
Se instalaron casi 13 kilómetros de alambrado para seguridad; los paseos de la playa quedaron impecables. Para cuando llegaron los líderes de los ochos países industrializados para la cumbre G8 a principios de junio, la ciudad spa de Heiligendamm, en la costa báltica de Alemania, había cerrado su círculo

No hace mucho tiempo, Brunnenstrasse –calle que nace en el extremo norte de Mitte, el vanguardista centro de Berlín– parecía una elegía poscomunista con sus fachadas grises, graffiti e incluso una sucursal de la cadena de sex-shops Beate Uhse. Toda la zona permanecía inmune al aburguesamiento. Pero conforme las ruinosas áreas, como Auguststrasse, comenzaron a saturarse y encarecerse, e incluso volverse convencionales, Brunnenstrasse empezó a surgir como el nuevo distrito de galerías para la élite artística de vanguardia.