
En ninguna parte de Italia, donde la calamidad se adorna con ademanes rococó y está bordada con signos de admiración, hay una crisis más hermosamente enmarcada que en Venecia. Ni en la tierra ni en el agua, sino en un lugar intermedio, la ciudad se eleva como un espejismo desde una laguna en el Adriático. Por siglos ha amenazado con desaparecer bajo las olas del acqua alta, inundaciones habituales causadas por la complicidad de la subida de las mareas y cimientos que se hunden, pero ese es el menor de los problemas.

“Escucha con atención a los pacientes y ellos te dirán el diagnóstico”, recomienda una máxima médica. Pero ¿y si el paciente ha estado muerto por un milenio?

“La prenda busca siempre la confección más barata”. El eslogan de la industria del vestido explica por qué más de 90 % de la ropa que se vende en Estados Unidos está hecha en el extranjero, dice Mike Todaro, de la American Apparel Producers’ Network.

Existe la pizza, y existe la Pizza Napoletana. Ambas, según los conocedores, tienen tanto en común como un Burdeos premier cru y el vino barato en botellas con tapa de rosca. Muy pronto, la pizza napolitana ingresará al panteón de los comestibles certificados por la Unión Europea, como el jamón serrano español y el queso azul inglés Stilton.

Durante una misión en Panamá, en 1941, Luis Marden descubrió una población de truchas, en las laderas arboladas de un volcán: por serendipidad, algún colega ‘‘truchófilo’’ abasteció el río con esta especie en 1925.