Origami extremo [Gran idea]

Cualquier cosa puede hacerse con origami, desde aves e insectos hasta estents y telescopios espaciales. Todo es cuestión de matemáticas.
A menudo se dice que los crocodílidos actuales son sobrevivientes de la era de los dinosaurios. Eso es una verdad a medias. Los cocodrilos modernos han estado por aquí alrededor de unos 80 millones de años, pero estos son apenas una pequeña muestra de los parientes crocodílidos que alguna vez vagaron por el planeta al que, de hecho, alguna vez gobernaron.
En una isla famosa por su biodiversidad (90 % de las especies del lugar son endémicas), la zona protegida de 1 550 kilómetros cuadrados es otra isla en sí misma, especie de fortaleza biológica, de terreno escabroso, inexplorado en gran parte y casi impenetrable por las impresionantes formaciones de piedra caliza –el tsingy– que la atraviesan.
Envueltas en lino y sepultadas con respeto, las momias de animales ofrecen indicios fascinantes de la vida y la muerte en el antiguo Egipto.
Siria –respondiendo a los intentos de acercamiento por parte de la nueva administración estadounidense, deseosa de lograr el éxito en Medio Oriente– parece estar lista para retomar un papel crucial en los asuntos de la región.

Cualquier cosa puede hacerse con origami, desde aves e insectos hasta estents y telescopios espaciales. Todo es cuestión de matemáticas.

Un altísimo tocado y aretes de tubo adornan a una bailarina djanger de Bali en los años treinta, parte de una interpretación mixta que era “más una diversión popular que un baile del templo o con disciplina artística”, escribió Maynard Owen Williams en su artículo de National Geographic, de marzo de 1939, “Bali and Points East”.

Un kayakista cae 20 metros en aguas invernales en las cataratas Outlett, del estado de Washington. Su descenso, en enero pasado, fue uno de los cinco contabilizados en el afluente del río Klickitat, crecido por las inundaciones y cetrino por los residuos.

Recostado sobre el suave suelo de un bosque húmedo, mirando hacia arriba sin percatarme del tiempo, me encuentro en uno de los sitios más mágicos de la Tierra, Jedediah Smith Redwoods State Park, en el norte de California. Puedo oír el pánico en la voz de mi madre al buscarme –su niño de 10 años con el hábito de desaparecer en el bosque–. Debería gritar para tranquilizarla, pero todavía no. Quiero unos cuantos minutos más a solas con los árboles más altos que haya visto jamás.

¿Qué opinan los lectores de National Geographic sobre la crisis alimentaria mundial?