Londres

Después de 12 horas de viaje desde Houston, no sé dónde termina mi trasero y dónde empieza mi asiento de clase económica. A la mitad de mi vida, finalmente he logrado cruzar el charco para explorar Londres, la única ciudad europea con la que siento alguna relación. Durante mi infancia en Texas, mi padre –enviado a Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial– me contó innumerables anécdotas sobre esta capital que Alemania trató de destruir. En aquellos turbulentos días, me dijo, el mundo libre estaba pendiente de las transmisiones de radio de la BBC, que siempre empezaban con ‘‘Esta es Londres al habla.’’




