
Cuando la arqueóloga Sonia Guillén comenzó a investigar por qué los aborígenes peruanos enterraban a sus perros con mantas y comida, fue guiada por su propio sabueso.
Guillén halló 83 perros sepultados con textiles y comida en cementerios de la cultura chiribaya, de 1000 años de antigüedad: 43 de ellos, exhumados cerca del puerto sureño de Ilo, habían sido momificados.

Hoy en día, es el reino de 50 de ellos, descendientes de un gato con polidactilia que fue obsequiado a Hemingway. Sin embargo, el Departamento de Agricultura de EUA afirma que, si el museo no consigue una licencia para exhibir animales, tendrá que mudarlos.

Las cuentas relatan la historia de la civilización. Las más antiguas dan testimonio del pensamiento abstracto. Durante la Edad de Bronce, las ciudades conocieron el comercio con abalorios de piedra, apreciados por la tecnología que los produjo y por sus materias primas.

El verano pasado, las orillas del Lago Nakuru, en Kenia, famoso por sus concentraciones masivas de flamencos enanos, se cubrieron de cientos de cadáveres rosa pálido.

El plano de una ciudad, de alrededor de 4 000 años de antigüedad y enterrada bajo la arena, se ha puesto al descubierto sin mover una sola piedra.