
De cabeza, amantes de las emociones van trepados en el Top Spin de la 176 Oktoberfest, en Munich. A pesar de amenazas terroristas, el festival de la cerveza de 16 días –la feria más grande del mundo– atrajo a 5.7 millones de personas el año pasado.

A 64 kilómetros al sureste de Lima, contra un retablo de olas, rocas y cielo, cuatro delfines de nariz de botella saltan en sincronía por la superficie. Alimentadas por la Corriente de Perú, rica en nutrientes, estas aguas rebosan de vida marina.

En Sulaymaniyah, unos 260 kilómetros al noreste de Bagdad, en una sala de conciertos devastada por la guerra, el saqueo y la negligencia, un niño violinista toca una nota de esperanza. Su maestro, Azad Maaruf, vive ahí, enseñando a muchos estudiantes.

Como pastel de limón sobre pétalos, un loto florece en el estanque de un jardín en Maryland. El círculo verde limón de ocho centímetros de diámetro está punteado por 23 receptáculos de semillas y anillado por sacos de polen inmaduro.

En Dubái, electricidad natural y artificial ilumina la noche. Mientras las agujas dentadas de los rayos zurcen el cielo encapotado, el hotel Burj al Arab, de 321 metros de altura, resplandece en verde al borde del Golfo Pérsico.