
Cuando el biólogo Bill Bleisch se mudó a China en 1987, la conservación de la vida salvaje estaba lejos de ser una prioridad. Era la época turbulenta que siguió a la Revolución Cultural. Entonces China era sólo un explotador que rentaba pandas gigantes a los zoológicos y mataba otros animales para obtener sus pieles y partes de sus cuerpos.

Un parásito recién descubierto transforma de forma tan dramática a su huésped, una hormiga, que ella llega a semejar una jugosa baya roja y lista para recoger.

Las hormigas que portan parásitos nematodos actúan casi con normalidad, sin embargo, pareciera que pertenecen a otra especie.
El abdomen de la hormiga, o gaster, se vuelve rojo y la hormiga lo mantiene elvado, de tal forma que se asemeja a una baya madura.

Este es sólo uno de los muchos ejemplos del uso de herramientas que vemos en Fongoli, Senegal, pero la primera vez que tuve conciencia sobre este tipo de comportamiento fue cuando Paco Bertolani –director del proyecto y coautor del artículo– me contó un incidente que había observado. Al principio pensé que se trataba de una situación aislada, pero luego fui testigo de 13 escenas de cacería.
“Pude observar a los chimpancés mientras creaban más de 15 herramientas diferentes”.