Correr como locos [Cultura]
![Correr como locos [Cultura] En un ultramaratón en Marruecos, las pantorrillas son cubiertas con polainas para que la arena no penetre en calcetas y zapatos. Foto de Pierre Verdy, AFP/Getty ImagesGES.](http://ngenespanol.com/wp-content/uploads/2009/10/culturamaraton-ppal.jpg)
En un ultramaratón en Marruecos, las pantorrillas son cubiertas con polainas para que la arena no penetre en calcetas y zapatos. Foto de Pierre Verdy, AFP/Getty ImagesGES.
Steve Holman, de 52 años, está corriendo 201 kilómetros en el desierto del Sahara. Toda su comida para el Marathon des Sables anual se encuentra en el paquete de 11 kilos a su espalda. Bajo un calor de 37.8 ºC lucha para subir unas cuantas dunas de 61 metros, a veces gateando. Solo en medio de una tormenta de arena una noche, sin estar seguro de ir en la dirección correcta, piensa: “¡Sí! ¡Por esto estoy aquí!”.
Sus amigos creen que está loco. Es la opinión común sobre las “ultracarreras”, cualquiera más larga que un maratón convencional.
A finales del siglo XIX, los ultracorredores competían alrededor de una pista mientras los espectadores apostaban. Hoy las carreras de circuito coexisten con las de ruta en todo el mundo. UltraRunning Magazine contó 503 ultras norteamericanos el año pasado, con 30 789 finalizaciones, 20 % más que en 2007. Los ultracorredores pagan un precio: náusea, dolor, pérdida de uñas de los pies. Pero ganan muchos amigos y aprenden que el cuerpo humano es más fuerte de lo que se imagina. Dice Leslie Antonis, de 47 años, quien alguna vez corrió 161 kilómetros en 34 horas: “es sorprendente lo que puedes hacer sin dormir”. —Marc Silver





estoy impresionado por la resistencia de estas personas que se encuentran con esas resistencias es un maravilloso articulo me dio mucho gusto gracias por su revista es completamente gratificante que haya este tipo de articulos
Es asombroso, esto es muestra de que el hombre puede conseguir lo que se propone, la fuerza fisica de estos corredores junto con su condicion son realmente para respetarse, gracias nat geo por darle lugar a estos reportajes