
Es raro que la historia se desarrolle como una fábula. Sin embargo, consideremos lo siguiente: un barco mercante portugués del siglo XVI, que llevaba una fortuna en oro y marfil y se dirigía a un afamado puerto especiero en la costa de India, es desviado de su curso por una feroz tormenta cuando trataba de rodear el extremo meridional de África. Días después, maltrecho y destrozado, el barco se va a pique en una misteriosa costa rodeada de niebla y salpicada por más de 100 millones de quilates de diamantes, una burla cruel para los sueños de riqueza de los marineros. Ningún náufrago regresó a casa.

La emoción de aventurarse al otro lado del mundo se debe, en gran parte, al romanticismo de lo diferente. Así que es difícil no sentir un poco de empatía por el Capitán James Cook cuando “descubrió” Hawai un día de 1778.

Durante años, he seguido desviaciones para explorar parques, zigzagueado tras el aroma que emana de las panaderías y sucumbido a la seducción de los escaparates, por lo que ahora estoy listo para un nuevo descubrimiento. Eso es lo que hacen los neoyorquinos, así que acompáñenos, sea uno de nosotros y prepárese para caminar por Nueva York.

Es difícil definir a Adelaide, con su extraña mezcla de gran sofisticación y espléndida actitud campirana. Por otra parte, al fungir como escenario de festivales internacionales de música, arte, cine y literatura, es también el corazón cultural de Australia.