
¿Sería posible “terraformar” Marte, es decir, transformar su superficie congelada y atmósfera delgada en algo más amigable, parecido a la Tierra? ¿Deberíamos hacerlo? La primera pregunta tiene una respuesta clara: sí, tal vez podríamos. Las naves espaciales, incluyendo las que exploran Marte ahora, han encontrado evidencia de que en su juventud era un planeta cálido, con ríos que desembocaban en mares extensos.

Realmente es sencillo: mientras se emita más bióxido de carbono de lo que la naturaleza puede absorber, la temperatura del planeta aumentará. Y ese carbono extra tarda mucho tiempo en ser drenado de la bañera.

Cualquier cosa puede hacerse con origami, desde aves e insectos hasta estents y telescopios espaciales. Todo es cuestión de matemáticas.

Las trayectorias de las bifurcaciones a través de la prehistoria –y las ramificaciones del árbol genealógico humano– se revelan en las mutaciones del ADN de 193 voluntarios muestreados en Astoria, Queens.