
No se lo digan a las abejas, pero no sirven para volar. Al menos eso concluyó un matemático francés en 1934, según cuenta una historia. C’est faux, por supuesto: las abejas vuelan muy bien; los primeros investigadores simplemente no tenían modo de medir los complejos movimientos de las alas de estos insectos.

Si en alguna sabana de África oriental una jirafa Masai macho, con manchas dentadas, se aproximara a una jirafa reticulada hembra, de parches redondos, ¿se aparearían?

Los gorriones domésticos –originarios de Europa, Asia y África del Norte– están ligados a los seres humanos. Se alimentan de nuestras migajas urbanas, anidan bajo nuestros tejados y nos han seguido por todo el globo. Pero ahora sus cifras disminuyen, quizá por culpa nuestra.