
Algunos pájaros que se ven muy distintos –un brillante colibrí y un grisáceo chotacabras– son parientes que se perdieron el rastro hace mucho. Algunos nunca considerados cercanos, como las aves canoras y los pericos, en realidad lo son. Y otros de comportamiento similar, como halcones y otras aves de rapiña, podrían no estar relacionados genéticamente.

En una pareja de hipocampos, el macho es el que pare. Expulsa diminutos peces semanas después de que la hembra depositó los huevos en la bolsa abdominal de él. Pese a que se trata de un acuerdo atípico, hay gran cantidad de ejemplos en los que los padres se encargan de las crías.

El terremoto de mayo, que sacudió la región central de China, mató a unas 70 000 personas. Y también sacudió las vidas de 63 pandas en cautiverio, albergados en la Reserva Natural de Wolong, enclavada en las montañas aproximadamente a 30
kilómetros del epicentro. Uno de los pandas de Wolong –una hembra de nueve años, y madre de cinco crías, llamada Mao Mao– falleció cuando un torrente de rocas y escombros aplastó su recinto de concreto.

El hipopótamo pigmeo es una criatura solitaria y escurridiza que se abre paso como un ariete de 200 kilogramos a través de la maleza de los bosques de Liberia y países circunvecinos. Al ir perdiendo sus territorios a causa de la tala y la agricultura, o verse afectados por las guerras civiles de los noventa, los conservacionistas sólo podían estimar cuántos de ellos quedaban –sin duda no más de 3 000–.

No se lo digan a las abejas, pero no sirven para volar. Al menos eso concluyó un matemático francés en 1934, según cuenta una historia. C’est faux, por supuesto: las abejas vuelan muy bien; los primeros investigadores simplemente no tenían modo de medir los complejos movimientos de las alas de estos insectos.