Majestuosa desolación

Uno se da cuenta de que ha llegado al corazón del desierto chihuahuense cuando tiene la sensación de ser Alicia y estar en el País de las Maravillas: nada es lo que aparenta.

Uno se da cuenta de que ha llegado al corazón del desierto chihuahuense cuando tiene la sensación de ser Alicia y estar en el País de las Maravillas: nada es lo que aparenta.

Sin duda, Great Smoky Mountains (grandes montañas humeantes) es el nombre perfecto para este lugar: evoca la niebla emanada del aliento de una bóveda arbolada, la bruma que se eleva de una cascada; quizás, incluso, el ácido sabor de un asado acompañado de un whisky destilado en casa.

Es una sofocante tarde de junio en la zona de los muelles de Hampton, Virginia, y una multitud se reúne en torno a una improvisada sala de operaciones. Ahí, un desventurado marinero cubierto con harapos del siglo XVIII está a punto de que le cercenen una pierna con una sierra.

Un hombre camina en la Luna y miles de jóvenes protestan contra la guerra de Vietnam. Yo me encuentro en el centro de Montana documentando la vida de los huteritas, un grupo religioso amante de la paz que vive en una colonia llamada Surprise Creek. Llevan una vida muy diferente a la mía y, probablemente, a la de la mayoría de las personas.