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	<title>National Geographic en Español</title>
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	<pubDate>Wed, 01 Jul 2009 20:38:01 +0000</pubDate>
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		<title>Los serbios: una nación dividida [Artículos]</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2009 11:01:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Chris Carroll</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Artículos]]></category>

		<category><![CDATA[Kosovo]]></category>

		<category><![CDATA[Serbia]]></category>

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		<description><![CDATA[Por más de un milenio, las migraciones y las guerras han dispersado a los serbios a lo largo de las tierras de la antigua Yugoslavia. Los serbios de hoy se debaten entre el deseo –arraigado en su historia– de unir a su pueblo diseminado y el de unirse a Europa, aceptando una Serbia disminuida.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por más de un milenio, las migraciones y las guerras han dispersado a los serbios a lo largo de las tierras de la antigua Yugoslavia. Los serbios de hoy se debaten entre el deseo –arraigado en su historia– de unir a su pueblo diseminado y el de unirse a Europa, aceptando una Serbia disminuida.<br />
</strong></p>
<p><img src="http://ngenespanol.com/wp-content/uploads/2009/07/serbios-ppal.jpg" alt="" title="Los serbios: una nación dividida [Artículos]" width="480" height="319" class="alignnone size-full wp-image-6602" /></p>
<p><small>Una pareja musulmana pasea por un cementerio de Sarajevo dedicado a los muertos en guerra del ejército bosnio. De 1992 a 1996, las fuerzas rebeldes serbio-bosnias ocuparon las colinas circundantes y abrieron fuego, matando a miles en un intento por forjar un Estado serbio en una Bosnia multiétnica.<br />
Foto de Chris Anderson</small></p>
<p><strong>En el aislado poblado de Velika Hoca, en el suroeste de Kosovo –una nueva nación o una provincia rebelde de Serbia, según a quién se le pregunte–, la gente aún habla de una pelea que sucedió hace varios años.</strong> Fue después de la guerra de Kosovo, que comenzó entre las guerrillas separatistas albanesas y las fuerzas serbias, y concluyó cuando los ataques aéreos de la OTAN azotaron Serbia y a su tiránico presidente, Slobodan Milosevic, hasta su rendición en junio de 1999. Occidente intervino para detener las atrocidades en contra de los albaneses de Kosovo e impedir una crisis de refugiados, suponiendo que la paz reinaría una vez que el dictador y sus combatientes fueran derrotados.</p>
<p>Pero no hubo paz en la realidad de la posguerra. La mayoría albanesa estaba ahora en lo alto, y la minoría serbia se fue al fondo. Las matanzas de civiles continuaron. Y una nueva ola de refugiados, esta vez serbios, salió de la montañosa Kosovo, región de conflictos étnicos endémicos y estancamiento económico.</p>
<p>El día de la pelea en Velika Hoca, en un valle entre las rocosas colinas donde unos cuantos cientos de serbios se atrincheraban, un político local y ex soldado de nombre Bojan Nakalamic –bajo, fornido y arrogante, de menos de 30 años de edad– asestó un golpe a nombre del orgullo serbio. Queda poco de eso en este sitio al que los serbios llaman su antigua tierra de origen.</p>
<p>Según cuenta la historia, varios jóvenes albaneses entraron en el pueblo y prestaron demasiada atención a algunas mujeres locales. El día terminó cuando los albaneses fueron humillados como correspondía y expulsados del reducto serbio. Fue Bojan Nakalamic quien dirigió la golpiza.</p>
<p>Para la gente de Velika Hoca, eso demostró que los serbios aún eran capaces de producir un campeón, un hombre al cual se le temiera. Para mí, entre más me contaban la historia, más sonaba a que Nakalamic era un matón nacionalista.</p>
<p>Así que cuando finalmente lo conocí fue una sorpresa enterarme –en uno de los clásicos reveses alucinantes de los Balcanes– que el tipo rudo que había golpeado a los albaneses por cruzar las fronteras culturales se había aliado políticamente con ellos, uniéndose a su nuevo gobierno y desafiando a Serbia en el proceso. El propósito de Nakalamic no es apoyar al nacionalismo albanés. Sin embargo, como miembro de un pueblo golpeado en una tierra hostil, concluye que recluirse en un gueto serbio significa la perdición. Me dijo, cuidando sus palabras: “Si queremos sobrevivir en Kosovo, tenemos que participar”.</p>
<p><strong>La bandera de la Iglesia ortodoxa serbia, guardiana de la identidad serbia a lo largo de siglos de lucha, lleva el lema: “Sólo la unidad salvará a los serbios”. </strong>Se enarbola sobre un pueblo marcado muy profundamente por el pasado. Las guerras y los caprichos de los imperios conquistadores han dispersado a los serbios, que suman más de 10 millones, hacia el sur en zonas de Kosovo (donde permanecen 125 000) y Montenegro; en toda la parte central de Serbia, donde ahora vive la mayoría; el norte de Hungría, y el oeste a lo largo de Bosnia y Herzegovina y Croacia (muchos otros se han dispersado por Europa occidental y Norteamérica). Por siglos han luchado con fervor épico para unir a su diseminado pueblo, definir sus tierras y preservar su identidad única.</p>
<p>Pero la búsqueda de unidad ha llevado a los serbios a fuertes conflictos con sus vecinos del mosaico étnico de los Balcanes y con el resto del mundo. Hoy son vistos como los principales agresores en las sangrientas guerras de los noventa, que desmembraron Yugoslavia. Dado que muchos están implicados en crímenes contra la humanidad –que incluyen limpieza étnica y genocidio en la guerra de Bosnia–, los serbios protestan acaloradamente porque Occidente los señala sólo a ellos, pasando por alto crímenes similares perpetrados en su contra. Ahora se enfrentan a una pregunta desconcertante: ¿qué puede significar la unidad serbia en la Europa del siglo XXI?</p>
<p>La cuestión es tan divisiva para los serbios como inquietante para sus vecinos. Para Nakalamic, la respuesta comienza con cuidar su propio poblado. Así que es el único serbio que ha aceptado un escaño en el consejo municipal de Rahovec (Orahovac), que supervisa a las poblaciones locales, entre ellas Velika Hoca. El consejo le responde a la República de Kosovo, país 90 % albanés que declaró su independencia de Serbia en febrero de 2008, con un fuerte apoyo de Estados Unidos y gran parte de Europa. Para muchos serbios, eso convierte en traidor a Nakalamic.</p>
<p>Luego de que Kosovo arrebató su independencia, los telespectadores de todo el mundo vieron cómo nacionalistas radicales irrumpían en Belgrado, la capital de Serbia, rompiendo ventanas y quemando el símbolo de la arrogante intromisión extranjera: la embajada de Estados Unidos. El gobierno serbio ve la independencia de Kosovo como un desmembramiento ilegal del territorio soberano de Serbia. Le ordenó a los serbios en Kosovo –muchos de los cuales reciben ayuda económica de Serbia– que boicotearan las elecciones ahí, y la mayoría obedeció. Sin los votos requeridos de su distrito, a Nakalamic le falta un voto del consejo, por lo que no puede participar en la preparación de los presupuestos o las ordenanzas.</p>
<p>Sin embargo, muchos serbios parecen resignados frente a las nuevas fronteras y a la posibilidad de una Serbia más pequeña y dócil, a gusto con sus vecinos. “La gente hace manifestaciones, pero nadie cree realmente que recuperaremos Kosovo”, dice Marina Alavanja, una joven que conocí en Belgrado cuando ella y su prometido, un caribeño de Nueva York, tomaban unas copas en una elegante calle de Belgrado. Alavanja, estudiante en Florencia, es la clase de serbia liberal con miras a internacionalizarse, en la que los gobiernos occidentales tienen puestas sus esperanzas. Tras la independencia de Kosovo y las revueltas resultantes, los votantes serbios, en la primavera de 2008, sorprendieron al mundo lanzando al poder a un gobierno pro Unión Europea que prometió buscar a los criminales de guerra serbios, prueba de la creencia ampliamente difundida según la cual la mejor esperanza del país para el crecimiento económico y cultural está en Occidente.</p>
<p>Pero los forasteros no deben confundir nunca la resignación con la aceptación, dice Alavanja. “Es el orgullo serbio –afirma–. No podemos decir: ‘Claro, tomen Kosovo. Hágannos lo que quieran’. ¿Qué clase de gente seríamos?”. Srdja Popovic, abogado de derechos humanos que persigue criminales de guerra serbios, dice que la brecha entre nacionalistas recalcitrantes y demócratas occidentalizados, incluido el presidente serbio, Boris Tadic, no es tan grande como pensarían los extranjeros. Para Popovic, los partidos principales se aferran en cierta medida al ideal de unificar las tierras habitadas por los serbios –catalizador de la guerra en los noventa–. “Sería generoso decir que este país está dividido entre demócratas y nacionalistas. En realidad, rige el ideal nacionalista”.</p>
<p>También una obsesión con el pasado, una narrativa del sufrimiento y valor nacionales. “Los pueblos pequeños suelen ser víctimas de la injusticia”, reflexiona Dragoljub Micunovic, figura de la oposición durante los años de Milosevic que hoy es un demócrata de alto rango. Micunovic cita la anexión de Bosnia (hogar de muchos serbios) en 1908 por parte del Imperio Austrohúngaro. Aunque indignada, Serbia tuvo que acceder. Pero en 1914, el serbio-bosnio Gavrilo Princip contraatacó asesinando al príncipe heredero de Austria en Sarajevo, lo que inició la Primera Guerra Mundial. Es posible que la mitad de la población masculina serbia en edad militar haya muerto en la guerra, pero el imperio que los ofendió quedó destruido; en la Serbia actual, Princip es un héroe.</p>
<p>Ahora la zona cero para el martirio serbio es Kosovo. Para los serbios del ala derecha, los políticos como los demócratas que se rehúsan a combatir por ella con uñas y dientes son como Judas. La imagen religiosa de la calumnia es intencional, pues muchos serbios consideran a Kosovo su sede espiritual. Slobodan Milosevic explotó este sentimiento en los ochenta. Llegó a la presidencia en parte porque se subió a la tribuna del aplastante poder albanés en Kosovo, y murió en 2006, durante su maratónico enjuiciamiento por crímenes de guerra, que incluían violencia en contra de los civiles albaneses de Kosovo. Es difícil juzgar si lo que mueve a algunos serbios a llamar a Kosovo su Jerusalén, y a otros su Calvario, es el aura persistente de su ofensiva propagandística o una auténtica veneración cultural.</p>
<p><strong>En la colina al oeste de Velika Hoca, debajo de un puesto de observación controlado durante casi una década por fuerzas de paz de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, hay un cementerio con vista panorámica:</strong> junto a racimos de viejas casas y viñedos en la ladera de la colina que abastecen la vinatería del pueblo, propiedad del monasterio serbio ortodoxo, más de una docena de pequeñas iglesias salpican el valle. Algunas de ellas son tesoros medievales adornados con antiguos frescos de la vida de Cristo, iconos de santos, el Juicio Final. Nadie, incluyendo al sacerdote local, puede explicar por qué a lo largo de los siglos se le ha dado tanto peso sagrado a este sencillo lugar agrícola.</p>
<p>Algunas iglesias del pueblo, comenta Bojan Nakalamic, se construyeron en el siglo XIV durante el reinado del rey Stefan Dusan, su máximo gobernante, quien construyó el imperio serbio más grande que haya habido antes o desde entonces. Kosovo estaba en su centro cuando Dusan se autonombró “emperador y autócrata de los serbios y griegos, los búlgaros y los albaneses”.</p>
<p>A sólo unas cuantas décadas de la muerte de Dusan, en 1389, un ejército de quizá 25 000 serbios se enfrentó a una fuerza otomana superior en el campo de Kosovo y perdió, lo que muchos consideran una derrota gloriosa. Serbia se marchitó frente a la expansión del Imperio Otomano, que borró al país del mapa en poco más de un siglo. Pero la Batalla de Kosovo sobrevivió en la literatura y las canciones serbias como símbolo de la lucha contra la dominación extranjera.</p>
<p>Serbia reconquistó su independencia en el siglo XIX y volvió a tomar Kosovo en el XX, durante el colapso del Imperio Otomano. Pero tantos años de dominio turco no sólo formaron el sentido de persecución de los serbios, sino que también los dispersaron por los Balcanes occidentales. Al final del siglo XX, la historia volvió a cambiar su curso al colapsar Yugoslavia. Muchos de los descendientes de aquellos que habían huido del reinado otomano comenzaron a volver, añadiendo un nuevo capítulo a la historia del sufrimiento serbio.</p>
<p><strong>Sin embargo, lo que el mundo recuerda es el sufrimiento causado por los serbios.</strong> En la vieja sección turca del mercado en la capital bosnia, Sarajevo, un hombre llamado Dragan Tanic me tomó del brazo y me volteó hacia las colinas que daban al sur. “Durante la guerra, si te parabas aquí 10 segundos en el día equivocado: ¡bum!” –me golpeó en el pecho para indicar que acababa de ser asesinado por un francotirador–. El serbio en las montañas te mata. Un día normal en Sarajevo”.</p>
<p>El leve giro inesperado es que el propio Tanic es serbio. Igual que varios miles de serbio-bosnios alrededor de Sarajevo, Tanic tomó las armas en contra de las fuerzas serbias que sitiaron la ciudad poco después de que Bosnia declaró su independencia de Yugoslavia, en 1992. En esas circunstancias, la herencia religiosa era menos importante que quien le estaba disparando. “Atacaban mi hogar, y si alguien ataca mi hogar, yo me defiendo”.</p>
<p>Pero él pertenecía a la minoría. Otros serbio-bosnios –que no están dispuestos a vivir en un país dominado por bosnios musulmanes, o bosniaks– eligieron luchar contra la independencia bosnia. Estaban al mando del arsenal del Ejército del Pueblo Yugoslavo e invadieron 70 % de Bosnia en los primeros meses de la guerra, forzando a la población no serbia a dejar las tierras conquistadas. El orden del día era limpiar el territorio de las poblaciones minoritarias problemáticas, no aptas para su inclusión en una Serbia unificada.</p>
<p>A finales de la guerra, la limpieza étnica degeneraría en una simple matanza alrededor del pueblo de Srebrenica, en el este de Bosnia. Ahí, las fuerzas serbio-bosnias asesinaron a 8 000 hombres y niños en su mayoría civiles bosniak –fusilando a algunos y cazando a los que intentaban escapar–. Fue el episodio más sangriento en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el primer caso de genocidio en el continente que la Corte de Justicia Internacional dictaminó desde el Holocausto.</p>
<p>Srebrenica fue un suceso decisivo en la historia moderna de los serbios. Aunque después la corte dictaminó que la propia Serbia no estuvo directamente implicada, los serbio-bosnios que lo llevaron a cabo contribuyeron a que todos los serbios sean vistos como asesinos sedientos de sangre, dañando los intereses nacionales, tal vez más de lo que cualquiera de sus enemigos hubiera podido.</p>
<p>Al terminar la guerra en 1995, y poco después también el sitio de cuatro años de Sarajevo, Bosnia quedó más o menos bien dividida entre grupos étnicos. Hoy, aunque en cierto modo la mayoría se lleva bien, los líderes étnicos riñen continuamente. Los políticos <em>bosniak</em> reprueban el separatismo serbio y a los criminales de guerra aún libres, mientras que los líderes de los serbios –37 % de la población de Bosnia– reprenden a los <em>bosniaks</em> con su retórica sobre la secesión. En la capital, la mayoría de los serbios se ha esfumado hacia las partes de Bosnia controladas por ellos, y los <em>bosniaks</em> huyeron en dirección opuesta. Sarajevo conserva una pátina de multietnicidad –Tanic y su esposa croata musulmana, Sanja, son un ejemplo–. Pero, en realidad, hoy es más que nada una ciudad musulmana homogénea.</p>
<p><strong>Arriba, donde confluyen el Danubio y el Sava en Belgrado, la enorme fortaleza Kalemegdan resguarda una colina donde acamparon soldados romanos.</strong> Más tarde, los imperios extranjeros que gobernaron esta tierra utilizaron el castillo como puesto fronterizo. Debajo está la gastada elegancia de las calles de la Ciudad Vieja de Belgrado –salpicada de edificios aún en ruinas por los ataques aéreos de la OTAN durante la guerra de Kosovo hace una década–. Hacia el Oeste, cruzando el Sava, se encuentra Nuevo Belgrado, cuadrícula urbana anónima y en expansión que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial. Y en las afueras de la ciudad hay un pequeño campo arbolado y pacífico que aloja a los refugiados serbios que huyeron de los nuevos países formados a partir de la desintegración de Yugoslavia.</p>
<p>Una de ellos es Maritsa Stula, mujer tranquila y pequeña, de cincuenta y tantos años y sonrisa distante. Su hogar era Osijek, ciudad croata 160 kilómetros al norte de Belgrado, en una región donde, hace siglos, los gobernantes austriacos les dieron tierra y libertad religiosa a los serbios que habían huido del mando otomano si accedían a defender la frontera militar contra los turcos. Para los setenta, cuando Stula comenzó a construir una familia en Osijek, ambos imperios ya se habían extinguido mucho tiempo atrás, pero más de 600 000 serbios ortodoxos –cerca de 14 % de la población– vivían en la Croacia romana católica.</p>
<p>En esos días, dice Stula, a nadie le importaba quién era croata y quién serbio. Yugoslavia era fuerte y próspera, y el presidente vitalicio, el mariscal Tito, aún tenía el poder en sus hábiles manos y todos los yugoslavos eran iguales. Así que le pareció incomprensible que sus vecinos hicieran caso cuando, en el ocaso del mandato de Tito, las trompetas del nacionalismo comenzaron a sonar en Belgrado y la capital croata, Zagreb. Los serbios contaban cómo, 50 años antes, los croatas aliados con los nazis los habían confinado en campos de muerte y exterminado por cientos de miles. Se preguntaron si pronto habría nuevas masacres. Los croatas hablaban de la persecución en Yugoslavia por parte de los comunistas serbios, quienes conspiraban para apropiarse de los miles de kilómetros cuadrados en el corazón de Croacia para la Gran Serbia. El poder de los políticos nacionalistas creció por toda la tambaleante Yugoslavia, y la vida en Osijek se descompuso. En 1990, los serbios en otras partes de Croacia declararon su independencia, expulsando a los croatas de sus casas a lo largo de casi un tercio de la república. Entonces, en junio de 1991, Croacia votó para separarse de Yugoslavia.</p>
<p>Al mes siguiente, un vecino croata angustiado apareció frente a la puerta de Stula; hombres rudos le habían ordenado que matara a la familia de ella si no se iban de inmediato. No eran las buenas personas de Osijek, sino gente del campo enojada –tal vez habían perdido sus propias casas, dice Stula–. Abordó un autobús en dirección al este con sus tres hijos; su esposo los alcanzó después, y no ha visto su casa desde entonces.</p>
<p>Stula formó parte de una primera oleada; cientos de miles más huyeron al final de la guerra croata por la independencia, cuando las fuerzas croatas invadieron las regiones serbias disidentes con apoyo logístico y aéreo de las naciones de la OTAN. Los cientos que se quedaron atrás, en su mayoría ancianos, fueron asesinados después.</p>
<p>Para 2008, Serbia había albergado a casi 320 000 desarraigados de los rincones lejanos de la ex Yugoslavia. Cerca de 200 000 vinieron de Kosovo, donde la respuesta de Milosevic al bombardeo de la OTAN había sido un extraño plan para vaciar de albaneses grandes secciones de la provincia. Cuando Milosevic se replegó y más de 850 000 exiliados albaneses volvieron de los campos de refugiados en el extranjero, muchos serbios huyeron, conscientes de que ahora serían el blanco. Más fueron expulsados después, pese a las fuerzas internacionales de paz, que en ocasiones no pudieron hacer nada cuando multitudes furiosas atacaron a civiles desarmados.</p>
<p>El resto vino de Croacia, como Stula, o de Bosnia. Stula habla con nostalgia de su hogar perdido, pero dice que las cosas podrían ser peores. Encontró un trabajo como cocinera en un restaurante de Delta City, nuevo centro comercial de lujo abierto en 2007 por el hombre más rico de Serbia. Gracias a las reformas económicas de los gobiernos posteriores a Milosevic, la economía de Serbia se ha recuperado con fuerza, con un crecimiento promedio de 7 % en los años recientes. Los ingresos personales aumentan y el centro comercial se llena a diario. Es el mejor trabajo pagado que Stula ha tenido. Pero si puede ahorrar dinero para obtener papeles de la UE y poder viajar, planea irse de Serbia para siempre, quizá a Inglaterra, donde su hijo mayor se ha matriculado en la universidad.</p>
<p>Cuando supo mi nacionalidad, Stula me dio unas palmadas en el brazo, consolándome, como si le diera pena ser ella quien me diera la noticia. “América. <em>Ne dobra. Ne dobra</em>”, me dice. No es bueno, no es bueno. Me preguntó por qué Estados Unidos sacó a la gente pobre de sus casas en Kosovo. “Bill Clinton, <em>ne dobra. </em>Albright, Rice, <em>ne dobra</em>. Bush…”.</p>
<p>Una noche, en una fiesta en un bote-casa sobre el Sava en Belgrado, la reprimenda fue menos dulce y la sensación de queja mucho más cruda. Dos jóvenes de pelo largo y caras rojas me invitaron a adivinar cuántas toneladas de municiones de uranio empobrecido había arrojado Estados Unidos en su país en 1999, y cuántos casos de cáncer podrían resultar de ello. Uno me preguntó si sabía de los civiles serbios muertos en el bombardeo estadounidense en la guerra de Kosovo. Seguro que no, adivinaron, pues, de hecho, los medios de Estados Unidos censuran los materiales en los que los serbios no aparecen como los nazis de hoy. Se fueron más atrás, reseñando las tragedias de las dos guerras mundiales. Uno de los dos –que habla inglés y podría pasar por un ciudadano veinteañero de cualquier urbe europea– parecía al borde de las lágrimas. ¿Realmente tenía yo idea de todo lo que habían sufrido los serbios?</p>
<p><strong>Hay un poblado al oeste de Serbia llamado Sljivovica, que es el nombre serbio del brandi de ciruela conocido como <em>slivovitz</em> en los países angloparlantes.</em> Pertenece a la gama de licores a base de frutas con el nombre de <em>rakia,</em> esencial en la vida social de los serbios y otros yugoslavos, bebida con la que se brinda entre amigos. </p>
<p>Pero ahora que Serbia está a punto de obtener su membresía de la Unión Europea, y en medio de los intentos por conciliar sus leyes con los estándares europeos, ¿puede sobrevivir la verdadera <em>rakia</em> serbia? La producción de licores está fuertemente regulada en la UE, lo que favorece a grandes compañías destiladoras, mientras que la <em>rakia</em> más preciada es casera.</p>
<p>Sljivovica parecía un lugar adecuado para hallar la clase de productores domésticos de rakia que podrían tener miedo de unirse a Europa. Unos hombres que tomaban café en una <em>kafana</em> cerca de la carretera señalaron un camino estrecho que sube por una colina cercana.</p>
<p>Junto a la última casa del camino, dos hombres, uno joven y uno viejo, trabajaban en un alambique ennegrecido. Ostoja Stanic, de 80 años, alimentaba el calentador, mientras que Milan Stanic, de 32, vertía cubetas de ciruelas fermentadas en una olla. Le pregunté a Milan Stanic si la burocracia de la Unión Europea podría cerrar esta pequeña destilería.</p>
<p>Prosiguió en inglés para enfatizar: <em>“We want EU”</em> (“Queremos a la Unión Europea”).</p>
<p>Presumió unos nuevos barriles de roble –cada uno con capacidad para miles de litros– cerca de un edificio de concreto a medio terminar. La familia Stanic estaba a punto de expandir su producción, dijo. Ya se había empezado a construir una destilería más grande. Milan había consultado a expertos agrícolas acerca de la cosecha de ciruelas de la familia y había investigado sobre la destilación en internet. Señaló una botella imaginaria frente a él, trazando las líneas de su etiqueta con el dedo: “sljivovica de Sljivovica”.</p>
<p>Conforme el país se acerque a Europa, dijo, se abrirán nuevos mercados y la gente que sólo podía encontrar <em>slivovitz</em> industrializado pronto probará el verdadero. En la bodega de la casa, Milan aspiró de un tubo de plástico y vertió con el sifón <em>rakia</em> añejada en una botella de dos litros. </p>
<p>Ostoja Stanic habló de la guerra de su propia juventud y de las confusas hazañas fraticidas de dos grupos rivales de combatientes de la resistencia antinazi: los chetniks, fieles a la monarquía serbia, y los comunistas comandados por Tito, líder de Yugoslavia a la larga. Los chetniks solían cortarle la cabeza a la gente por aquí, dijo. Para el adolescente Ostoja, los verdaderos héroes eran los partidarios de Tito, quienes de manera heroica resistieron en la ciudad cercana de Uzice en contra de los alemanes, a pesar de que era una causa perdida. Sin embargo, supe que a unas horas en auto había otros viejos que podrían decir cómo los combatientes de Tito masacraron a los inocentes en ese lugar. Una rebanada perfecta de historia serbia: empapada en sangre y valentía, con pocos finales felices o verdades indiscutibles.</p>
<p>Pero Ostoja Stanic sólo hacía plática para entretenerse. Su verdadero negocio consiste en fabricar <em>rakia</em>. Me pasó la botella de dos litros de <em>slivovitz</em>, me palmeó la espalda cuando quise pagar y se fue a llenar con leña el alambique humeante. </p>
<p><small>_______<br />
<a href="http://ngenespanol.com/author/chris-carroll/">Chris Carroll</a> es escritor de National Geographic. El libro de Christopher Anderson acerca de Venezuela, <em>Capitolio</em>, aparece este mes.</small></p>
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		<title>Banquete frenético [Artículos]</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2009 11:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Bruce Barcott</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Artículos]]></category>

		<category><![CDATA[Bahía de Hanifaru]]></category>

		<category><![CDATA[Las Maldivas]]></category>

		<category><![CDATA[Manta birostris]]></category>

		<category><![CDATA[mantas]]></category>

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		<description><![CDATA[Varias veces al año, cuando la época y el flujo de mareas se combinan, las mantarrayas de todos los puntos del archipiélago se reúnen en la Bahía de Hanifaru para alimentarse en una espectacular danza acuática sobre la barrera coralina. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Cuando la marea transforma una bahía en un cuenco de plancton en Las Maldivas, las mantarrayas se agrupan para darse un festín. </strong></p>
<p><img src="http://ngenespanol.com/wp-content/uploads/2009/07/rayas-ppal1.jpg" alt="" title="Banquete frenético [Artículos]" width="480" height="319" class="alignnone size-full wp-image-6598" /><br />
<small>Al acumularse el plancton, llegan las mantas para darse un festín. Se calcula que la población total de Las Maldivas es de 10 000 especímenes. Tres de ellas se siguen en una cadena para alimentarse (izq.). Es posible que pronto se arremolinen en una formación espiral para la alimentación ciclónica, una conducta rara vez observada fuera de la Bahía de Hanifaru.<br />
Foto de Thomas P. Peschak</small></p>
<p><strong>708 kilómetros de la costa sur de India, en el archipiélago que constituye la nación de las Maldivas, existe una isla despoblada llamada Hanifaru.</strong> No hay mucho que ver desde el aire: un ramillete de arbustos tropicales sobre la arena que podría caber en la plataforma trasera de un camión. Hanifaru es tan pequeña que un niño podría recorrer toda su costa, en forma de cimitarra, en 10 minutos. El tamaño de este islote no es algo anormal en Las Maldivas, un grupo de 1 192 minúsculas islas agrupadas en 26 atolones circundados por la inmensidad del Océano Índico. Sin embargo, varias veces al año, cuando la época y el flujo de mareas se combinan, las mantarrayas de todos los puntos del archipiélago se reúnen en este lugar para alimentarse en una espectacular danza acuática sobre la barrera coralina. </p>
<p>De mayo a noviembre, cuando la marea lunar ejerce presión contra la corriente sudoccidental del monzón en el Océano Índico, un efecto de succión hace que el krill tropical y otras formas de plancton emerjan desde el agua profunda hasta la superficie. La corriente los arrastra hacia el callejón sin salida que es la Bahía de Hanifaru. Si se quedaran en la superficie, las corrientes acuáticas arrastrarían a esos crustáceos planctónicos sobre las paredes coralinas de la bahía y los llevarían a la seguridad en mar abierto. Pero no pueden, porque el instinto los obliga a sumergirse para evitar la luz. Al reaccionar así, quedan atrapados en lo profundo del cuenco. En unas cuantas horas, una impresionante concentración de plancton se acumula, formando un enjambre tan denso que las aguas se vuelven turbias. </p>
<p>Es la señal para que las <em>Manta birostris</em> entren en escena. “Exactamente después de la marea alta verás aparecer a algunas mantas gigantes –explica Guy Stevens, biólogo marino británico que ha estudiado este pez raya de Las Maldivas durante los últimos tres años–. Luego, en una maniobra rápida e inesperada aparece un grupo completo en el lugar y verás a no menos de 200 ejemplares alimentarse durante un lapso de dos a cuatro horas, en una bahía que no es más grande que una cancha de futbol”.</p>
<p>Estos impresionantes peces (la envergadura de las mantas de Las Maldivas puede alcanzar hasta los 3.5 metros), dinámicos ejemplares con una boca del tamaño de una caja de zapatos que usan para remover la concentración de plancton como si fueran segadoras de trigo, aspiran a su presa. Giran hacia atrás cuando encuentran una zona con abundante plancton, y dan volteretas para permanecer en el codiciado lugar. Forman una cadena para alimentarse, una tras otra en una fila de fauces abiertas. </p>
<p>En los estrechos confines de la Bahía de Hanifaru, las mantas deben ampliar su repertorio y Stevens ha identificado maniobras que rara vez han visto los científicos. Cuando 50 mantas o más forman una cadena para alimentarse en la bahía, a veces sucede algo extraordinario. La que va al frente alcanza la cola haciendo de la línea un vórtice. “Lo llamamos alimentación ciclónica –explica Stevens–, si ves que más de un centenar de mantas actúan de esa manera, empiezan a hacer círculos cada vez más grandes. Cuando la cadena se rompe, la alimentación se vuelve un caos”. La majestuosa danza en las aguas lechosas se convierte en una gresca, con centenares de mantas chocando entre sí. Aunado a la confusión están los tiburones ballena, lánguidos gigantes, casi del tamaño de un contenedor de 12 metros que se alimentan de plancton, que aparecen para compartir el botín. El plancton se agota en cuestión de horas, el banquete poco a poco llega a su fin y las mantas remueven el arenoso lecho marino de la bahía con sus lóbulos cefálicos para lanzar a las presas escondidas de nuevo a la columna de agua. </p>
<p>Hace generaciones, esos lóbulos cefálicos corniformes de las mantas les ganaron el nombre de pez diabólico. Su espeluznante tamaño y su forma de murciélago les confirieron un aura de animales misteriosos y amenazadores y fueron vilipendiados como monstruos feroces. Eso cambió en los años setenta, cuando unos buzos descubrieron que eran criaturas dóciles. En algunas ocasiones hasta permitieron que las montaran para dar una vuelta sobre sus anchos lomos. </p>
<p> Gracias a su naturaleza complaciente, en la actualidad se han ganado la dudosa categoría de atractivo turístico subacuático, atrayendo a buzos aficionados para que naden con ellos en condiciones demasiado cercanas y agresivas para la naturaleza. Sin embargo, para una especie que se considera casi amenazada, esta nueva popularidad literalmente podría ser su salvación. Como las mantas tienen una tasa de reproducción lenta son vulnerables a la pesca excesiva; así que una actividad turística sensata podría darles un incentivo económico a las comunidades locales para que las cuiden en lugar de cazarlas. Es un equilibrio delicado, sin embargo. Demasiados visitantes podrían alejarlas de sus zonas de alimentación como la Bahía de Hanifaru. </p>
<p>En Las Maldivas, Stevens sigue catalogando los animales locales (ha identificado más de 1 500 ejemplares por los inconfundibles patrones moteados de cada uno de ellos). Su información también registra y documenta las fechas exactas en que se alimentan, datos que podrían ser muy valiosos para programar las actividades turísticas locales. Stevens sabe que el tiempo se acaba y se afana en organizar un programa de auto vigilancia entre los centros vacacionales y los guías de la localidad antes de que el turismo subacuático invada Hanifaru. “No queremos que se arruine lo que tenemos aquí”, afirma. Si su plan funciona, la Bahía de Hanifaru seguirá siendo un santuario para que las mantas practiquen la alimentación ciclónica, apenas con el suficiente espacio para los tiburones ballena y también para los seres humanos.  </p>
<p><small>_______<br />
<a href="http://ngenespanol.com/author/bruce-barcott/">Bruce Barcott </a>escribió <a href="http://ngenespanol.com/2009/04/01/svalbard-esplendor-en-el-hielo-articulos/<br />
">el artículo sobre Svalbard, Noruega,</a> en nuestra edición de Abril. Thomas Peschak es el fotógrafo principal de la fundación Save Our Seas. </small></p>
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		<title>Visión cósmica [Artículos]</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2009 11:00:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Timothy Ferris</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Artículos]]></category>

		<category><![CDATA[telescopios]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando observamos el cielo con un telescopio, suelen suceder dos cosas. Primero, nos sorprende el paisaje –los anillos de Saturno, los cúmulos de estrellas brillando como joyas sobre terciopelo negro, las galaxias iluminadas con una luz suave más antigua que la especie humana– y nos damos cuenta de que nosotros y nuestro mundo somos parte de este gigantesco sistema. Segundo, pronto queremos un telescopio más grande.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Una nueva generación de telescopios gigantes llevará nuestra mirada hasta los confines del universo.</strong></p>
<p><img src="http://ngenespanol.com/wp-content/uploads/2009/07/telescopios-ppal.jpg" alt="" title="Visión cósmica [Artículos]" width="480" height="319" class="alignnone size-full wp-image-6605" /><br />
<small>VISIÓN MÁS AGUDA El telescopio Hale, de 5.1 metros, del Observatorio Palomar, en California, ha hecho ciencia  de primer nivel durante 60 años, con sus descubrimientos clave sobre galaxias y cuasares. Un láser de óptica adaptativa que sube 90 kilómetros en la atmósfera le permite ahora producir imágenes más precisas y detalladas.<br />
Foto de Joe McNally</small></p>
<p><strong>Cuando observamos el cielo con un telescopio, suelen suceder dos cosas. </strong>Primero, nos sorprende el paisaje –los anillos de Saturno, los cúmulos de estrellas brillando como joyas sobre terciopelo negro, las galaxias iluminadas con una luz suave más antigua que la especie humana– y nos damos cuenta de que nosotros y nuestro mundo somos parte de este gigantesco sistema. Segundo, pronto queremos un telescopio más grande. </p>
<p>El próximo otoño se cumplirán 400 años desde que Galileo apuntó, por primera vez en la historia, un telescopio al cielo nocturno. Él fue el pionero de este programa de dos pasos. Empezó por maravillarse con lo que vio. Su telescopio reveló tantas estrellas antes invisibles que cuando trató de ubicarlas en una sola constelación (Orión), se rindió y confesó que se había sentido “abrumado por la inmensa cantidad de estrellas”. Vio montañas en la Luna, lo cual contradecía la creencia ortodoxa de que todos los objetos celestes estaban hechos de un “éter” sobrenatural. Trazó la trayectoria de cuatro satélites brillantes mientras orbitaban Júpiter como planetas de un sistema solar en miniatura, algo que los críticos de la teoría heliocéntrica de Copérnico habían calificado como físicamente imposible. Se evidenciaba que la Tierra era una pequeña parte de un gran universo, y no una gran parte de un universo pequeño.</p>
<p>Y pronto, en efecto, Galileo empezó a construir telescopios más grandes y mejores. Todavía no había lentes grandes para capturar la luz, por lo que se concentró en hacer telescopios más largos, que tenían mayor poder de amplificación y además reducían los halos de colores falsos que aquejaban a las lentes de vidrio en aquellos días. Gracias a observadores posteriores, el diseño del telescopio refractor con lentes de vidrio llegó a otro nivel. En Danzig, Johannes Hevelius construyó uno de 46 metros de largo; colgaba de un palo por medio de cuerdas y se mecía con la brisa más leve. En los Países Bajos, los hermanos Huygens mostraron al mundo unos telescopios larguiruchos que ni siquiera tenían tubos: la lente objetivo se posaba en una plataforma alta sobre un campo mientras el observador alineaba una lente amplificadora a 60 metros de distancia. </p>
<p>El telescopio reflector, del que Isaac Newton fue pionero, hizo posible satisfacer ese deseo en la práctica: gracias a los espejos, sólo había que crear una superficie para captar y reflejar la luz estelar en un punto focal; como el espejo tenía un soporte en su parte posterior, podía ser muy grande sin combarse por su propio peso, como tendían a hacer las lentes grandes. William Herschel descubrió Urano usando un telescopio reflector que él mismo fabricó: forjó sus espejos metálicos en el jardín y el sótano de su casa, y en una ocasión tuvo que huir de un río de metal derretido después de que se rompiera el molde de estiércol de caballo. Las galaxias de brazos espirales fueron vistas por primera vez con un gran telescopio reflector, cuyo espejo primario tenía 1.8 metros de diámetro, construido por lord Rosse en la propiedad que poseía en Irlanda.</p>
<p>Los telescopios más grandes en la actualidad tienen espejos de hasta 10 metros de diámetro, y cuatro veces más poder para captar luz que el legendario Hale del Observatorio Palomar en California, de cinco metros. Tan grandes como edificios de oficinas, algunos de estos gigantes están tan automatizados que pueden desempolvar sus sistemas ópticos al atardecer, abrir la cúpula, organizar y realizar observaciones a lo largo de la noche, cerrar la cúpula si el clima es desfavorable, todo con poca o ninguna intervención humana. No obstante, los humanos, siendo humanos, de todos modos intervienen mucho, aunque sea sólo para asegurarse de que nada salga mal: perder una sola noche de observación en alguno de estos telescopios puede significar un despilfarro de hasta 100 000 dólares en costos de operación.</p>
<p>Tres de los más grandes telescopios –Géminis Norte, Subaru y Keck– se encuentran muy cerca uno de otro, a 4 205 metros de altura en la cima del Mauna Kea, un volcán inactivo en Hawai. Esa altitud los coloca por encima de 40 % de la atmósfera terrestre y de la mayor parte de su vapor de agua, que es opaco a las ondas infrarrojas, muy importantes para los astrónomos; pero también dificulta a estos y a los ingenieros respirar y pensar. Muchos usan delgados tubos transparentes de oxígeno en la nariz de manera tan rutinaria como nosotros usamos gafas. Otros confían en la capacidad de adaptación del organismo, pero les preocupa cometer un error que dañe su reputación para siempre. “En esta altitud no improvisamos; sería un desastre –dice Scott Fisher, astrónomo del Géminis–. Aquí arriba somos como monos adiestrados. El verdadero razonamiento se lleva a cabo a nivel del mar”.</p>
<p>El costo y el desempeño de estos grandes observatorios del Mauna Kea son comparables, pero cada uno exhibe una personalidad distinta. El telescopio Géminis, de 8.1 metros, se aloja en una cúpula plateada en forma de cebolla. Pero al anochecer los gajos se abren para crear un enorme juego de ventanas de tres pisos de altura que se extiende para cubrir casi tres cuartas partes del edificio que aloja el telescopio. Las ventanas dejan pasar el aire nocturno y muestran una vista panorámica del Pacífico hasta Maui y más allá. Los cuatro detectores digitales del Géminis –cámaras y espectrómetros tan pesados como coches y cuyo costo es de alrededor de cinco millones de dólares cada uno– están unidos a un carrusel que rodea el punto focal del telescopio, y desde donde pueden rotar para colocarse en posición en cuestión de minutos. Las computadoras operan el telescopio en la noche, barajando las observaciones solicitadas de tal manera que se aproveche al máximo cada minuto. “Todo por la eficiencia nocturna”, dice Fisher.</p>
<p>Los instrumentos del telescopio Subaru están alojados en huecos como botellas de champaña en una bodega de vinos (la comparación no es gratuita: un astrónomo japonés hace una ofrenda a los dioses al principio de cada observación, derramando sake añejo en el suelo afuera de la cúpula hacia los cuatro puntos cardinales). Subaru es uno de los pocos telescopios gigantes por los que el ojo humano ha visto directamente. Para su inauguración, en 1999, se instaló una pieza ocular para que la princesa Sayako de Japón pudiera mirar, y varias noches subsecuentes entusiastas miembros del personal hicieron lo mismo. Uno de ellos recuerda que “todo lo que se puede ver en las fotos del telescopio Hubble –los detalles, las manchas en las nebulosas– lo podía ver con mis propios ojos a todo color”. </p>
<p>El observatorio Keck consta de dos telescopios idénticos. Cada uno tiene un espejo de 10 metros hecho de 36 segmentos; con todo y la estructura de soporte, cada segmento pesa casi 400 kilogramos, cuesta casi un millón de dólares y sería por sí mismo suficiente para construir un buen telescopio universitario. “Usamos la misión del telescopio para motivarnos –me dijo un astrónomo del Keck–. Si encontramos un pequeño cable o algo que obstruya su vista, pensamos que si esa luz ha estado viajando a través del espacio durante 90 % de la historia del universo y llega así de cerca al telescopio, debemos asegurarnos de que alcance el final del camino”.</p>
<p>Ya pocos de los astrónomos que obtienen autorización para usar los telescopios van a observar en persona. La mayoría manda sus peticiones de manera electrónica y se les envían los resultados: en una noche reciente en el Géminis, los proyectos programados iban desde “Masas primordiales del sistema solar” hasta “Actividad magnética en las enanas ultrafrías”. Geoff Marcy, moderno Enrique el Navegante, cuyo equipo ha descubierto más de 150 planetas orbitando estrellas que no son nuestro Sol, tiene a su disposición más tiempo de observación en el Keck que la mayoría, y sin embargo no ha visitado el lugar en años. En vez de eso, su equipo de investigación de planetas extrasolares hace observación remota desde un complejo de la Universidad de California en Berkeley. Marcy cuenta que, durante los periodos de observación, “nos acostumbramos a una rutina de trabajo nocturno. Tenemos a la mano todos nuestros libros y otros recursos, además de suficiente vida normal como para que nuestras parejas no nos olviden”.</p>
<p>Además de su poder sin precedentes para captar luz, los telescopios de hoy se benefician de su sistema de óptica adaptativa (OA), que compensa la turbulencia atmosférica. La turbulencia es lo que hace que las estrellas titilen; los telescopios amplifican cada destello. Un sistema de OA típico dispara un láser hacia una delgada capa de átomos de sodio a 90 kilómetros de altura en la atmósfera, haciendo que brillen. Al monitorear esta estrella artificial, el sistema determina cómo se agita el aire y ajusta la óptica del telescopio más de 1 000 veces por segundo para compensar. “Es increíble verlo en práctica –dice Scott Fisher–. Cuando el sistema de óptica adaptativa está apagado, se ve una estrella pequeña y bonita, un poco borrosa. Al encender el sistema, la estrella hace ¡tonk! y se colapsa en un punto diminuto”.</p>
<p>Los objetos del cielo nocturno se miden en grados. Por ejemplo, la Luna llena ocupa medio grado aproximadamente. Sin el sistema de óptica adaptativa, un telescopio poderoso puede percibir objetos separados por la distancia que resulta de dividir un grado entre 3 600, lo mismo que un segundo de arco, en una noche clara. Gracias al sistema de óptica adaptativa del Keck, la astrónoma Andrea Ghez, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), pudo hacer una película sobre siete estrellas brillantes girando alrededor del hoyo negro invisible en el centro de nuestra galaxia a lo largo de un periodo de 14 años: la película entera ocurre dentro de una caja que mide un segundo de arco de lado. Con base en el movimiento frenético de las estrellas al alcance del hoyo negro, Ghez calculó que este tiene una masa de cuatro millones de soles y genera suficiente fuerza gravitacional para catapultar fuera de la galaxia a algunas estrellas que pasan junto a él. Se han localizado varias de estas estrellas hiperveloces, moviéndose a toda velocidad hacia las profundidades del espacio intergaláctico como juerguistas expulsados de un club nocturno exclusivo.</p>
<p>¿Qué sigue? Telescopios aún más grandes, desde luego, con la capacidad de tomar fotos cósmicas más rápido, de regiones más extensas, y aún más detalladas. Entre los monstruos que se espera entren en operación en una década están el Gran Telescopio Magallanes, el Telescopio de Treinta Metros y, con 42 metros, el Telescopio Europeo Extremadamente Grande –versión reducida del Telescopio Abrumadoramente Grande de 100 metros, que fue suspendido en la etapa de planeación cuando el presupuesto previsto resultó igualmente abrumador–. El Gran Telescopio de Rastreo Sinóptico (LSST, por sus siglas en inglés) es particularmente innovador. El vidrio de su espejo primario de 8.4 metros fue moldeado el pasado agosto en un horno giratorio bajo las gradas del estadio de futbol americano de los Wildcats de la Universidad de Arizona, en Tucson (la técnica de rotación produce una superficie que ya es cóncava y así se reduce la cantidad de vidrio necesaria para darle la forma correcta al espejo). Los telescopios convencionales tienen campos de visión angostos, de no más de medio grado, demasiado poco para abarcar las enormes formaciones que emergieron a partir del Big Bang. El LSST tendrá un campo que cubrirá 10 grados cuadrados, el área de 50 lunas llenas. Desde su ubicación en los Andes chilenos podrá crear imágenes de galaxias distantes en tiempos de exposición de sólo 15 segundos, capturando eventos fugaces a distancias de más de 10 000 millones de años luz; esto es como recorrer 70 % del camino que llega al final del universo observable. “Como tendremos un gran campo de visión, podremos tomar muchas exposiciones cortas y –clic, clic, clic, clic– cubrir todo el espacio visible durante varias noches, y luego repetir el proceso –dice Tony Tyson, director del LSST–. Si haces eso durante 10 años, tienes una película: la primera película del universo”.</p>
<p>La producción rápida de imágenes en ángulos amplios del LSST podría ayudar a responder dos de las mayores interrogantes que enfrentan actualmente los astrónomos: la naturaleza de la materia oscura y la de la energía oscura. La materia oscura se hace presente por medio de su atracción gravitacional –explica la velocidad de rotación de las galaxias– pero no emite luz, y se desconoce su composición. La energía oscura es el nombre que se le da al misterioso fenómeno que durante los últimos 5 000 millones de años ha estado aumentando la velocidad a la que se expande el universo. “Da un poco de miedo –dice Tyson–, es como si estuvieras piloteando un avión y de repente algo desconocido se apoderara de los controles”.</p>
<p>Aunque parezca extraño, el LSST podría ayudar a resolver estos grandes enigmas gracias en parte a la ciencia de la acústica. El Big Bang fue ruidoso. Aunque el sonido no se puede propagar por el espacio actual –como los pedantes gustan de señalar a los directores de películas de ciencia ficción–, el universo primitivo era un plasma denso y tan ruidoso como una convención de bateristas. Algunos tonos resonaron en el plasma primordial, como los que suenan al golpear copas de vino, y estas armonías, grabadas en las capas de las galaxias que hoy se desplazan a lo largo de miles de millones de años-luz, contienen información precisa sobre la naturaleza de la materia y la energía oscuras. Si los astrónomos logran descifrar estas inmensas estructuras, podrían identificar las firmas de la materia y energía oscuras en los armónicos del Big Bang. El Sondeo Espacial Digital Sloan, pionero en los estudios de ángulos amplios, capturó parte de esta información al observar el espacio de 1999 a 2008. El LSST está diseñado para llegar a lugares mucho más profundos del espacio cósmico. Es posible que no resuelva los enigmas, pero Tyson predice que “será un gran avance para mostrar qué no son la energía oscura y la materia oscura”.</p>
<p>La “velocidad” fotográfica del LSST también permitirá a los astrónomos observar mejor algunos eventos demasiado breves para estudiarlos con la rapidez necesaria. La mayoría de los astrónomos, incluso los aficionados que usan telescopios y cámaras comerciales, captan con frecuencia eventos efímeros de origen desconocido. Se toma una serie de exposiciones digitales y en una de ellas aparece un punto de luz donde no había nada ni antes ni después. Pudo haber sido un rayo cósmico golpeando el chip detector de luz, un asteroide de alta velocidad que cruce por el campo de visión o un destello azul en la superficie de una estrella roja tenue. Simplemente no se sabe, así que uno se encoge de hombros y lo olvida. Como el LSST tomará tantas exposiciones repetidas del cielo entero, podría resolver muchos acertijos de este tipo.</p>
<p>Los telescopios del mañana harán en una noche lo que los de hoy en un año, pero no quiere decir que los telescopios viejos se volverán obsoletos. Cuando los gigantes entren en operación, dice Scott Fisher, “los Géminis actuales se convertirán en los telescopios que hagan los sondeos”, encontrando fenómenos interesantes que luego serán estudiados a detalle por los telescopios grandes.</p>
<p>Los telescopios espaciales que orbitan la Tierra están abriendo otra dimensión. El satélite Kepler de la NASA, lanzado al espacio en marzo de 2009, analiza metódicamente la constelación del Cisne y busca un leve oscurecimiento de la luz que sucede cuando los planetas –algunos quizá parecidos a la Tierra– pasan frente a sus estrellas; el equipo de Geoff Marcy usará el Keck para escudriñar las estrellas marcadas por el Kepler y así confirmar si tienen planetas. Algún día habrá observatorios en los cráteres del lado oscuro de la Luna que podrían estudiar el universo en condiciones idealmente tranquilas, oscuras y frías. La combinación que se espera de satélites inteligentes en comunicación con grandes teles-copios cada vez más automatizados –conectados entre sí por redes de fibra óptica y con sistemas de inteligencia artificial para buscar patrones entre los torrentes de información– sugiere un proceso tanto biológico como mecánico, similar a una evolución global de ojos, nervios ópticos y cerebro. </p>
<p> A los directores de cine les gusta decir que cada película es en realidad dos: la que se hace y la que se dice que se hará cuando se está consiguiendo el financiamiento. El punto es que nadie puede predecir con certeza cuál será el resultado de un proyecto genuinamente creativo. Lo mismo sucede en la ciencia con los descubrimientos: los científicos pueden explicar lo que creen que lograrán con telescopios más grandes y mejores, pero sus predicciones son sólo extrapolaciones del pasado. “Si vas a Washington en busca de financiamiento para un nuevo telescopio y haces una lista de lo que se podrá ver a través de esta nueva ventana al universo, sabes que el hallazgo más interesante probablemente no esté en esa lista –dice Tyson–. Lo más seguro es que sea algo del todo nuevo, completamente inesperado, que cambie nuestra concepción del universo”.</p>
<p>El modelo del universo basado en la teoría del Big Bang, armado a principios del siglo XX, surgió en parte gracias a ese tipo de descubrimientos inesperados. Edwin Hubble descubrió por azar la expansión del universo con un telescopio: estaba implícita en la teoría de la relatividad general de Einstein, pero Hubble no la conocía y ni el propio Einstein se la tomaba en serio. La materia oscura se descubrió por accidente; la energía oscura también. Un telescopio no sólo nos muestra lo que hay allá afuera; nos hace ver lo poco que sabemos, y abre nuestra imaginación a maravillas sin límite. “El catalejo es muy veraz”, dijo Galileo.</p>
<p><small>_______<br />
<a href="http://ngenespanol.com/author/timothy-ferris/">Timothy Ferri</a>s ha escrito ocho libros y realizado tres películas sobre astronomía. Joe McNally se especializa en ciencia y tecnología para National Geographic.</small></p>
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		<title>Una interpretación de Angkor [Artículos]</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jul 2009 06:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Richard Stone</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>

		<category><![CDATA[Camboya]]></category>

		<category><![CDATA[kmher]]></category>

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		<description><![CDATA[Angkor fue escenario de uno de los actos de desaparición más notables de todos los tiempos. El reino khmer abarcó del siglo IX al XV de nuestra era y en su apogeo controlaba una amplia región del sureste de Asia, desde Myanmar (Birmania), al Occidente, hasta Vietnam, al Oriente. Su capital, Angkor, hogar de alrededor de 750 000 personas, cubría un área equivalente a los cinco distritos que componen la ciudad de Nueva York y fue el complejo urbano más grande del mundo preindustrial.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Luego de alcanzar alturas sublimes, la ciudad sagrada bien pudo haber precipitado su caída.</strong></p>
<p><img src="http://ngenespanol.com/wp-content/uploads/2009/06/angkor-ppal.jpg" alt="" title="Una interpretación de Angkor [Artículos]" width="480" height="320" class="alignnone size-full wp-image-6592" /><br />
<small>Lotos y divinidades hindúes talladas en piedra señalan el sitio sagrado de Kbal Spean, en los montes Kulen, cabecera de dos ríos que riegan las llanuras aluviales de Angkor.<br />
Foto de Robert Clark</small></p>
<p><strong>Desde las alturas, el centenario templo aparece y se desvanece como una alucinación, como una mancha arcillosa en la bóveda arbórea del norte de Camboya.</strong> Bajo nosotros se extienden las vastas ruinas de la ciudad perdida de Angkor, habitada ahora por campesinos que cultivan arroz y viven en grupos de viviendas khmer, montadas sobre endebles pilotes para lidiar con las inundaciones de los monzones de verano que salpican el paisaje desde Tonlé Sap, el “gran lago” del sureste asiático a unos 30 kilómetros al Sur, hasta los montes Kulen, cordillera que se eleva al Norte, en la llanura de aluvión, más o menos a la misma distancia. Mientras Donald Cooney maniobra el ultraligero sobre la selva, el magnífico templo se revela repentinamente ante mis ojos.</p>
<p>Construido en el siglo XII en honor a la divinidad hindú Vishnu y restaurado en los cuarenta del siglo XX, Banteay Samre evoca el esplendor que el Imperio Khmer alcanzó en el medievo. El templo se encuentra tras dos muros cuadrangulares concéntricos, quizá rodeados antiguamente por un foso que representaba los mares que circundan el monte Meru, mítica morada de las deidades del hinduismo. Sin embargo, Banteay Samre es sólo uno de los más de 1 000 altares khmer erigidos en la ciudad de Angkor durante una fiebre de construcción que rivalizó en escala y ambición con las pirámides de Egipto. Al pasar, estiro el cuello para dirigirle una última mirada, pero el templo ha vuelto a ocultarse en la selva.</p>
<p>Angkor fue escenario de uno de los actos de desaparición más notables de todos los tiempos. El reino khmer abarcó del siglo IX al XV de nuestra era y en su apogeo controlaba una amplia región del sureste de Asia, desde Myanmar (Birmania), al Occidente, hasta Vietnam, al Oriente. Su capital, Angkor, hogar de alrededor de 750 000 personas, cubría un área equivalente a los cinco distritos que componen la ciudad de Nueva York y fue el complejo urbano más grande del mundo preindustrial. Sin embargo, a fines del siglo XVI, cuando misioneros portugueses alcanzaron las torres con forma de loto de Angkor Wat, el templo más ornamentado de la ciudad y el monumento religioso más grandioso del orbe, agonizaba la otrora espléndida sede imperial.</p>
<p>Expertos han propuesto una larga lista de causas sospechosas que incluyen invasiones devastadoras, cambios en las prácticas religiosas e incluso el impulso al comercio marítimo, que selló el destino de esa ciudad del interior. Sin embargo, son meras especulaciones pues, aunque sobreviven cerca de 1 300 inscripciones en estelas y jambas de las puertas de toda la urbe, el pueblo de Angkor no legó una sola palabra que contribuyera a explicar el colapso de su reino. </p>
<p>Recientes excavaciones, no en los templos sino en la infraestructura que hizo posible la extensa ciudad, empiezan a confluir en una nueva respuesta. Al parecer, Angkor quedó condenada a la ruina por el mismo ingenio que agrupó una colección de pequeños feudos en un imperio. Aunque los khmer aprendieron a contener las inundaciones estacionales del sureste asiático, una vez que perdieron su control sobre el agua, el recurso más vital de todos, su civilización se extinguió poco a poco.</p>
<p><strong>El día a día de Angkor también se percibe en las esculturas que han resistido siglos de deterioro y, más recientemente, la guerra.</strong> Los bajorrelieves de las fachadas de los templos retratan escenas cotidianas, como dos hombres encorvados sobre un tablero de juego y una mujer que da a luz bajo un pabellón sombreado, aunque también hay otras que rinden homenaje a un mundo espiritual poblado de seres como las apsaras, seductoras bailarinas celestiales que servían de mensajeras entre humanos y dioses.</p>
<p>Dichas tallas revelan asimismo problemas en el paraíso y, así, entreveradas con visiones de armonía terrenal e iluminación sublime, hallamos escenas bélicas. En un bajorrelieve en particular, soldados con lanzas del vecino reino de Champa viajan apretujados, de proa a popa, en un barco que cruza el Tonlé Sap. Desde luego, la escena fue inmortalizada en piedra porque los khmer obtuvieron la victoria.</p>
<p>Aunque Angkor ganó ese enfrentamiento, la ciudad mantenía varias rivalidades que acentuaban su vulnerabilidad a los ataques de Champa, desde el Este, y el formidable reino de Ayutthaya, en el Oeste. Los monarcas khmer tenían varias esposas, lo que contribuía a confundir la línea de sucesión y provocaba constantes intrigas entre los príncipes que competían por el poder. “Durante siglos vivieron una suerte de Guerra de las Rosas. El Estado khmer era muy inestable”, informa Roland Fletcher, arqueólogo de la Universidad de Sidney y codirector del equipo de investigación denominado Proyecto del Gran Angkor.</p>
<p>Algunos académicos opinan que Angkor murió como había vivido: por las armas. Los anales de Ayutthaya señalan que los guerreros del reino “tomaron” Angkor en 1431. Y así, en su intento por reconciliar su antigua riqueza las derruidas ruinas descubiertas por viajeros occidentales, hace un siglo los historiadores franceses se basaron en esas provocativas alusiones para concluir que Ayutthaya había saqueado Angkor luego de su conquista.</p>
<p>No obstante, Fletcher –quien vive con la obsesión de “averiguar qué ocasiona que los asentamientos prosperen y luego mueran”– no disimula su escepticismo. Según él, algunos de los primeros académicos vieron Angkor a través de los lentes de los sitios y las conquistas de la historia europea. “No dudo que el monarca de Ayutthaya tomara Angkor, y es muy posible que regresara a su reino con algunos de los símbolos formales de la realeza”, comenta. Pero tras la captura de Angkor, el conquistador instaló a su hijo en el trono. “De modo que difícilmente hizo pedazos el lugar antes de entregarlo a su vástago”.</p>
<p>Aunque las intrigas cortesanas tal vez no perturbaran la vida diaria de la mayoría de los súbditos de Angkor, la religión era un elemento central. Angkor era lo que los antropólogos llaman una ciudad real-ritual. Sus monarcas se proclamaban emperadores del mundo según la tradición hindú, y erigían templos a su gloria. Sin embargo, conforme el budismo theravada eclipsaba gradualmente al hinduismo, entre los siglos xiii y xiv, su doctrina de igualdad social debió representar una amenaza para la elite de Angkor.</p>
<p>Es factible que aquel cambio religioso debilitara la autoridad monárquica. La moneda de facto era el arroz, alimento básico de los obreros reclutados para construir los templos y de los miles más que trabajaban en ellos: una inscripción en el complejo Ta Prohm informa que 12 640 personas operaban el templo. Asimismo, revela que más de 66 000 agricultores producían casi 2 500 toneladas anuales de arroz para alimentar a la multitud de sacerdotes, bailarinas y demás empleados. Si añadimos otros tres grandes templos (Preah Khan y los colosales conjuntos de Angkor Wat y Bayon) a esta ecuación, el cálculo de mano de obra agrícola asciende a 300 000 individuos. Lo cual es, casi la mitad de la población calculada para Gran Angkor. Una nueva religión igualitaria, como el budismo theravada, bien pudo haber propiciado una rebelión.</p>
<p>También existe la posibilidad de que la corte real simplemente volviera la espalda a la ciudad. Cada nuevo monarca de Angkor levantaba flamantes complejos religiosos y abandonaba los anteriores, de manera que ese impulso de “empezar de nuevo” pudo ser mortal para la ciudad cuando el comercio marítimo entre el sureste de Asia y China comenzó a florecer. Tal vez fuera simple oportunismo económico lo que, en el siglo XVI, ocasionó que el centro del poder khmer emigrase a un asentamiento más próximo al río Mekong, cerca de la actual capital camboyana de Phnom Penh, para facilitar el acceso al Mar de la China Meridional.</p>
<p>Aun cuando las convulsiones económicas y religiosas hubieran acelerado la caída de Angkor, sus gobernantes pasaron por alto a otro peligroso enemigo. Angkor se convirtió en una potencia medieval gracias a un sofisticado sistema de canales y embalses que permitía almacenar el agua escasa de las épocas de sequía y desaguar el exceso de la temporada de lluvias. Es posible que alguna fuerza ajena al control de Angkor terminara con el delicado equilibrio de esta maquinaria.</p>
<p><strong>Uno de los lugares más sagrados de Angkor se encuentra en las alturas de los montes Kulen, en las vertientes de los ríos Puok y Siem Riep.</strong></p>
<p>Angkor y sus gobernantes prosperaron gracias a las aguas que represaban durante los monzones. Desde los tiempos de Jayavarman II, quien fundó el reino a principios del siglo IX, el crecimiento del Imperio Khmer dependió de sus inmensas cosechas de arroz. De hecho, en todo el sur de Asia sólo las antiguas ciudades cingalesas de Anuradhapura y Polonnaruwa, con sus famosos embalses, podían competir con la capacidad de Angkor para asegurar un suministro continuo de agua.</p>
<p>Semejante confiablidad exigió colosales proezas de ingeniería que incluyeron el tercer embalse más grande de Angkor, llamado Baray Occidental. Con 8 kilómetros de largo, 2.4 de ancho y 1 000 años de antigüedad, la construcción de la represa o baray debió requerir unos 200 000 obreros khmer para apilar casi 12 millones de metros cúbicos de tierra en diques de 90 metros de ancho y tres pisos de altura, creando un reservorio que, aun hoy, nutre las aguas desviadas del río Siem Riep.</p>
<p>Bernard-Philippe Groslier, arqueólogo de la Escuela Francesa de Estudios Orientales (EFEO), fue el primer académico que reconoció la magnitud de las obras hidráulicas de Angkor. En un ensayo publicado en 1979, caracterizó Angkor como una “ciudad hidráulica” cuyos grandes baray cumplían dos propósitos: simbolizar el mar primigenio de la cosmogonía hindú e irrigar los arrozales. Por desgracia, Groslier no pudo seguir investigando estos conceptos, pues ese mismo año, al estallar la guerra civil de Camboya, el brutal gobierno del Khmer Rouge y la expulsión del régimen por parte de las fuerzas vietnamitas convirtieron Angkor en una zona prohibida durante dos décadas. Y luego, tras la retirada del ejército vietnamita, los saqueadores se cebaron en Angkor robando estatuas e incluso cincelando los bajorrelieves.</p>
<p>Más tarde, en 1992, cuando el arquitecto y arqueólogo Christophe Pottier reabrió la estación de investigaciones de la EFEO, su prioridad fue ayudar a Camboya a restaurar los derruidos y saqueados templos. No obstante, a Pottier le atraía la selva más allá de los muros y durante varios meses recorrió la mitad sur de Gran Angkor a pie y en motocicleta, para hacer mapas de los montículos de viviendas y altares, antaño ocultos, situados cerca de estanques artificiales denominados depósitos de agua (la persistente anarquía impidió que Pottier inspeccionara la mitad norte). En 2000, Fletcher y su colega Damian Evans vieron en imágenes de radar de Angkor captadas por la NASA una gran revelación: el equipo de la Universidad de Sidney, en colaboración con EFEO y APSARA, dependencia camboyana que administra Angkor, encontraron vestigios de más asentamientos, canales y depósitos de agua, sobre todo en áreas inaccesibles de la antigua capital khmer. Los vuelos de Donald Cooley en ultraligeros han permitido que Fletcher y Pottier, actual codirector del Proyecto del Gran Angkor, analicen con detalle esos vestigios. Sin embargo, su mayor logro ha sido el descubrimiento de las radas y desembocaduras de los baray, con lo que han puesto fin al debate precipitado por el trabajo de Groslier en cuanto a si el uso de los gigantescos embalses tenía fines exclusivamente rituales o sólo para irrigación. La respuesta es que cumplían esa doble función.</p>
<p>Los investigadores quedaron pasmados frente a la ambición de los ingenieros de Angkor. “Nos dimos cuenta de que todo el paisaje del Gran Angkor es artificial”, revela Fletcher. A lo largo de varios siglos, equipos de obreros construyeron centenares de kilómetros de canales y diques que aprovechaban sutiles diferencias en la inclinación natural del terreno para desviar el agua de los ríos Puok, Roluos y Siem Riep hacia los baray. En verano, al desbordarse los canales se eliminaba el exceso de agua de los meses del monzón, y al menguar las lluvias, en octubre o noviembre, los canales de irrigación distribuían el agua almacenada. Es posible que los baray también devolvieran humedad a la tierra, permitiendo que el agua se filtrara al subsuelo para que la evaporación superficial de los campos circundantes captara el agua subterránea y nutriera los cultivos. “Era un sistema increíblemente ingenioso”, apunta Fletcher.</p>
<p>Aquel ingenioso sistema hidráulico marcó la diferencia entre mediocridad y grandeza. Gran parte del arroz consumido en el reino se cultivaba en terraplenes que, de lo contrario, habrían dependido de las lluvias monzónicas o la fluctuación estacional de las aguas en las llanuras aluviales del Tonlé Sap, de suerte que la irrigación contribuyó a mejorar las cosechas. Fletcher agrega que el sistema también debió proporcionar las raciones de supervivencia imprescindibles en una mala temporada de monzones, en tanto que la capacidad para desviar y captar agua ofrecía protección contra las inundaciones. Así, mientras otros reinos asiáticos luchaban por resolver sus problemas de abundancia o escasez de agua, prosigue, las obras hidráulicas dieron a Angkor “un valor estratégico inestimable”.</p>
<p>Así, Fletcher quedó desconcertado cuando, al excavar una de las obras de ingeniería más extraordinarias de Angkor (una extensa estructura de obras hidráulicas), halló que había sido destruida, aparentemente, por los propios ingenieros de la capital khmer.</p>
<p><strong>Los bloques de piedra, que encajan a la perfección, fueron tallados en laterita, tierra esponjosa y rica en hierro que se endurece al contacto con el aire.</strong> Hace algunos años, cuando Fletcher y Pottier descubrieron la primera sección de la estructura, pensaron que se trataba de los restos de la pequeña compuerta de una esclusa.</p>
<p>“Se ha convertido en un monstruo”, afirma. Los bloques son vestigios de un rebosadero que cruzaba una empinada presa, la cual debió tener la longitud de un campo de futbol. Hacia fines del siglo IX, durante el apogeo de Angkor, los ingenieros excavaron un largo canal en el río Siem Riep para modificar su cauce y dirigirlo al sur, hacia el entonces flamante Baray Oriental, embalse casi tan grande como el posterior Baray Occidental. La presa, situada sobre el río, conducía el agua hacia el canal, pero parte de la colosal estructura pudo haber servido como rebosadero para la creciente durante la estación de monzones, cuando el agua rebasaba la baja estructura y fluía por el cauce fluvial original.</p>
<p>Las ruinas del rebosadero son una pista vital que apunta a una épica empresa, la cual requirió generaciones de ingenieros khmer para mantener y desarrollar un sistema hidráulico cada vez más complejo e ingobernable. “Quizá pasaron gran parte de sus vidas realizando composturas”, sugiere Fletcher. Algunos bloques de la presa yacen en desorden y faltan enormes segmentos de mampostería. “La explicación más lógica es que la presa falló”, concluye Fletcher. Es posible que el río erosionara y debilitara gradualmente la represa; tal vez la estructura fue arrastrada por una inundación de violencia inusitada, como las que ocurren cada siglo o incluso cada 500 años, obligando a los khmer a desmantelar gran parte de la construcción restante y a reservar los bloques para otros fines.</p>
<p>Otro indicio de que hubo problemas en el sistema hidráulico lo podemos encontrar en un estanque de Mebon Occidental, un templo insular en el corazón del Baray Occidental. Granos de polen preservados en el cieno sugieren que, hasta principios del siglo XII, hubo lotos y otras plantas acuáticas en aquel baray, pero sedimentos posteriores revelan nuevos tipos de polen provenientes de especies como helechos, las cuales prefieren los pantanos o la tierra fir- me. Dicho de otro modo, justo en el apogeo de Angkor, uno de los embalses se secó durante algún tiempo. “Algo salió mal mucho antes de lo que esperábamos”, comenta Daniel Penny, experto en polen y codirector del Proyecto del Gran Angkor.</p>
<p>Cualquier deterioro de las obras hidráulicas habría ocasionado que Angkor fuera vulnerable a un fenómeno natural que ningún ingeniero de la época hubiera podido anticipar. A partir del siglo xiv, Europa tuvo algunas épocas de clima imprevisible caracterizadas por inviernos crudos y veranos fríos. Fue hasta hace poco que se obtuvo información sobre las condiciones imperantes en otras regiones del planeta durante ese periodo, llamado Pequeña Edad de Hielo, y ahora es obvio que el trastorno climático afectó también el sureste de Asia.</p>
<p>En los alrededores de Angkor, la estación de monzones de verano se prolonga de mayo a octubre y aporta casi 90 % de la precipitación anual en la región. La fiabilidad de los monzones es crítica para toda forma de vida, incluidos los seres humanos. Para desentrañar los patrones de los monzones de hace siglos, Brendan Buckley, del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty, en Palisades, Nueva York, se internó en las selvas del sureste asiático en busca de árboles con anillos de crecimiento anual. Buckley y su equipo sabían que no sería tarea fácil: la mayoría de las especies de la región carece de anillos de crecimiento distinguibles o desarrollan anillos que no crecen anualmente. Las incursiones rindieron fruto en sotos de especies longevas, como teca y una rara especie de ciprés llamada po mu, de la cual hallaron algunos ejemplares de 900 años que habían sobrevivido al apogeo y la decadencia de Angkor.</p>
<p>Los árboles po mu contaron una historia impresionante. Grupos de estrechos anillos de crecimiento revelaron que los árboles habían resistido megasequías consecutivas desde 1362 hasta 1392 y, posteriormente, desde 1415 hasta 1440. Al parecer, los monzones de esos periodos se retrasaron, fueron insuficientes o incluso no llegaron, mientras que en años posteriores la región fue asolada por violentos monzones.</p>
<p>Los extremos climáticos debieron asestar el golpe de gracia a un reino de por sí debilitado. Décadas antes, a juzgar por el abandonado Baray Occidental, las obras hidráulicas de Angkor habían comenzado a fallar. “No sabemos por qué el sistema hidráulico operaba por debajo de su capacidad; es un enigma –reconoce Penny–. Lo importante es que, para entonces, Angkor no tenía reservas y estaba más expuesta a la amenaza de una sequía que en ningún otro momento de su historia”. Temporadas sucesivas de sequía prolongada e intensa, interrumpidas por precipitaciones torrenciales, “habrían arruinado el sistema hidráulico”, sentencia Fletcher.</p>
<p>En todo caso, agrega Penny, “esto no quiere decir que el lugar se convirtiera en un desierto”. Los habitantes de la llanura aluvial del Tonlé Sap, al sur de los templos principales, habrían estado protegidos de los efectos más graves. El Tonlé Sap se nutre del río Mekong, cuyos tributarios se encuentran en los glaciares tibetanos inmunes al impacto de un monzón alterado. Sin embargo, ni toda la destreza de los ingenieros khmer habría servido para aliviar la sequía del norte, pues carecían de medios para desplazar las aguas del Tonlé Sap hacia la región. La gravedad era su única bomba.</p>
<p>Si los pobladores del norte pasaban hambre mientras otras partes de la ciudad hacían acopio de arroz, estarían dadas las condiciones para una rebelión. “Siempre hay graves problemas cuando las poblaciones de países tropicales superan la capacidad de carga del suelo”, informa el antropólogo Michael Coe, de la Universidad de Yale. “Ello conduce, inevitablemente, al colapso cultural”. Un ejército mal alimentado y amenazado por revoluciones intestinas habría dejado la ciudad vulnerable a cualquier ataque. Y, de hecho, la invasión de Ayutthaya con la consiguiente deposición del monarca khmer ocurrió casi al final de la segunda gran sequía que asoló Angkor.</p>
<p>Sumados al caos climático, los transformadores vientos políticos y religiosos que comenzaban a barrer el reino contribuyeron a sellar el destino final de Angkor, sentencia Fletcher. “El mundo estaba cambiando y la sociedad seguía su marcha. Habría sido increíble que Angkor perdurara”.</p>
<p>El Imperio Khmer no fue la primera civilización victimada por una catástrofe climática. Siglos antes, cuando Angkor comenzaba a despuntar, en el otro lado del mundo ocurría una pérdida de equilibrio ambiental muy parecida que devastó las ciudades-Estado mayas de México y América Central. En la actualidad, muchos académicos opinan que los mayas sucumbieron a la sobrepoblación y la degradación ambiental luego de tres terribles sequías ocurridas en el siglo IX. “En esencia, lo mismo sucedió en Angkor”, apunta Coe, quien, en la década de los cincuenta, fue el primero en identificar las semejanzas entre las civilizaciones maya y khmer.</p>
<p>Sería aconsejable que las sociedades modernas se preparasen para hacer frente a cambios climáticos parecidos. Según Buckley, la causa más probable de las intensas sequías de Angkor fue el intenso y persistente calentamiento de las aguas tropicales del Pacífico central y oriental, que da origen al fenómeno conocido como El Niño. La comunidad científica debate si el cambio climático provocado por la actividad humana podría acentuar la incidencia de El Niño, mas los anillos arbóreos vietnamitas sugieren que incluso una oscilación natural en el Pacífico puede precipitar una catástrofe.</p>
<p>El deceso de Angkor es una aleccionadora moraleja sobre las limitaciones del ingenio humano. Los khmer transformaron su entorno mediante una inversión monumental, cuyo abandono debió ser en extremo doloroso para los gobernantes. “El sistema hidráulico de Angkor era una maquinaria asombrosa, un mecanismo maravilloso que regulaba su mundo”, concluye Fletcher. Y aunque sus ingenieros lograron que el insigne logro de aquella civilización funcionara durante seis siglos, fueron avasallados finalmente por una fuerza superior.  </p>
<p><small>_______<br />
<a href="http://ngenespanol.com/author/richard-stone/">Richard Stone</a> es editor de la revista Science en Asia. Robert Clark ha fotografiado más de una docena de reportajes de portada para National Geographic.</small></p>
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		<title>Polos opuestos [Geografía]</title>
		<link>http://ngenespanol.com/2009/06/26/polos-opuestos-geografia/</link>
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		<pubDate>Fri, 26 Jun 2009 11:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tom O Neill</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>

		<category><![CDATA[Secciones]]></category>

		<category><![CDATA[antípodas]]></category>

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		<description><![CDATA[Es un acertijo infantil: ¿en dónde saldrías si cavaras un agujero hasta el otro lado del mundo (por supuesto, asumiendo que uno pudiera sobrevivir a través de un túnel por las derretidas entrañas de la Tierra)? i]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-6587" title="Polos opuestos [Geografía]" src="http://ngenespanol.com/wp-content/uploads/2009/06/geografiaantipodas-ppal.jpg" alt="" width="456" height="480" /><br />
<small>Una vista de las antípodas de la Tierra revela relativamente pocas superposiciones de tierra (zonas en rojo oscuro). Sevilla es antípoda de Auckland.<br />
Mapa de Jerome N. Cookson</small></p>
<p>Es un acertijo infantil: ¿en dónde saldrías si cavaras un agujero hasta el otro lado del mundo (por supuesto, asumiendo que uno pudiera sobrevivir a través de un túnel por las derretidas entrañas de la Tierra)? En Estados Unidos a los niños se les hace creer que saldrían como marmotas en un campo de arroz en China. Falso. Un repaso del mapa de antípodas –lugares en el lado opuesto exacto del globo– muestra que un excavador de Estados Unidos terminaría en el Océano Índico. En cuanto a las fantasías de areneros en China, algunos tendrían la suerte de emerger en tierra firme en Chile.</p>
<p>La palabra “antípodas” en latín significa “aquellos que tienen los pies al revés”, en referencia a la antigua creencia europea de que la gente al sur del Ecuador tenía pies que crecían de sus cabezas. Eso los hubiera convertido en aletas pensantes: desde la mayoría de las ubicaciones en el hemisferio norte, el sitio opuesto es agua, ya que los océanos cubren el 70 % de la Tierra.</p>
<p>Jugar a las antípodas da lugar a parejas sorprendentes. Los habitantes de Bermudas seguirían disfrutando de brisas marinas en las cercanías de Perth, Australia, pero un choque climático les esperaría a los moradores del desierto de Timbuctú, quienes saldrían cerca de la tropical Fiji. Y como dice un jugador: “Imagínate la decepción de alguien que comenzara a cavar en Siberia y acabara en la Antártida”.</p>
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		<title>Garras de rana [Vida salvaje]</title>
		<link>http://ngenespanol.com/2009/06/24/garras-de-rana-vida-salvaje/</link>
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		<pubDate>Wed, 24 Jun 2009 11:00:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jennifer S. Holland</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Secciones]]></category>

		<category><![CDATA[Vida salvaje]]></category>

		<category><![CDATA[ranas africanas]]></category>

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		<description><![CDATA[Las ranas africanas han llevado a la realidad las páginas de los cómics. Así como el personaje de los Hombres X cuyos puños esconden navajas mortales, algunas especies de ranas ocultan diminutas garras en los dedos de sus patas, las cuales cortan la piel del propio animal para blandirse contra algún enemigo.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-6584" title="Garras de rana [Vida salvaje]" src="http://ngenespanol.com/wp-content/uploads/2009/06/vidasalvajeranas-ppal.jpg" alt="" width="320" height="480" /><br />
<small>La rana peluda es una de las especies con garras de hueso que rompen su propia piel, extraño rasgo anatómico.<br />
Foto de David C. Blackburn</small></p>
<p>Las ranas africanas han llevado a la realidad las páginas de los cómics. Así como el personaje de los Hombres X cuyos puños esconden navajas mortales, algunas especies de ranas ocultan diminutas garras en los dedos de sus patas, las cuales cortan la piel del propio animal para blandirse contra algún enemigo.</p>
<p>Estos anfibios han estado rasguñando a los seres humanos –y sin duda a otros depredadores– durante años, pero nadie había buscado la causa. Mientras se encontraba recolectando ranas en Camerún, el biólogo de Harvard David Blackburn quedó intrigado cuando una de ellas lo arañó. Examinando especímenes de museos, ha encontrado 11 especies cuya anatomía de las patas traseras les permite provocar heridas. Durante las contracciones musculares inducidas por el estrés, dice, las<br />
agudas puntas óseas “perforan su salida hacia la funcionalidad”.</p>
<p>Las defensas que dañan a quien las emplea son raras, y aún no se sabe cómo evolucionaron. Pero el daño que sufren es probablemente mínimo. “Sospecho que la piel sana muy bien –dice Blackburn–. Los anfibios tienen asombrosas capacidades regenerativas”.</p>
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		<title>Tierra rubicunda [En un lugar del mundo...]</title>
		<link>http://ngenespanol.com/2009/06/22/tierra-rubicunda-en-un-lugar-del-mundo/</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2009 11:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Chris Carroll</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[En un lugar del mundo...]]></category>

		<category><![CDATA[Secciones]]></category>

		<category><![CDATA[contaminación]]></category>

		<category><![CDATA[desierto de Arizona]]></category>

		<category><![CDATA[minería]]></category>

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		<description><![CDATA[
Al norte de México, en el desierto de Arizona, una laguna de tono carmesí es un recordatorio de la riqueza minera del pasado y la contaminación actual. De hasta cientos de metros de longitud, y con un camino de servicio que acaba en un promontorio, la laguna acumula el agua de lluvia que cae en los relaves de las minas (rocas trituradas por extracción de metales valiosos). ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-6581" title="Tierra rubicunda [En un lugar del mundo...]" src="http://ngenespanol.com/wp-content/uploads/2009/06/enunlugar-ppal.jpg" alt="" width="480" height="354" /><br />
<small>Agua descolorida se junta sobre los desechos de una vieja mina cerca de Bisbee, Arizona.<br />
Foto de Adriel Heisey</small></p>
<p>Al norte de México, en el desierto de Arizona, una laguna de tono carmesí es un recordatorio de la riqueza minera del pasado y la contaminación actual. De hasta cientos de metros de longitud, y con un camino de servicio que acaba en un promontorio, la laguna acumula el agua de lluvia que cae en los relaves de las minas (rocas trituradas por extracción de metales valiosos). La oxidación causa el efecto tecnicolor. La compañía Phelps Dodge extrajo cobre en Bisbee por décadas, hasta que las ganancias se agotaron a mediados de los setenta. Por orden estatal, debe mejorar la calidad del agua del subsuelo, contaminada por los altos niveles de sulfatos en las ahora inundadas minas. También espera restituir al paisaje su coloración normal a fines de 2010.</p>
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		<title>En el terreno [Detrás de las cámaras]</title>
		<link>http://ngenespanol.com/2009/06/18/en-el-terreno-detras-de-las-camaras/</link>
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		<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 11:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Staff</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Detrás de las cámaras]]></category>

		<category><![CDATA[El Castillo]]></category>

		<category><![CDATA[España]]></category>

		<category><![CDATA[lémur]]></category>

		<category><![CDATA[Madagascar]]></category>

		<category><![CDATA[neblina]]></category>

		<category><![CDATA[Perú]]></category>

		<category><![CDATA[Tazón del Lodo]]></category>

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		<description><![CDATA[Los programas de National Geographic Society apoyan la investigación científica, la exploración geográfica y la conservación ambiental alrededor del mundo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Los programas de National Geographic Society apoyan la investigación científica, la exploración geográfica y la conservación ambiental alrededor del mundo.</em></p>
<p><strong>MADAGASCAR</strong>El lémur es el animal más conocido en este país isleño. Pero el conservacionista Luke Dollar protege al fossa, un primo de la mangosta que come lémures. El temido depredador es crucial para el equilibro en los reducidos bosques.</p>
<p><strong>ESPAÑA</strong>El Castillo alberga arte rupestre prehistórico que se remonta a unos 28 000 años. Al analizar plantillas de las manos que adornan sus paredes, el arqueólogo Dean Snow descubrió que muchos de los artistas del periodo paleolítico de la cueva eran mujeres, lo que sugiere que su papel en la cultura prehistórica pudo haber sido mayor de lo que se creía.</p>
<p><strong>PERÚ </strong>En una aldea a las afueras de Lima, en la que no llueve, se está exprimiendo agua del aire, con la ayuda del biólogo Kai Tiedemann. El método: cosechar neblina. Al condensarse en redes, esta proporciona agua para casi 700 árboles frutales.</p>
<p><strong>EUA </strong>La falda cincuentera de una participante en un desfile en el Tazón del Lodo 2008, en North Conway, New Hampshire, llamó la atención del joven explorador de NGS Ross McDermott. Él documenta festivales poco convencionales para obtener atisbos de la vida en los pueblos pequeños.</p>
<p><strong>Este año en la historia de NGS: 1968</strong><br />
El biólogo Fred Urquhart obtiene financiamiento para estudiar mariposas monarcas. Él resolvió el misterio de su migración: cientos de millones de mariposas vuelan más de 3 200 km a la misma cadena montañosa de México cada año.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Territorios en disputa [Del editor]</title>
		<link>http://ngenespanol.com/2009/06/17/territorios-en-disputa-del-editor/</link>
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		<pubDate>Wed, 17 Jun 2009 13:53:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Omar Lopez Vergara</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Isla Georgia del Sur]]></category>

		<category><![CDATA[Malvinas]]></category>

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		<description><![CDATA[Últimamente he recibido muchas cartas respecto a nuestra sección “Imágenes de la Tierra” de la edición de mayo de 2009, en donde calificamos a las Islas Georgias del Sur como un “remoto territorio británico” . Agradezco la corrección para indicarnos que las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur forman parte integrante de la República Argentina. Geográficamente, sin embargo, se trata de un territorio en disputa, así considerado oficialmente por National Geographic Society.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Últimamente he recibido muchas cartas respecto a nuestra sección “Imágenes de la Tierra” de la edición de mayo de 2009, en donde calificamos a las Islas Georgias del Sur como un “remoto territorio británico” . Agradezco la corrección para indicarnos que las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur forman parte integrante de la República Argentina. Geográficamente, sin embargo, se trata de un territorio en disputa, así considerado oficialmente por National Geographic Society. Nuestra política para los mapas en zonas controversiales reconoce el país que controla un área, aunque hace notar cualquier reclamo territorial por parte de otro país. En el caso de las Islas Malvinas, por ejemplo, los mapas políticos de National Geographic las presentan en el mismo color que al Reino Unido, aunque en la mayoría de los casos se muestra el nombre argentino, “Islas Malvinas”, entre paréntesis. Como latinoamericano, espero que esta disputa política sea resuelta favorablemente. De cualquier manera, National Geographic en español publicará sus cartas a este respecto en nuestras próximas ediciones impresas, junto con la respuesta oficial de National Geographic Society.</p>
<p>Esperamos aquí sus comentarios.</p>
<p><small>_______<br />
Omar López Vergara es Editor para América Latina de National Geographic Magazine</small></p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>El cambio climático: entrevista con Mario Molina [Del editor]</title>
		<link>http://ngenespanol.com/2009/06/17/el-cambio-climatico-entrevista-con-mario-molina-del-editor/</link>
		<comments>http://ngenespanol.com/2009/06/17/el-cambio-climatico-entrevista-con-mario-molina-del-editor/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2009 13:35:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Omar Lopez Vergara</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[bióxido de carbono]]></category>

		<category><![CDATA[cambio climático]]></category>

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		<description><![CDATA[El pesimismo de muchos colegas proviene de hallazgos científicos más recientes, los cuales indican que el problema es más serio de lo que pensábamos, sobre todo porque no veremos reducciones en las concentraciones de bióxido de carbono en la atmósfera hasta dentro de unos mil años. Pero el bióxido de carbono es apenas la mitad del problema: hay otros gases y partículas, como hollín o metano, que afectan al clima de manera mucho más “eficiente” que el bióxido de carbono.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Extracto de la entrevista sobre cambio climático con el doctor Mario Molina, Premio Nobel de Química y presidente del Centro Mario Molina de Estudios Estratégicos de Energía y Medio Ambiente, que aparece en el Especial de Energía de National Geographic.<br />
</em></p>
<p><strong>Respecto al cambio climático, quizá los expertos se dividan en “apocalípticos” e “integrados”, los que piensan que es imposible detenerlo y los que creen que estamos a tiempo de cambiar de rumbo. ¿Cómo se definiría usted?<br />
</strong></p>
<p>Como un optimista realista. El pesimismo de muchos colegas proviene de hallazgos científicos más recientes, los cuales indican que el problema es más serio de lo que pensábamos, sobre todo porque no veremos reducciones en las concentraciones de bióxido de carbono en la atmósfera hasta dentro de unos mil años. Pero el bióxido de carbono es apenas la mitad del problema: hay otros gases y partículas, como hollín o metano, que afectan al clima de manera mucho más “eficiente” que el bióxido de carbono. El hollín consiste de partículas negras, que se depositan en la nieve y hacen que se funda más rápidamente, además de ser un grave problema de salud pública. Mil años es mucho tiempo, así que para tener una respuesta a corto plazo deberemos reducir las emisiones de estos otros compuestos y gases a los que no se les había puesto tanta atención y que constituyen la otra mitad del problema.</p>
<p><strong>¿Esto significa que las acciones contra el cambio climático han estado mal enfocadas, en otras palabras, que nos hemos equivocado de compuestos?</strong></p>
<p>No, y quiero decir esto con mucho énfasis: no es suficiente enfocar las acciones solamente en el bióxido de carbono. Ahora existe un consenso entre mis colegas respecto a la urgencia de controlar esos otros compuestos, que implica llevar a cabo una enorme una revolución cultural e industrial. El hollín proviene en parte de las emisiones de vehículos a diésel, que pueden reducirse en un corto plazo relativo; otra parte se origina por la quema de biomasa, más difícil de controlar porque involucra a muchos campesinos en todo el planeta, aunque no por ello debemos claudicar. Por otra parte, los hidrofluorocarbonos, utilizados en los sistemas de refrigeración, también tienen un efecto invernadero significativo. Estos compuestos, junto con el metano, se encuentran en cantidades menores pero son mucho más perjudiciales para el medio ambiente que el bióxido de carbono.</p>
<p><strong>La política de subsidios a los combustibles fósiles en México y otros países latinoamericanos parece desastrosa en cuanto a emisión de gases de efecto invernadero. ¿Está usted de acuerdo?<br />
</strong><br />
Es una situación delicada y políticamente difícil que debe cambiarse porque los subsidios estimulan el desperdicio de energía. En el caso de la gasolina, por ejemplo, los economistas han concluido que más de la mitad, quizá dos terceras partes de los más beneficiados por las políticas de subsidios son personas con recursos. Con la electricidad sucede lo mismo. Muchos de los subsidios están muy mal diseñados, porque tienen razones históricas o de grupos de poder. La clave es enfocarlos a las clases más necesitadas.</p>
<p><strong>A pesar de todo esto, México y otros países latinoamericanos, como Venezuela siguen invirtiendo gran cantidad de recursos en extracción de petróleo. ¿No tendríamos que desligarnos ya del petróleo?<br />
</strong><br />
No todavía, porque el petróleo debe verse como una solución temporal para la demanda mundial de energía, una solución de transición que sin embargo no puede usarse indefinidamente. El mayor obstáculo para el cambio sigue siendo el bajo precio de los combustibles fósiles, dado que en la ecuación de su costo no se incluye aún el daño al medio ambiente. El cambio climático es un problema urgente, enorme: usamos los recursos naturales del planeta mucho más rápidamente de lo que se pueden regenerar, y funcionamos con mucha menor eficiencia de la que podríamos. Es tan importante fomentar la innovación tecnológica como la eficiencia de nuestros recursos. La mancuerna innovación y eficiencia es una de las claves para la solución del cambio climático.</p>
<p><small><br />
_______<br />
El profesor Molina preside el Centro Mario Molina de Estudios Estratégicos de Energía y Medio Ambiente, ubicado en la Ciudad de México. Pionero de la química de la capa de ozono de la estratosfera, sus investigaciones condujeron al Protocolo de Montreal de las Naciones Unidas. Ha recibido numerosos galardones por sus trabajos, incluyendo más de 18 doctorados Honoris Causa, el Premio Tyler de Energía y Ecología en 1983, el Premio Sasakawa de las Naciones Unidas en 1999 y el Premio Nobel de Química en 1995.<br />
</small></p>
<p>Consulte la entrevista completa en el Especial de Energía de National Geographic.</p>
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