Guerreros del hielo

Hace un frío indescriptible. Un frío tan espantoso, que incluso en el estado de embotamiento en el que se encuentran, los dos montañistas polacos lo reconocen como lo que es: el ángel de la muerte.
A menudo se dice que los crocodílidos actuales son sobrevivientes de la era de los dinosaurios. Eso es una verdad a medias. Los cocodrilos modernos han estado por aquí alrededor de unos 80 millones de años, pero estos son apenas una pequeña muestra de los parientes crocodílidos que alguna vez vagaron por el planeta al que, de hecho, alguna vez gobernaron.
En una isla famosa por su biodiversidad (90 % de las especies del lugar son endémicas), la zona protegida de 1 550 kilómetros cuadrados es otra isla en sí misma, especie de fortaleza biológica, de terreno escabroso, inexplorado en gran parte y casi impenetrable por las impresionantes formaciones de piedra caliza –el tsingy– que la atraviesan.
Envueltas en lino y sepultadas con respeto, las momias de animales ofrecen indicios fascinantes de la vida y la muerte en el antiguo Egipto.
Siria –respondiendo a los intentos de acercamiento por parte de la nueva administración estadounidense, deseosa de lograr el éxito en Medio Oriente– parece estar lista para retomar un papel crucial en los asuntos de la región.

Hace un frío indescriptible. Un frío tan espantoso, que incluso en el estado de embotamiento en el que se encuentran, los dos montañistas polacos lo reconocen como lo que es: el ángel de la muerte.

Junio es la temporada de lluvias en Ghana, pero aquí, en Accra, la capital, la lluvia matutina ha cesado. Conforme el sol calienta el aire húmedo, las columnas de humo negro empiezan a elevarse sobre el extenso mercado de Agbogbloshie.

Gritos resonantes y rápidos golpes en el pecho anuncian a un patriarca en el triángulo de Djéké del Congo. Kingo y su familia de gorilas de las tierras bajas occidentales han permitido que los investigadores observen su conducta en la intimidad.

El infierno está a punto de desatarse, pero Udi, un campesino sexagenario del poblado de Kinarejo en la isla indonesia de Java, se niega a moverse. Se niega aunque sólo cuatro y medio kilómetros separan Kinarejo del humeante pico del monte Merapi.

El encanto presenta diversas facetas, pero pocas comparadas con las pintadas hace 1 500 años dentro de una cueva en India. Para observarlas, los ojos primero deben adaptarse a la oscuridad.