
Suele vislumbrarse por primera vez, avanzando a toda velocidad, desde la autopista A303 que casi atraviesa con descuido la entrada del monumento. Stonehenge aparece como un grupo de protuberancias insignificantes sobre una gran planicie, por lo demás anodina; sin embargo, incluso desde esta posición profana y ventajosa, la amplia silueta es tan inequívocamente prehistórica que, por un momento, el efecto que produce es un salto en el tiempo.

El futuro de China brilla. También su pasado. En ningún sitio es más evidente este vínculo que en las grandes ciudades, donde las excavadoras limpian terrenos para construir rascacielos y hallan sitios antiguos.

Los primeros habitantes de Hawai construyeron estructuras sagradas llamadas heiau en el Valle Kalalau, lugar habitado sin interrupción por más de 6 siglos. En Nu‘alolo Kai, un significativo sitio arqueológico, pueden encontrarse murallas de piedra, plataformas ceremoniales, restos de casas, refugios para canoas y muchas tumbas. Según los hawaianos, el significado de mana, o poder espiritual infundido por los dioses y los ancestros, es poderoso particularmente ahí.

El forastero llegó cuando la época de sequía comenzaba a endurecer los senderos en la jungla, lo que permitía el paso de los ejércitos. Flanqueado por sus guerreros, se adentró en la ciudad maya de Waka, pasando al lado de templos y mercados, y atravesando las plazas.

Las momias de los Montes Altai, al parecer, se están derritiendo. Hace casi tres mil años, algunos pastores nómadas excavaron sepulcros en los altos valles, en la frontera entre Rusia y Mongolia.