
¿Qué otra ciudad, luego de verse anegada y abandonada a su suerte, frustrada por la burocracia y agobiada por el crimen, podría levantarse penosamente para recibir visitantes con un platón de ostras en su concha y una vigorizante banda de metales?

El huracán Katrina fue el desastre natural más costoso de la historia de Estados Unidos, y también una urgente advertencia. Justo tras la tragedia, muchos de los habitantes se mostraron entusiastas y resueltos a reconstruir la ciudad.

Fats Domino, el músico, sobrevivió al huracán Katrina, pero su hogar en el Noveno Distrito Bajo de Nueva Orleans no corrió con la misma suerte. El agua dañó su casa y sus pertenencias, entre las cuales se contaban tres pianos. Domino donó uno de ellos –un Steinway de cola con el cual solía componer– al Museo Estatal de Luisiana.

Sí, Nueva Orleans se recuperará. Los taxis, los autobuses y las limusinas partirán de los hoteles y los casinos, abriéndose paso entre el tráfico, para llevar a sus pasajeros al aeropuerto internacional Louis Armstrong hasta los hoteles y los casinos, dejando atrás los escombros de Katrina, porque tarde o temprano serán retirados de las calles, y las personas a bordo de los taxis y los autobuses, y especialmente de las limusinas, mirarán por la ventana y olvidarán que esos restos alguna vez estuvieron ahí.