
La premisa era contundente: sin un cuerpo físico bien conservado, el fallecido no podría realizar su tan anhelado viaje al más allá: por tanto, las técnicas de momificación tendrían que ser perfectas, y los embalsamadores, artistas grandiosos.
Los artículos de National Geographic suelen cambiar la vida de multitud de personas, incluyéndome a mí. Hace algunos meses escribí un artículo sobre ahorro de energía que modificó mis malos hábitos de consumo, los de mis vecinos y, según aprecié por las cartas recibidas posteriormente, los de muchos lectores.
Por su abundancia de recursos naturales, América Latina ha estado históricamente en una posición difícil. Como aprendimos en la educación elemental, esta jauja regional de oro, plata, cobre, plantas, animales y petróleo nos ha costado unos buenos baños de sangre.

Mi abuela murió a la provecta edad de 96 años convencida de que el hombre jamás había llegado a la Luna, a pesar de que no perdía oportunidad para reunirse religiosamente frente al televisor en blanco y negro y repasar cualquier retransmisión de ese momento dorado de la humanidad. “¡No es cierto, no es cierto y no es cierto!”, vociferaba rodeada de sus nietecitos mientras repartía bastonazos al aire.

Entrevista con el doctor Samuel Ponce de León, representante de México ante el Comité de Emergencia de la OMS.