La vida en el borde

En una gélida tarde de mayo, me deslicé por una grieta en el hielo marino y me sumergí en el océano Ártico. El golpe del agua helada en mi cara y mi capucha de neopreno fue tan violento que creí que vomitaría.

En una gélida tarde de mayo, me deslicé por una grieta en el hielo marino y me sumergí en el océano Ártico. El golpe del agua helada en mi cara y mi capucha de neopreno fue tan violento que creí que vomitaría.

Bucear aquí parece una locura, pero es la única manera de presenciar algunas de las corrientes de agua más rápidas del mundo. Por lo tanto, mi compañero de buceo y yo abandonamos la protección de una bahía llamada God’s Pocket, en el extremo norte de la Isla de Vancouver, y dirigimos nuestro bote hacia los Rápidos Nakwakto. De pronto, cuando la corriente de reflujo drena de los fiordos hacia el Estrecho Queen Charlotte, el agua liberada pasa por la Isla Tremble a una velocidad de 14.5 nudos.