
El día de la Epifanía, en un lago congelado de Sofía, los jóvenes muestran ardientes pretensiones. Según la creencia, el primero en alcanzar la cruz de madera arrojada por un sacerdote de la Iglesia Ortodoxa gozará de buena salud todo el año.

En el extremo más meridional de Sofía, donde nuevos edificios de apartamentos y oficinas están en perpetua construcción, la Ciudad Universitaria o Studentski Grad permanece arraigada en su esqueleto de la Guerra Fría. Zona académica de seis universidades construidas entre las décadas de 1960 y 1970, los bloques de viviendas cubiertos de graffiti están desmoronándose, herrumbrosas cercas rodean campos de maleza y autos de factura soviética se descomponen en las fracturadas aceras. Las flamantes y orgullosas banderas azul y oro de la Unión Europea poco hacen para cambiar la impresión de un páramo abandonado –hasta que se pone el sol

El arqueólogo Georgi Kitov trabaja contra reloj; se vale de excavadoras y motoniveladoras que descubren las tumbas de los antiguos reyes tracios para lograr en una semana lo que a un grupo convencional le llevaría meses realizar.