
Los gorriones domésticos –originarios de Europa, Asia y África del Norte– están ligados a los seres humanos. Se alimentan de nuestras migajas urbanas, anidan bajo nuestros tejados y nos han seguido por todo el globo. Pero ahora sus cifras disminuyen, quizá por culpa nuestra.

Capté esta imagen cuando estaba sacando fotos de unos barcos abandonados en la bahía de la ciudad. Mientras estaba en esta tarea, aparecieron por una escotilla sin vidrio dos aves que nunca antes había visto. Cabe mencionar que soy un amante de las aves y dirijo el Circulo Ornitológico del norte en mi país. Después de tomar la fotografía, la persona que manejaba la lancha comentó que estas aves eran del Perú y se encontraban anidando en los barcos.

Esta foto fue tomada durante la tarde en una laguna costera, un sitio donde varias especies de aves acuáticas se alimentan.

Él hace una reverencia. Inclina su cuerpo hasta abajo y se mantiene digno aun cuando su capa de plumas negras aterciopeladas se levanta y deja expuestos sus flancos.

El ave más grande conocida, cuyo peso era de casi 180 kilogramos, era muy veloz, pero no volaba, dicen los paleontólogos Luis Chiappe y Sara Bertelli, del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles.