En un lugar del mundo, noviembre de 2007

Una piel verde esmeralda y la forma de una cabra peluda son las claves que usted necesita: se trata de Irlanda, tal y como se ve desde un satélite.

Una piel verde esmeralda y la forma de una cabra peluda son las claves que usted necesita: se trata de Irlanda, tal y como se ve desde un satélite.

La pinta de cerveza en Dublín cuesta unos cuantos euros, pero la afamada chispa irlandesa es gratuita. Con un auge económico impulsado por bancos, compañías de alta tecnología y el turismo, esta pequeña ciudad gaélica ha dejado de ser una tierra de derruidos pubs y de carretones de patatas al horno. Hoy día abundan los restaurantes elegantes, hoteles de diseñador y suntuosos centros comerciales

“¡Jesús! Mira quién es. Adelante, adelante”. Denis O’Callaghan me tiende su áspera mano. “Bienvenido otra vez”.
El corpulento hombre que atiende la barra, de casi setenta años y pelo siempre revuelto, parece más el granjero que fuera hace veinte años que el propietario del hotel en que se convirtió cuando se hizo cargo del negocio familiar.

La mayoría de nosotros pensamos que los celtas se extinguieron hace muchísimos siglos. Sin embargo, es posible encontrar un celta en pleno siglo XXI, siempre y cuando uno tenga dinero para viajar a Europa y comprar un boleto de ferry.