Al filo de la navaja [Editorial]

A Stephen Alvarez le sucedió lo mismo que a muchos fotógrafos. Luego de ver unas cuantas imágenes de un paisaje exótico, en este caso Madagascar, pensó: ¿qué tan difícil puede ser fotografiar este sitio?

A Stephen Alvarez le sucedió lo mismo que a muchos fotógrafos. Luego de ver unas cuantas imágenes de un paisaje exótico, en este caso Madagascar, pensó: ¿qué tan difícil puede ser fotografiar este sitio?

Recostado sobre el suave suelo de un bosque húmedo, mirando hacia arriba sin percatarme del tiempo, me encuentro en uno de los sitios más mágicos de la Tierra, Jedediah Smith Redwoods State Park, en el norte de California. Puedo oír el pánico en la voz de mi madre al buscarme –su niño de 10 años con el hábito de desaparecer en el bosque–. Debería gritar para tranquilizarla, pero todavía no. Quiero unos cuantos minutos más a solas con los árboles más altos que haya visto jamás.
Los artículos de National Geographic suelen cambiar la vida de multitud de personas, incluyéndome a mí. Hace algunos meses escribí un artículo sobre ahorro de energía que modificó mis malos hábitos de consumo, los de mis vecinos y, según aprecié por las cartas recibidas posteriormente, los de muchos lectores.
Por su abundancia de recursos naturales, América Latina ha estado históricamente en una posición difícil. Como aprendimos en la educación elemental, esta jauja regional de oro, plata, cobre, plantas, animales y petróleo nos ha costado unos buenos baños de sangre.

Parecería una locura que un fotógrafo arriesgue su vida en varias ocasiones en uno de los lugares más peligrosos de la Tierra, pero eso fue exactamente lo que hizo Pascal Maitre en cinco visitas a Somalia.