
En las soleadas mañanas de Playón Chico, Panamá, el cementerio es el lugar más animado del pueblo. Los habitantes de Playón Chico, los indios kuna, todavía piensan, según sus antiguas creencias, que cada persona tiene un espíritu bueno y uno malo, y que después de morir, el espíritu bueno necesita ayuda para alcanzar el paraíso.

Grande es a pequeño como noche a día, como rico a pobre, como Nueva York a… Nueva York, claro está.

En una luminosa bahía, como fondo de un collar de arenosas islas de barrera, la ciudad resort de Sarasota sirvió de refugio a los acaudalados John y Mable Ringling (los dueños del famoso circo) durante los Locos Años Veinte.

Hace dos décadas, Adelaide, capital del estado de Australia del Sur, era considerada una ciudad aburrida comparada con sus vecinas costeras, Melbourne y Sydney. Incluso el mote, “Ciudad de iglesias” sugería un tradicionalismo innato.

Confieso que fue morbo lo que me llevó a buscar a uno de los grandes perdedores de la historia, pues incluso los franceses le consideran peculiar. ¿George-Louis Leclerc? ¿El Conde de Buffon?