En un lugar del mundo, septiembre de 2007

Cada uno de los 16 atolones mayores que integran las Maldivas conforma un anillo de arrecifes alrededor de una laguna. Dentro del atolón Ari, los pequeños bancos brillan como joyas.
Si el hogar del ser humano de verdad estuviera bajo la luz de la luna y las estrellas, nos internaríamos en la oscuridad con gusto; el mundo de la noche nos sería tan visible como para el vasto número de especies nocturnas del planeta. Sin embargo, somos criaturas diurnas, con ojos adaptados a la vida bajo la luz del sol.
Los tarahumaras de México evitaron a los conquistadores españoles en el siglo XVI, pero, ¿serán capaces de sobrevivir los embates de la modernidad?
Las majestuosas selvas están desapareciendo entre humo y serrín, pero aún hay esperanza para la célebre biodiversidad de la isla, si se logra reducir la demanda de aceite de palma.
Es fácil subestimar al elefante marino del sur. No tiene el porte señorial del cachalote, ni la elegancia aerodinámica del tiburón blanco o el CI sobresaliente de la orca. ¿Y quién explicaría su nariz, una trompa ridícula que puede llegar a medir casi medio metro de longitud y que le ha ganado el nombre de elefante marino?

Cada uno de los 16 atolones mayores que integran las Maldivas conforma un anillo de arrecifes alrededor de una laguna. Dentro del atolón Ari, los pequeños bancos brillan como joyas.

Una gran rapidez ligada a 135 kilogramos de peso es algo común entre los jugadores de futbol americano: por ello, estar en el campo de juego puede ser peligroso. La tecnología intenta disminuir el daño producido por los golpes y el sobrecalentamiento.

En algunas partes de Australia, los canguros desarrollaron una forma de vida arborícola, adaptando sus patas para trepar y caminar, además de para saltar. Y algunos de ellos se mudaron a Nueva Guinea.

Los científicos intentan encontrar cuanto antes qué es lo que está matando al icónico álamo temblón, ya que la población de dicha especie se redujo drásticamente en 2005, sobre todo en el oeste de EUA.

Entre los primeros periodistas que entraron a la región de Waziristán, en Pakistán, un enclave talibán y de Al Qaeda, están Don Belt y Reza, quienes siempre evitaron llamar la atención.