Norteamérica: tierra de cañones

En las remotas regiones de la Meseta del Colorado, el tiempo casi se detiene. Año tras año, la erosión allana ligeramente las mesetas y hace más profundos los cañones.

En las remotas regiones de la Meseta del Colorado, el tiempo casi se detiene. Año tras año, la erosión allana ligeramente las mesetas y hace más profundos los cañones.

El elefante muerto, enorme, yacía sobre su costado; su pierna derecha torcida indicaba que había sufrido un gran dolor. El ojo que quedaba a la vista estaba cubierto con tierra, un artificio de los cazadores furtivos para ocultar de los buitres el cuerpo.

Es innegable que los tiburones tienen un problema de imagen: la mirada del asesino serial, la mueca obscena de dientes deformes, el delirio por los atracones sanguinarios.

Mientras yace recostada sobre su espalda, sedada pero alerta, Gloria Stevens observa fijamente una imagen de su propio corazón latiendo. Aunque, metafóricamente, el corazón es el centro de su yo emocional, de manera literal no es más que una bomba llena de sangre del tamaño de un puño, cuyas rítmicas contracciones la han mantenido viva durante 62 años y que, con unas cuantas reparaciones, servirá por un número indeterminado de años más.

En el sur de Nigeria, el petróleo lo corrompe todo. Se derrama de las tuberías y contamina la tierra y el agua. Mancha las manos de los políticos y militares que desvían las utilidades.