Plumas paternas [Vida Salvaje]

Escrito por: Jeremy Berlin el 14 de Abril de 2009
Etiquetas: , , , ,

Algunos pájaros que se ven muy distintos –un brillante colibrí y un grisáceo chotacabras– son parientes que se perdieron el rastro hace mucho. Algunos nunca considerados cercanos, como las aves canoras y los pericos, en realidad lo son. Y otros de comportamiento similar, como halcones y otras aves de rapiña, podrían no estar relacionados genéticamente.

Papá lo sabe mejor [Vida salvaje]

Escrito por: Helen Fields el 04 de Diciembre de 2008
Etiquetas: ,

En una pareja de hipocampos, el macho es el que pare. Expulsa diminutos peces semanas después de que la hembra depositó los huevos en la bolsa abdominal de él. Pese a que se trata de un acuerdo atípico, hay gran cantidad de ejemplos en los que los padres se encargan de las crías.

Temor por los pandas tras el temblor
 [Vida Salvaje]

Escrito por: Alan Mairson el 20 de Noviembre de 2008
Etiquetas: , , ,

El terremoto de mayo, que sacudió la región central de China, mató a unas 70 000 personas. Y también sacudió las vidas de 63 pandas en cautiverio, albergados en la Reserva Natural de Wolong, enclavada en las montañas aproximadamente a 30 
kilómetros del epicentro. Uno de los pandas de Wolong –una hembra de nueve años, y madre de cinco crías, llamada Mao Mao– falleció cuando un torrente de rocas y escombros aplastó su recinto de concreto.

Hipos ocultos [Vida salvaje]

Escrito por: Karen E. Lange el 19 de Septiembre de 2008

El hipopótamo pigmeo es una criatura solitaria y escurridiza que se abre paso como un ariete de 200 kilogramos a través de la maleza de los bosques de Liberia y países circunvecinos. Al ir perdiendo sus territorios a causa de la tala y la agricultura, o verse afectados por las guerras civiles de los noventa, los conservacionistas sólo podían estimar cuántos de ellos quedaban –sin duda no más de 3 000–.

Cómo aletean las abejas [Vida salvaje]

Escrito por: Jennifer S. Holland el 14 de Agosto de 2008

No se lo digan a las abejas, pero no sirven para volar. Al menos eso concluyó un matemático francés en 1934, según cuenta una historia. C’est faux, por supuesto: las abejas vuelan muy bien; los primeros investigadores simplemente no tenían modo de medir los complejos movimientos de las alas de estos insectos.