
Un mal día para algunas mariposas de la familia Riodinidae, hoy extintas, fue un día de suerte para los científicos; estos ejemplares hermosamente preservados podrían enriquecer la historia de los lepidópteros. Hace 20 millones de años, en lo que hoy es la República Dominicana, las mariposas desovaron en plantas adheridas a árboles resinosos y quedaron atrapadas cuando escurrió la savia, que a la larga, con la fosilización, devino ámbar.

En la ciencia ficción, los astronautas entran en hibernación para matar el tiempo durante un viaje interestelar. Hoy en día, gente común y corriente empieza a interesarse en este proceso. The Wall Street Journal informó recientemente que algunas personas adineradas están realizando preparativos fúnebres especiales: se nombran sus propios herederos universales, congelan sus cuerpos y esperan volver a la vida en algún momento del futuro para reclamar sus millones.

Hay quienes buscan árboles cada vez más altos para trepar
a ellos –y protegerlos–. Un equipo dirigido por el becario Roman
Dial, de la Universidad de Alaska Pacífico, subió a un Koompassia
excelsa que se yergue por encima de una plantación de palmas
de aceite, en el noreste de Borneo.

No se sabe qué los enterró tan rápidamente. Tal vez su guarida se colapsó o se inundó; quizá murieron asfixiados por nubes de ceniza volcánica. El caso es que hace 125 millones de años, un adulto y 34 jóvenes psittacosaurus perecieron de modo repentino tal y como estaban en ese momento.

Un hombre camina en la Luna y miles de jóvenes protestan contra la guerra de Vietnam. Yo me encuentro en el centro de Montana documentando la vida de los huteritas, un grupo religioso amante de la paz que vive en una colonia llamada Surprise Creek. Llevan una vida muy diferente a la mía y, probablemente, a la de la mayoría de las personas.