de una situación que, como comenté no era de tal gravedad, pero que al presentarla así se han visto beneficiados. La administración que ocupa la presidencia de la república en México obtiene dinero sin la anuencia del congreso para contratar deuda, hereda el compromiso de pago a las generaciones futuras, hace uso discrecional del dinero en la antesala de una contienda electoral como lo denuncia la ASF, y por el otro lado, el gobierno de EU a través de sus instituciones financieras compromete economicamente a un país de relevancia geoestratégica para sus intereses. Quisera ser más explicito: Nos da gripa, Nos dan dinero para la emergencia, se demuestra que no es tan grave, y podríamos devolver el dinero. No devolvemos el dinero y nos quedamos con la deuda. Casi olvido mencionar que en nombre de la contingencia sanitaria se aprobó la intromisión de las fuerzas policiales del estado en los domicilios donde pudiera haber algún riesgo, pasó la siempre no tan grave contingencia, pero queda el permiso para que el estado pueda entrar a los domicilios sin el debido proceso judicial.
No quisiera negar al patógeno agente viral, la mutación de millones de ellos no es cosa nueva, es tan antigua como la vida misma, el intercambio de material genético es mucho más intenso en las comunidades mas densas. El virus puede ser mortal. Pero lo que hemos visto es un espectaculo de simulación que ha servido para encubrir una operación económica desde los más altos niveles de la administración de los gobiernos. Ello me da la pauta y el motivo para pensar que se trata de una acción de gobierno que consiste medularmente en la invención y administración de la amenaza. que en este caso se trata del virus del miedo. Ya sé que el editor se refiere al virus del pánico pero es otra su postura y otro el argumento por el que llega a llamarle el virus del pánico. Yo insisto en mi argumento y en llamarle así: “Gripe de cochino o el virus del miedo”.
Lamentablemente ha sido muy impactante esta noticia para la sociedad Mexicana,
El terror de la pandemia es muy inspirador para personas inconscientes de lo que una noticia errónea puede causar, es el motivo ciertamente a lo que usted nombro la saturación de información, en muchas circunstancias hasta con tintes de Ciencia Ficción, lo mejor es actuar cautelosos ante situaciones de esta especie.
Me agrado vuestro articulo, muy realista ante lo hoy vivido.
Ahora me encuentro trabajando como voluntaria en Paris y puedo decirles que mis compañeros mexicanos en Europa han empezado a decir que son de otras nacionalidades cuando conocen a alguien. Definitivamente se contagiaron de pánico, otros pensaban cancelar sus boletos de avión para las vaciones de verano por temor a ser discriminados. Las primeras semanas de la gripa era asediada con preguntas sobre esta y la situación en México. No entiendo cómo la gente puede ver y escuchar en los medios “la misma cosa” y todavía salir a la calle con el afán de respirarlo. Lo que son peor son los nuevos casos aislados, pues la gente continua maquinando teorias extravagantes.