
El árbol más alto del que se tiene conocimiento hubiera terminado como mobiliario si, en 1978, el entonces presidente Jimmy Carter no hubiera extendido los límites del Parque Nacional Redwood, en California. Esta secuoya roja vivió sin ser descubierta hasta el verano del 2006.

Desde su adolescencia, Stan Woosley ha estado enamorado de los elementos químicos y ha demostrado tener un aprecio particular por todo aquello que explota.

En las remotas regiones de la Meseta del Colorado, el tiempo casi se detiene. Año tras año, la erosión allana ligeramente las mesetas y hace más profundos los cañones.

Uno se da cuenta de que ha llegado al corazón del desierto chihuahuense cuando tiene la sensación de ser Alicia y estar en el País de las Maravillas: nada es lo que aparenta.

Sin duda, Great Smoky Mountains (grandes montañas humeantes) es el nombre perfecto para este lugar: evoca la niebla emanada del aliento de una bóveda arbolada, la bruma que se eleva de una cascada; quizás, incluso, el ácido sabor de un asado acompañado de un whisky destilado en casa.