
Siempre es fácil convencer al turista de los atractivos de Praga, sobre todo si se trata de su arquitectura, música e historia. Sin embargo, la cocina checa nunca ha sido del todo apreciada, de modo que Praga compensa con su delicioso buffet de palacios, conciertos y calles empedradas.

Así como el Danubio separa la Colina del Castillo en Buda de los elegantes bulevares de Pest, la capital húngara de Budapest posee un lado sofisticado y otro hedonista. Su grandiosidad de Viejo Mundo, impresionante arquitectura y rica herencia cultural le brindan a Budapest un indiscutible aire de nobleza y, no obstante, la ciudad también ofrece infinidad de oportunidades de diversión, esparcimiento y exageración en todo: desde ópera hasta vino, vida nocturna y lo más moderno del arte.

Olvídese de Kafka, el valor poscomunista y los autores que aspiran a escribir la Gran Novela Estadunidense, porque todas las viejas concepciones de Praga están completamente desfasadas. Por el contrario, se trata de una ciudad moderna y muy confortable, entre las más occidentales (literalmente y en sentido figurado) de todas las capitales del antiguo bloque comunista, donde todos los días se echan por tierra los viejos mitos sobre Europa Occidental.