
Decidí recorrer América Latina y el Caribe cámara en mano durante más de dos años, tratando de responder visualmente una pregunta que me ha intrigado siempre: ¿cómo comprendernos si no nos conocemos? El resultado fue un ensayo fotográfico al que denominé Latidos de América, con una selección final de 120 fotografías.

De cabeza, amantes de las emociones van trepados en el Top Spin de la 176 Oktoberfest, en Munich. A pesar de amenazas terroristas, el festival de la cerveza de 16 días –la feria más grande del mundo– atrajo a 5.7 millones de personas el año pasado.

A 64 kilómetros al sureste de Lima, contra un retablo de olas, rocas y cielo, cuatro delfines de nariz de botella saltan en sincronía por la superficie. Alimentadas por la Corriente de Perú, rica en nutrientes, estas aguas rebosan de vida marina.

En Sulaymaniyah, unos 260 kilómetros al noreste de Bagdad, en una sala de conciertos devastada por la guerra, el saqueo y la negligencia, un niño violinista toca una nota de esperanza. Su maestro, Azad Maaruf, vive ahí, enseñando a muchos estudiantes.

David Littschwager fotografió más de 600 especímenes, sin contar las decenas de miles de crías con aspecto de camarón y otros tipos de plancton que pasaron a la deriva por el cubo en una noche oscura. Los investigadores de Biocode llevan a cabo la secuenciación del ADN en la colección de Liittschwager, parte de un esfuerzo mayor para establecer un identificador único en cada una de las especies.