
Un caluroso día de verano, Margarita Díaz, geóloga de la Universidad Complutense de Madrid y Buena amiga mía, me llamó por teléfono a mi casa. “Han localizado en Segóbriga las minas de Plinio —me dijo— y quiero que vengas a estudiar los cristales”. Acepté al instante. Los dos sabíamos de lo que estábamos hablando: en el siglo I de nuestra era, Plinio el Viejo había escrito su inmensa Historia natural, una descripción ordenada en 37 tomos de toda la información sobre la naturaleza de la época, en gran parte recogida de oídas por este incansable naturalista que murió tomando notas durante la erupción del Vesubio en el año 79.

No existe pez más majestuoso surcando los mares que el atún rojo, también conocido como atún del Atlántico o aleta azul gigante. Llega a medir hasta 3.65 metros de largo, pesar hasta 680 kilogramos y vivir 30 años.

Bill Ballantine lía un nuevo cigarro y ríe con sarcasmo al recordar los titulares publicados en los periódicos el día que se abrió la primera reserva marina de Nueva Zelanda, en 1977: ‘‘Nada que hacer en la bahía de la Isla Goat’’.

Cuando la encontramos tenía ocho días de edad. Sus ojos aún eran de color gris lechoso y se tambaleaba un poco. Pero al salir de su madriguera hacia la luz del sol parecía intrigada y alerta. Su madre ya había perdido a cinco cachorros, caídos en las garras de los predadores. ¿Qué sucedería con este?

Es mi pesadilla: un día, mi hija llega a casa acompañada por un tipo con la boca llena de dientes de oro, un pañuelo amarrado en la cabeza, los brazos reventando de músculos y una actitud desafiante: un rapero.