
La iluminación de un espacio, ya sea doméstico o laboral, no es sólo una cuestión estética sino también ecológica. Durante las últimas décadas, los científicos han demostrado que los seres humanos somos la causa de un deterioro ambiental que puede frenarse si moderamos el consumo eléctrico.
No necesitamos poseer un bien material para compartir. Como dice el dicho popular: “Nadie es tan pobre que no pueda dar ni tan rico que no pueda recibir”. Lo más valioso que una persona tiene es su tiempo y su experiencia.

Desde que en Estados Unidos se anunció una posible recesión económica, palabras como “escasez” y “desabastecimiento” han adquirido mayor dimensión, sobre todo, si se comparan con la abstracción de una cifra o porcentaje arrojados en encuestas. Pero, la escasez de alimentos va más allá de un simple un número que se manipula en el mercado: el hambre no es una cifra, es una realidad.

La biomimética es la prueba más grande de que la imaginación humana no tiene límites, porque imaginar implica romper esquemas y aventurarse hacia lo desconocido, teniendo como única certeza la posibilidad de generar un cambio.

El calentamiento global se ha convertido en un tema casi obligatorio en las conversaciones de las personas. Ya sea en el trabajo o con los amigos, nunca falta el comentario sobre lo “impredecible” que es el clima a últimas fechas, como si se tratara de acontecimientos que no tienen relación alguna con nuestras acciones. Porque aunque llueva a cántaros o el calor nos derrita durante el día, nos negamos a admitir que esos “extraños” cambios son la consecuencia de muchos años en los que hemos preferido mirar televisión.