
A 64 kilómetros al sureste de Lima, contra un retablo de olas, rocas y cielo, cuatro delfines de nariz de botella saltan en sincronía por la superficie. Alimentadas por la Corriente de Perú, rica en nutrientes, estas aguas rebosan de vida marina.

Los nascas de Perú dejaron una huella extensa: reconocemos su cultura por sus imponentes grabados sobre terrenos arenosos en las alturas de los Andes –el colibrí, el mono y otros geoglifos–, visibles enteramente sólo desde el aire. Pero los nascas, que florecieron entre 200 a. C. hasta cerca de 600 d. C., no dejaron claves deliberadas sobre las funciones de esas imágenes.

La concepción sobre el poder en la cultura mochica, desarrollada en la costa norte de Perú entre los años 150 y 850 d.C., cambió a partir del hallazgo de una tumba en el Valle de Jequetepeque, en el centro ceremonial de San José de Moro, sitio excavado desde 1991 por la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Los programas de National Geographic Society apoyan la investigación científica, la exploración geográfica y la conservación ambiental alrededor del mundo.

Foto de Oswaldo Coca Domínguez, Cali, Colombia.
Una llama observa pacientemente las ruinas en Machu Pichu, Perú.