
Las lombrices de tierra son valiosas pero, sin duda, no son tan auténticas como sus primos, los gusanos marinos, cuya diversidad es asombrosa. Estas criaturas realizan un trabajo tan importante como el de sus consanguíneos, expertos excavadores subterráneos, pues filtran y alimentan el ecosistema, pero lo hacen con una elegancia fuera de este mundo.

Uno se da cuenta de que ha llegado al corazón del desierto chihuahuense cuando tiene la sensación de ser Alicia y estar en el País de las Maravillas: nada es lo que aparenta.

Mientras usted lee este artículo, una extensión de selva tropical brasileña, equivalente a unas 150 canchas de futbol, habrá sido destruida. La globalización de la economía y las leyes del mercado irrumpen con fuerza en la Amazonia, acelerando su desaparición y llevando al fracaso los esfuerzos de sus más comprometidos defensores.

¿Recuerda usted aquella época en que el animal más grande del mundo estaba en peligro de extinción? Eso fue durante las décadas de 1960 y 1970, cuando la caza comercial había disminuido a tal grado la población de las ballenas que todo apuntaba a que el mundo perdería a uno de sus más notables portentos.

Había una vez un jeque que soñaba en grande. Su reino, en las costas del golfo Pérsico, era una aldea en extremo calurosa y poco activa en el comercio, habitada por buscadores de perlas, pescadores y comerciantes que atracaban sus destartalados sambucos árabes y barcos pesqueros a lo largo de un riachuelo estrecho que, ondulante, atravesaba la ciudad.