
El costado de la carretera I-370, en Maryland, se llena de basura rutinariamente. La que aparece en esta imagen es una muestra simbólica de lo que se encontró a lo largo de un trecho de 91 metros un día de julio, que incluyó también un envoltorio de papas fritas lleno de alas de pollo a medio comer, bolsas de plástico empapadas por la lluvia y pululantes de insectos, docenas de colillas, clavos, botellas rotas, incluso trozos de goma que se desprendieron de las franjas de la carretera.

Que no te engañen sus hermosos patrones y su nombre teatral, la catarina arlequín no tiene nada de gracioso. Este escarabajo asiático fue visto por primera vez en Inglaterra en 2004. Los expertos suponen que llegó volando o acarreada por el viento desde Europa continental, donde fue introducida en los noventa con el fin de controlar las plagas de los cultivos.

La culpa es del plástico. El vidrio marino –los trozos brillantes de botellas viejas pulidos por la arena y el agua salada– son cada vez más difíciles de encontrar. “Hemos llegado al final del escaparate del vidrio marino”, comenta Mary Beth Beuke, presidenta de North American Sea Glass Association. “Hoy hay menos empaques de vidrio y más reciclaje”.

Una plaga que produce un parche que agota el oxígeno en el Golfo de México se forma cada primavera y alcanza su clímax en el verano. Las “zonas mortales” se generan alrededor del mundo, desde la Bahía de Chesapeake hasta el Mar Báltico. ¿El culpable principal? Los residuos agrícolas.

En cada una de las seis mesas de un café en Shanghai, hay un frasco de porcelana con palillos chinos de plástico rojo. “A largo plazo, resultan más baratos que los desechables de madera y producen menos desperdicios”, dice el propietario.