Por su abundancia de recursos naturales, América Latina ha estado históricamente en una posición difícil. Como aprendimos en la educación elemental, esta jauja regional de oro, plata, cobre, plantas, animales y petróleo nos ha costado unos buenos baños de sangre.

Mi abuela murió a la provecta edad de 96 años convencida de que el hombre jamás había llegado a la Luna, a pesar de que no perdía oportunidad para reunirse religiosamente frente al televisor en blanco y negro y repasar cualquier retransmisión de ese momento dorado de la humanidad. “¡No es cierto, no es cierto y no es cierto!”, vociferaba rodeada de sus nietecitos mientras repartía bastonazos al aire.

Entrevista con el doctor Samuel Ponce de León, representante de México ante el Comité de Emergencia de la OMS.
Dicen que la mejor estrategia del diablo es hacernos pensar que no existe, buena metáfora para estos tiempos inciertos, quizá más que otros, y eso es mucho decir. Un críptido, gestado aparentemente en Puerto Rico en 1992, llegó a México pocos años después: se decía que la bestia, sostenida en dos patas, con ojos de fuego y manos de garra, cobraba la vida de cientos de cabras en todo el país, mutilando sus extremidades con exactitud de carnicero.
Últimamente he recibido muchas cartas respecto a nuestra sección “Imágenes de la Tierra” de la edición de mayo de 2009, en donde calificamos a las Islas Georgias del Sur como un “remoto territorio británico” . Agradezco la corrección para indicarnos que las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur forman parte integrante de la República Argentina. Geográficamente, sin embargo, se trata de un territorio en disputa, así considerado oficialmente por National Geographic Society.