Calentamiento global

Los científicos difieren sobre los grados de calentamiento global y los riesgos específicos que presenta, pero no importa de qué forma lo veas, está sucediendo, y la forma en que viajamos podría afectar.

Los científicos difieren sobre los grados de calentamiento global y los riesgos específicos que presenta, pero no importa de qué forma lo veas, está sucediendo, y la forma en que viajamos podría afectar.

‘‘Ven, me gustaría mostrarte algo’’, me dice Jan Morris, la eminente autora galesa. Estamos en Pen-y-Gwryd, un hotel con 200 años de antigüedad que se sostiene en las faldas del Monte Snowdon, el pico galés donde los alpinistas Edmund Hillary (el primero que logró alcanzar la cima de la montaña más alta del mundo) y John Hunt, entre otros, se entrenaron para la expedición al Monte Everest de 1953.

Los antiguos ibéricos quedaron tan hechizados por Sintra, que se convirtió en un centro de veneración. Lugar de perdurable misterio, palacios mágicos, bosques envueltos por la neblina, y una de las reposterías más adictivas del planeta, Sintra –sitio de Patrimonio Mundial– ha cautivado a más de un visitante, incluso a los escritores Lord Byron y Hans Christian Andersen.

Sin megáfonos y sin karaoke. Sin altavoces escondidos en los elevadores. Sin patinetas, ni motores. Mi coche no suena cuando lo cierro. No habrá ningún tipo de alarmas a menos de que toquen Vivaldi. Los restaurantes estarán provistos de agentes del orden; cinta adhesiva a la mano para cualquier persona que use su teléfono celular. Mientras aún conservo mi cordura, me dedicaré a encontrar el lugar más silencioso de la tierra.

‘‘Bienvenida, señora’’, me dijo un joven soldado con metralleta en mano cuando entré al área de equipaje del Aeropuerto Internacional de Bandaranaike, aproximadamente a 32 kilómetros afuera de la capital de Sri Lanka, Colombo. Su amable bienvenida adelantó lo que sería mi odisea de 1,174 kilómetros en dos semanas a través de Sri Lanka.