
Vancouver, Columbia Británica, es dos ciudades en una. Para quienes gustan del aire libre, esta ciudad del oeste canadiense es un paraíso natural con kilómetros de caminos escénicos para excursionistas y senderos ciclistas que se extienden por el Estrecho de Georgia, canal navegable bordeado de pinos que comunica Vancouver con el océano Pacífico.

A diferencia de los neoyorquinos, los residentes de Vancouver no crecen con la certeza de vivir en la mejor ciudad del mundo; eso es algo que descubren con el tiempo. No obstante, cada vez se pone más de manifiesto un orgullo de tipo neoyorquino entre quienes viven en la tercera ciudad más grande de Canadá, como fue evidente durante las celebraciones (con banderas y todo) por haber sido elegida sede de las Olimpiadas de Invierno de 2010.

Un tendero local pedalea por las calles empedradas del Puerto Viejo de la ciudad de Quebec; un radio de transistores asoma de su canasto mientras se escucha la famosa canción de Charles Trenet, “¿Qué queda de nuestros amores?”.