
La playa de Jalama es impresionante a la luz de la luna llena. Bañadas por la pálida luminosidad de nuestro satélite, las oscuras aguas del Pacífico llegan a una costa clara y arenosa. Al norte, el litoral se curva contra un fondo de imponentes montañas, enormes y sombríos bultos en la penumbra.

En la década de 1870, los mineros de los alrededores de Ouray, en Colorado, Estados Unidos, utilizaban picos para buscar oro y plata. Aún en la actualidad hay personas que utilizan los picos, pero no para desentrañar las vetas minerales, sino para ayudarse a escalar empinadas paredes de hielo. Cualquiera puede participar, incluso los novatos y, después de subir los acantilados, todos pueden relajarse en los humeantes manantiales de aguas termales, en Ouray.

El radar Doppler en Wisconsin, EUA, detectó este enjambre de efímeras en la ribera del Misisipi : tras pasar un año como ninfas en los sedimentos del río, se dejaron llevar por el viento hacia el norte.

En esta región, justo al norte de la Bahía de San Francisco, la tierra está cubierta de viñedos perfectamente alineados, salpicada de poblaciones con mercados ambulantes, y salpimentada de ‘‘villas’’ en alquiler que abarcan desde escondrijos para colados hasta mansiones de ejecutivos de software.

Es probable que John Rolfe haya sido el responsable de introducir la lombriz de tierra común y la roja –criaturas inexistentes en América antes de la llegada de Colón– en el hábitat del norte de América. Rolfe, colono de Jamestown, Virginia, la primera colonia inglesa exitosa en esa parte del continente, es, para quienes han leído u oído acerca de él, conocido como el esposo de Pocahontas.