Ciencia, agosto de 2007

Cuando el joven mago combata por última vez al malvado Voldemort en Harry Potter and the Deathly Hallows, empleará una varita hecha de acebo ordinario. Pero el acebo no es tan común, ni siquiera en el mundo no mágico.
Angkor fue escenario de uno de los actos de desaparición más notables de todos los tiempos. Luego de alcanzar alturas sublimes, la ciudad sagrada bien pudo haber precipitado su caída.
Por más de un milenio, las migraciones y las guerras han dispersado a los serbios a lo largo de las tierras de la antigua Yugoslavia. Los serbios de hoy se debaten entre el deseo –arraigado en su historia– de unir a su pueblo diseminado y el de unirse a Europa, aceptando una Serbia disminuida.
Varias veces al año, cuando la época y el flujo de mareas se combinan, las mantarrayas de todos los puntos del archipiélago se reúnen en la Bahía de Hanifaru para alimentarse en una espectacular danza acuática sobre la barrera coralina.
Cuando observamos el cielo con un telescopio, suelen suceder dos cosas. Primero, nos sorprende el paisaje y nos damos cuenta de que nosotros y nuestro mundo somos parte de este gigantesco sistema. Segundo, pronto queremos un telescopio más grande.

Cuando el joven mago combata por última vez al malvado Voldemort en Harry Potter and the Deathly Hallows, empleará una varita hecha de acebo ordinario. Pero el acebo no es tan común, ni siquiera en el mundo no mágico.

Mientras camina por las calles empedradas de Grasse (entre cafés, la catedral de Notre Dame du Puy y el palacio episcopal del siglo XII), el visitante jamás imaginaría que esta ciudad medieval provenzal tiene una relación directa con la multimillonaria industria del perfume.

A los esnobs se les puede perdonar que pasen por alto Bruselas, capital europea cuyo icónico monumento es una fuente del siglo XVII con la estatua de bronce de un niño orinando

San Francisco de Yare, Venezuela – Con atuendos de color sangre e infernales máscaras de papel maché que pondrían a temblar a una gárgola, cientos de fieles disfrazados de demonios bailaron por las calles de esta ciudad en uno de los rituales religiosos más apoteósicos del país

Fundada alrededor del año 60 a.C., los soldados romanos dieron a la ciudad el nombre de Florentia, el cual significa ‘‘que florezca’’. Y eso es justo lo que hizo después de unos 1,500 años, cuando se convirtió en cuna e inspiración de Dante, Miguel Ángel e infinidad de personajes muy, muy talentosos