
Al pasar por una curva a lo largo del río Omo, en Etiopía, el escritor Neil Shea y sus guías, Lale y Bache, se encontraron ante una situación inusual. Un hombre de la etnia kara y una mujer de la hamar batallaban para arrastrar una vaca fuera del agua, después de que había resbalado y caído.

A 64 kilómetros al sureste de Lima, contra un retablo de olas, rocas y cielo, cuatro delfines de nariz de botella saltan en sincronía por la superficie. Alimentadas por la Corriente de Perú, rica en nutrientes, estas aguas rebosan de vida marina.

En Sulaymaniyah, unos 260 kilómetros al noreste de Bagdad, en una sala de conciertos devastada por la guerra, el saqueo y la negligencia, un niño violinista toca una nota de esperanza. Su maestro, Azad Maaruf, vive ahí, enseñando a muchos estudiantes.

David Littschwager fotografió más de 600 especímenes, sin contar las decenas de miles de crías con aspecto de camarón y otros tipos de plancton que pasaron a la deriva por el cubo en una noche oscura. Los investigadores de Biocode llevan a cabo la secuenciación del ADN en la colección de Liittschwager, parte de un esfuerzo mayor para establecer un identificador único en cada una de las especies.

Como pastel de limón sobre pétalos, un loto florece en el estanque de un jardín en Maryland. El círculo verde limón de ocho centímetros de diámetro está punteado por 23 receptáculos de semillas y anillado por sacos de polen inmaduro.